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Cien años de recuerdos grabados en azulejo: Cancienes rinde tributo a su histórico lavadero

Corvera inaugura un mural de azulejo reciclado de Juan Guerra para conmemorar el siglo de vida de la Fuente de la Miguelina en el Día Internacional del Mosaico

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Cancienes

Cien años de confidencias, baldes de agua y sábanas tendidas al sol han quedado inmortalizados hoy en Cancienes. Coincidiendo con el Día Internacional del Mosaico, el Ayuntamiento de Corvera inauguró este jueves un mural conmemorativo que rinde tributo al centenario de la Fuente y Lavadero de la Miguelina, una obra de azulejo reciclado firmada por el artista local Juan José Guerra que ha despertado la ilusión y la nostalgia de decenas de vecinos que, décadas atrás, compartían allí su día a día.

El acto inaugural se convirtió en un emotivo encuentro que congregó a numerosos residentes de la localidad. Entre el público destacaba la presencia de aquellas vecinas que años atrás hicieron uso activo del lavadero, aportando una alta carga de sensibilidad y recuerdos a la cita. El reconocimiento al trabajo del artesano local, -su taller, Torroto, se ubica justo en frente de la fuente- quedó patente durante la presentación de la obra, que fue recibida con una cerrada ovación a Guerra por parte de todos los asistentes, quienes quisieron mostrar su agradecimiento.

El día elegido para el estreno no fue casual, y es que coincidió con el aniversario del nacimiento de Antoni Gaudí, referente universal de esta disciplina artística. Aprovechando este marco simbólico, el Consistorio promovió este homenaje para poner en valor un elemento clave del patrimonio etnográfico local. Construida en 1926, la Fuente de la Miguelina cumple un siglo integrada en la memoria colectiva y el legado sentimental de varias generaciones.

El autor del mosaico dedicó más de dos meses de minucioso trabajo en el taller centrado en modelar la obra sobre mallas. La composición, estructurada en cuatro piezas de azulejo y con elementos reales incorporados como botones en las vestimentas, recrea de forma fidedigna la actividad del lavadero en las décadas de los 60 y 70, una época previa a la generalización de los electrodomésticos en las viviendas.

Guerra, profundamente vinculado a la zona, no ocultó su emoción durante el acto: "Es el lavadero donde nací, donde me crié y estoy muy ilusionado. Me ha hecho mucha ilusión que contasen conmigo". Respecto a la técnica, el artesano puso en valor el uso de materiales recuperados para la composición: "Prácticamente toda la obra es azulejo reciclado, es arte al servicio de la recuperación".

Junto a Guerra, varias vecinas observaban el lavadero al que acudían casi 60 años atrás. Entre ellas estaba Yolanda Bango, quien utilizó activamente las instalaciones entre 1972 y 1982, y que recordó que el espacio no era solo un área de trabajo doméstico, sino el verdadero "punto de encuentro" donde se compaginaba el cuidado de los niños con las conversaciones del día a día. Bango rememoró cómo acudía desde los siete años a buscar agua para beber y definió el lavadero como un lugar que "siempre estuvo muy cuidado y muy arreglado", calificando el resultado de la restauración actual como "preciosa".

Por su parte, el tejido asociativo no faltó a la cita para apoyar la preservación y recuperación de estructuras históricas. Enrique García, presidente de la Asociación de Vecinos La Lechera de Cancienes, expresó su propósito de continuar trabajando para que las fuentes y lavaderos del barrio "no se pierdan".

Finalmente, el alcalde de Corvera, Iván Fernández, detalló que el Ayuntamiento cuenta con un plan anual de recuperación, mantenimiento y conservación de fuentes y lavaderos del concejo que se han ido desarrollando a lo largo de los últimos años. Sin embargo, con motivo del centenario de la estructura, el gobierno local buscó ejecutar una acción diferenciada en el concejo. Además, Fernández detalló que esta iniciativa se enmarcó en las celebraciones de la hoguera de San Juan, en concreto en el concurso de fuentes enramadas. Para esta ocasión, el regidor municipal explicó que la fuente de la Miguelina requería "un gesto más especial", que fusionase tradición local con el arte de Guerra. Así, el Acalde concluyó que el espacio queda "para el disfrute de los vecinos".

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