El gasómetro vuelve a dar forma al cielo de Avilés: así avanza Mónica Álvarez en la hoguera de San Juan de Corvera
Tras más de dos meses de trabajo ininterrumpido, la artesana apura los días antes del 23 de junio para pulir todos los detalles de una estructura de ocho metros de altura que rinde tributo a décadas de historia siderúrgica en la comarca
EN IMÁGENES: Así avanza la construcción de la enorme hoguera de San Juan de Corvera / Christian García
El verano en la comarca de Avilés se abre paso entre el aroma a pintura y los restos de polispán que cubren el suelo de los talleres artesanales. Desde hace dos meses, Mónica Álvarez trabaja a contrarreloj en el montaje de la estructura que arderá la noche del 23 de junio en Corvera. Este año, la hoguera central no es un diseño cualquiera: es una réplica del gasómetro de Avilés, un coloso siderúrgico cuya demolición en enero de 2024 dejó una profunda huella en la memoria obrera de la zona tras décadas dando forma al cielo de la villa. «Es una forma de homenajear el trabajo de la gente que trabajaba allí y un reconocimiento a la siderurgia y metalurgia», explica la artesana.
El ritmo en el taller estos días es frenético. Álvarez señala que las tareas se van ejecutando de manera escalonada, por plantas: «Yo ahora tengo el primer piso acabado y estoy con el último. El segundo será lo que haremos al final, y luego ya empezaremos a pintar». La fase actual se centra en la cubierta, la parte más laboriosa del monumento al ir decorada con tres colores distintos. El resto recibirá un sobrio baño gris. A la complejidad de la estructura se le suma otro problema: las altas temperaturas que se concentran en el espacio de trabajo. Las últimas semanas, con los termómetros superando los 35 grados en el exterior, se han convertido en "insufribles" en el interior de la nave, en la que sólo un portón ofrece una ligera brisa que, sin embargo, no es suficiente.
Aún así, esta obra se ha convertido en una de las más complejas -e importantes- de su trayectoria. Su altura y sus considerables dimensiones la erigen en una de las más voluminosas construidas por la artesana. Álvarez detalla que la estructura requiere una cantidad ingente de polispán, madera, tornillería, espuma y pintura. Sin embargo, el verdadero reto artesanal se esconde en los encajes de la propia geometría cilíndrica del gasómetro. "Lo más complicado está siendo lograr que case a la perfección", concretó Álvarez, preocupada porque en el momento definitivo todo encaje sin problemas.
La propuesta artística para este San Juan se duplica con una vertiente infantil. Se trata de "Gasometrín", una hoguera complementaria de escala más pequeña que, a diferencia de su hermana mayor, incorpora brazos y un rostro reconocible. Pese a la obvia diferencia de tamaño, la artesana insiste en que el proceso ha exigido exactamente el mismo cuidado por el detalle e idéntica complejidad técnica. "Decidí hacer esta primero para poder centrarnos en la grande", confesó Álvarez, recalcando así la gran inversión de tiempo destinada al gran gasómetro de ocho metros: más de dos meses hasta ahora y, por delante, aun diez días de trabajo para perfeccionar los detalles. Además, el taller vive este año una doble intensidad de trabajo. Mientras Álvarez se focaliza en el tributo industrial de Corvera bajo el título de "Acero y Fuego", su compañero Félix Sancho trabaja simultáneamente en la hoguera de Luanco: un hórreo tradicional de dos por dos metros levantado casi íntegramente en madera, salvo un techo resuelto con polispán.
Un 2025 de puro éxito
Las expectativas de los vecinos están muy altas tras el éxito de la pasada edición. Aquel año, Álvarez firmó dos hogueras de más de cinco metros dedicadas al mundo de la sidra y el escanciado, justo cuando este emblema asturiano saboreaba su declaración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La pieza central, un gran tonel, maravilló al público por la limpieza de su cremación. «Cayó dentro del tonel porque teníamos miedo de que el vaso o la botella se fuera para algún lado. Había mucha gente, pero ardió muy bien», rememora la artesana con alivio.
Para la cita de este año, la estructura del gasómetro promete un impacto visual todavía mayor debido a su envergadura. No obstante, su gran altura obliga a extremar las precauciones. Mónica Álvarez anticipa que, al igual que ocurrió con el tonel, la intención es que todo colpase hacia el interior. Para garantizar la seguridad del público, avanza que se instalarán unos tensores específicos de manera que, «en cuanto ceda, si cede a alguna parte, que caiga para adentro». El destino de esta imponente artesanía local será efímero, convirtiéndose en un visto y un no visto que, paradójicamente, busca fijar en la retina de la comarca el recuerdo de su fisonomía histórica más duradera.
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