Trasona mantiene viva la llama del esplendor siderúrgico: el embalse de Trasona se ilumina por San Juan con la quema del gasómetro
Cientos de personas arropan en el embalse la quema de “Aceru y Fuéu” y “Gasometrín”, dos espectaculares hogueras de ocho y dos metros de altura, obras de Mónica Álvarez y Félix Sancho que se inspiraron en los icónicos gasómetros de la comarca

Christian García
El embalse de Trasona desafió anoche a la oscuridad a base de chispas, tradición y mucha nostalgia. Cientos de personas se dieron cita en el área recreativa para cumplir con el rito de San Juan, en una velada vibrante donde el olor a madera quemada se fundió con el orgullo industrial de toda una comarca. Y es que el fuego de este año tuvo un marcado carácter identitario de la mano de “Acero y Fuéu” la gran hoguera principal de unos 8 metros de alto que envolvió cerca de 3 toneladas de madera. La enorme construcción, obra de Mónica Álvarez y Félix Sancho, era un homenaje directo a la historia siderúrgica de Avilés y a las generaciones que dedicaron su vida al sector. Su silueta evocaba los icónicos gasómetros de la zona, una estampa herida desde que a principios de 2024 se demoliese uno de ellos, quedando el "gemelo" indultado por el Ayuntamiento para uso cultural.
EN IMÁGENES: Noche de fuego y de memoria industrial en la hoguera de San Juan de Corvera / Christian García
La fiesta, sin embargo, se empezó a cocinar desde la tarde para el público familiar. El embalse se llenó de niños que disfrutaron de pintacaras, la actuación de la asociación cultural “La Caracola” y un dulce reparto de chocolate. A pesar de tanta actividad, el gran reclamo para los más pequeños fue “Gasometrín”, la hoguera melliza de la principal: una réplica a escala de unos 2 metros y 500 kilos de peso que se prendió a las nueve y media para que los más pequeños disfrutasen del fuego sin trasnochar. Antes del chispazo, la hoguera fue un hervidero de carreras de niñas y niños que se agolpaban para introducir en sus entrañas los papeles con sus deseos.
El horario familiar atrajo a visitantes de toda la región. Manuel Valdés y María Laplaza, llegados desde Oviedo junto a los pequeños Matías y Manuela, de dos y cinco años, se estrenaban en Trasona por este motivo. Para ellos, adelantar la quema fue "muy buena idea para que jueguen y descubran San Juan". En la misma línea se mostraban Zahida García y José Diego Díaz, que viajaron con su hijo de 4 años, Enol, desde Gijón: "Queríamos venir a ver la hoguera infantil por él. Que sea a las nueve es una buena idea para que puedan disfrutarla". Además, confesaron con sorpresa el trasfondo de la obra: "No teníamos ni idea de que la hoguera representaba un gasómetro. Nos ha parecido algo muy chulo para los niños pero también para reivindicar la historia industrial".
“Aceru y Fuéu" conmueve a medianoche
A medida que avanzaba la noche, el ambiente se trasladó a la estructura principal. Allí, depositando sus deseos minutos antes de la medianoche, se encontraban Jonathan Arenas, Sheila Calle y su hija Lola, de cinco años, junto a Valentina Muñoz y Adrián Nicolás Álvarez, todos ellos vecinos de Villalegre. "Haciendo una noche tan genial es imposible no venir a echar los deseos", apuntaron entusiasmados, mientras ponían en valor el diseño de este año: "La hoguera es una pasada, se lo han currado mucho. Es un gran homenaje a la historia siderúrgica de Asturias".
Para otros, como Irene García y Alex Mateos, vecinos de Las Vegas que acudieron con su hijo Mario, de 9 años, la cita de Trasona era un ritual obligado "de todos los años". Con los deseos ya echados al fuego -“y alguno de otros años ya cumplido", sonreía Mario- la temática les tocaba muy de cerca: "Nos gusta mucho la de este año. Además, su abuelo y su bisabuelo trabajaron en Ensidesa". Su hijo Mario, con el entusiasmo propio de la noche, lo tenía claro: "¡A mí me gusta la del Gasometrín!".
Poco antes de la medianoche, las Pandereteres Caparines pusieron música a las palabras del tenor Antón Camaño y la soprano Susana Gudín, quienes acompañaron una performance teatral que reivindicó la labor de las personas que durante décadas se adentraron en las entrañas de los gasómetros. Puntual, con el cambio de día, el embalse se comenzó a iluminar poco a poco hasta que una gran llamarada prendió la luz. Las llamas comenzaron a quemar los ocho metros de “Aceru y Fuéu”, dibujando un imponente reflejo sobre el agua del embalse y cumpliendo el objetivo: mantener viva la llama de la memoria obrera avilesina.
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