“Ensidesa traspasa lo meramente material: es una instrumentalización del Estado de una empresa que se despliega de manera impresionante en Avilés”, dice la nueva doctora Aida Villa
"El barrio de la Luz es una iniciativa privada que se planteó como una ciudad satélite: con rascacielos, con todos los servicios y demás”, defiende la estudiosa corverana

Aida Villa, en lo alto de la Grapa, con uno de los antiguos gasómetros tras ella. / Luisma Murias

Aida Villa (Corvera de Asturias, 1987), que es licenciada en Historia del Arte, defendió este viernes día 13 su tesis doctoral en la Universidad de Oviedo. Dirigida por Natalia Tielve, tituló su trabajo “Arquitectura del Movimiento Moderno y Patrimonio Industrial. Proyectos, pruebas y promociones de la Empresa Nacional Siderúrgica”. No tardando mucho tendrá forma de libro de lectura general.
-Ensidesa cambió la cara de esta comarca.
-Bueno, soy de Avilés, de la comarca de Avilés de toda la vida y Ensidesa siempre estuvo como muy presente en la imagen, en el recuerdo, y yo creo que en la historia de todos los avilesinos. La tesis es como una manera de comprender, de verbalizar, de llevar a lo escrito, pues eso que es como un sentir popular, que siempre estuvo ahí, pero que yo no sabía cómo llamarlo. Lo que hice fue Historia del arte, pasando unos cuantos años, otros problemas, no hubo becas y demás. Y”a un poco de mayor pude acceder a una beca “Severo Ochoa”.
-Usted es profesora de Primaria
-Estoy en Primaria, pero en realidad soy de Llingua Asturiana.
-Vale.
-Perdí el hilo… Bueno, la tesis fue una manera como de cerrar y comprender pues un poco la idiosincrasia de Avilés: Por qué Llaranes sigue estando tan bien valorado aunque sea un barrio obrero y, sin embargo, La Luz, pues tiene esa imagen como más peyorativa dentro de Avilés siendo todo de Ensidesa y todo es más o menos de la misma época. Entonces, yo en el estudio, además de los edificios fabriles, estudio todas las promociones empresariales, de viviendas a través de todos los mecanismos diferentes…
-O sea, estudia edificios de producción, pero también los lugares donde descansaba el personal de la fábrica.
-Eso: la huella urbana en Avilés, en Corvera. También aparece Gijón, también aparece Perlora y...
-Hasta ahora Ensidesa se había sometido a estudios parciales.
-Sí. Sí que había un análisis anterior -de Jorge Bogaerts-, pero que era un poco de la historia social.
-Y usted se centra entonces.
-En cómo esa huella material, en realidad tiene una incidencia patrimonial material, o sea, la propia arquitectura en sí, pero también inmaterial. Y ahí también entra juego el paternalismo industrial, lo que estudió Bogaerts.
-¿Y cuánto estuvo trabajando?
-Ocho años.
-Vaya.
-Entre medias estuve dos años de permiso de maternidad y demás, pero bueno, el grueso fue ocho años.
-El análisis qué es ¿desde el 1954 hasta el momento presente?
-No. Paro con la dictadura. O sea, lo que es el análisis material, con la dictadura. Lo que es la trascendencia patrimonial, la continúo hasta la actualidad analizando un poco también el proceso desindustrializador y el desmantelamiento.
-¿Qué opinión tiene del cierre y desmantelamiento de la Térmica y, ahora, de Baterías?
-A ver, yo en principio no estoy a favor del desmantelamiento porque, bueno, creo que la posibilidad de darle otros usos, ya sean culturales, industriales y demás, pues siempre es más beneficiosa, sobre todo para mantener la identidad de la propia ciudad porque Avilés sin Ensidesa no se puede entender. Si al final si nos estamos despojando de todos estos vestigioss, pues va a llegar un momento en el que el paisaje es diferente y va a llegar un momento en el que la lectura no se comprenda: por qué esta ría si luego, al final, hay una serie de edificaciones que no responden a este tipo de modificación territorial. Entonces yo creo que lo mejor es tratar de buscar un equilibrio entre la destrucción y la conservación.
-¿Qué hizo más daño, el desmantelamiento de la Térmica o la de Baterías?
-Patrimonialmente puede que la Térmica, aunque el impacto puede que sea peor el de Baterías porque desde la Térmica a ahora se podría haber aprendido algo. Entiendo que hay cosas que se hacen en un momento dado en que todavía no hay una perspectiva suficiente para conocerlo, pero años después también hay que plantearse no solamente el valor arquitectónico de la singularidad que podía tener la Térmica si no a ver qué estamos haciendo. ¿Vamos a seguir derribando absolutamente todo?
-Han mantenido uno de los gasómetros. Y había tres.
-Sí, un poco como el tótem.
-¿Había voluntad artística en los constructores de Ensidesa?
-Sí. Es que yo creo que eso es una de las cosas más interesante. Ensidesa traspasa lo meramente material: es una instrumentalización del Estado de una empresa que se despliega de manera impresionante en Avilés. Todos los edificios, el diseño de todas las entradas, de absolutamente todo lo que nos podemos imaginar, estaba cuidadosamente pensado para dar una imagen de marca, en este caso era la marca Ensidesa para hacerla atractiva: a los trabajadores, a los habitantes de Avilés no trabajadores, pero también al conjunto de los españoles en sí. El estudio confirma que evidentemente se escogió un modelo arquitectónico específico, el Movimiento Moderno, y se puso al servicio de la empresa, aunque con particularidades de toda clase.
-Los constructores de Ensidesa no eran todos arquitectos.
-Hubo arquitectos e ingenieros.
-¿Y qué lectura hace de esta circunstancia?
-Carlos Fernández Casado, por ejemplo, que fue ingeniero, se está sirviendo de los avances de la arquitectura que dieron origen al Movimiento Moderno: el hormigón, el uso de prefabricados, etc. Esto también lo hacen Goicoechea y Cárdenas, pero también otros ingenieros.
-¿No hay autor claro de Ensidesa?
-Podríamos decir que esos tres son los más... Se importaron también modelos de fábricas inglesas, de fábricas americanas, alemanas y demás. Porque el Movimiento Moderno es dentro de las vanguardias arquitectónicas, la primera, un poco, que trasciende las fronteras.
-¿Qué reflejo tiene en los barrios?
-Dentro de la obra social de la empresa, los barrios tenían distintos orígenes. Llaranes estaba hecha por directamente por la empresa. Entonces es como la niña bonita a la que todos querían ir porque, además, también urbanísticamente es la más cuidada y en la que se mantuvieron fieles al proyecto: esa idea un poco de ciudad jardín con todos los servicios y demás. ¿Qué pasa? Que no llegaba: Llaranes era completamente insuficiente para el volumen de empleados, por eso Ensidesa tuvo que desplegar otros mecanismos, en consonancia con el Estado, para poder abordar la construcción de viviendas. Otro gran proyecto es el barrio de la Luz. ¿Qué pasa? Que el barrio de la Luz es una iniciativa privada. La Luz se planteó como una ciudad satélite: con rascacielos, con todos los servicios y demás. Es un proyecto fallido y como es un proyecto fallido queda en la mente de la gente. Los colegios de Llaranes tienen una calidad arquitectónica impresionante y en La Luz hubo más tiempo sin centro de educación. Todo esto, ya digo, lo percibe la gente.
-¿Nada más la percepción marcaba la distancia entre los barrios?
-Yo creo que una de las grandes herramientas que tuvo la empresa para decir cuál era el mejor barrio fue la revista “Ensidesa”: La Luz aparece tímidamente, de vez en cuando, como cuando se están construyendo viviendas de cooperativa como en Nuestra Señora del Pozón, como en San José Artesano, pero el peso publicitario es el barrio de la empresa, que es Llaranes.
-Hablemos de Perlora.
-En noviembre, cuando estaba acabando de redactar la tesis, leí que hay un proyecto, que no está nada claro, pero que bueno. Vaguedades. Perlora es una joya, de eso no hay duda de que lo es porque hay tres ciudades sindicales en España: una es la de Marbella, que se conserva, la otra es la de Tarragona, que no. Y la última es la de Perlora.
-¿Versalles?
-Versalles la concibe la obra sindical del hogar. La Obra Sindical del Hogar tenía unos planos un poco estándares que con ligeras variaciones se construyen por toda España.
-¿La comarca es consciente de todo lo que la cambió la industria?
-No sé si tiene conciencia real de que la desaparición de Ensidesa haya sido un hecho traumático porque los primeros derribos coinciden con el período de desindustrialización: crisis económica, cierres de fábricas a gran escala, a nivel mundial, no solamente aquí. Entonces yo creo que la percepción de la empresa era como algo grueso, oscuro y contaminante. Por eso no fue traumática la caída de la Térmica: molestaba.
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