Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Guillermo Pelayo, el barquillero avilesino, comparte su oficio con el alumnado de Corvera: "Empecé con solo 10 años, es mi vida, no me voy a retirar nunca"

El alcalde del concejo, Iván Fernández, destacó, durante el encuentro con escolares de Cancienes, la importancia de conservar las costumbres y saberes tradicionales, acercando a los niños la memoria colectiva

Illán García

Illán García

Cancienes

Guillermo Pelayo, el barquillero, lleva cinco décadas de oficio, siempre acompañado de su casaca blanca y su particular bombo rojo, donde guarda las delicias de los niños y no tan niños, los barquillos. Pelayo mantuvo este miércoles un encuentro con el alumnado del colegio de Cancienes en La Lechera, un acto enmarcado dentro del ciclo "Oficios de siempre pa siempre". El barquillero, que también es castañero en otoño e invierno, relató a los pequeños su trayectoria familiar, que comenzó allá a finales del siglo XIX, en 1890, cuando su bisabuelo Bartolomé Pelayo inició la tradición artesanal de fabricar y vender barquillos en ferias y en las calles.

El avilesino Guillermo Pelayo es el último representante de este oficio tradicional en vías de desaparición. Pelayo contó a los pequeños que su abuelo Amable Pelayo fue el encargado de consolidar y expandir el oficio e incluso vender barquillos hasta en París en los primeros compases del siglo XX. La tercera generación de barquilleros con raíz en Cantabria llegó a Avilés de la mano de Alfredo Pelayo. Su hermano Inocencio Pelayo fue una figura muy reconocida y reconocible en el parque San Francisco de Oviedo y Serafín Pelayo, más conocido como Missouri, fue el encargado de llevar los barquillos a Luanco. Guillermo Pelayo forma parte de la cuarta generación de barquilleros y el encargado de contar la historia de los barquillos en Avilés y en la playa de Salinas, donde acude cada día de sol durante los meses de verano. Los pequeños de Cancienes no solo aprendieron ayer sobre esta saga familiar y este dulce con sabor a miel, también pudieron degustarlos.

Guillermo Pelayo detalló en su visita a Cancienes que comenzó a trabajar con tan solo 10 años y transmitió a los escolares una de las enseñanzas que recibió de su padre: la importancia del trato cercano con el cliente. “Es mi vida, no me voy a retirar nunca”, afirmó emocionado ante los niños y niñas de Cancienes, dejando patente su compromiso con una tradición familiar de cuatro generaciones.

El alcalde de Corvera, Iván Fernández, acompañado del concejal de Cultura, José Luis Montes, participaron en el acto. “Habéis podido conocer de primera mano un trabajo artesanal prácticamente extinguido. Y es importante el conservar nuestras costumbres y saberes tradicionales", indicó el regidor corverano, dirigiéndose al alumnado. "Es fundamental mantener esas pequeñas porciones de cómo sabían las cosas antes, cómo vivían nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros bisabuelos, para no olvidar de dónde venimos. Por eso, esta iniciativa educativa busca mantener vivas nuestras tradiciones y acercaros a la memoria colectiva a través del testimonio directo de quienes, como Pelayo, han dedicado su vida a oficios de siempre”, concluyó Iván Fernández.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents