02 de abril de 2008
02.04.2008

El suave invierno augura una reproducción «óptima» de los osos pardos en la Cordillera

Los expertos aseguran que los plantígrados avistados tras la hibernación presentan un aspecto «muy saludable» que facilita el apareamiento

02.04.2008 | 02:00
Un ejemplar de oso pardo en libertad, en los bosques de Somiedo, a finales de este invierno.

La naturaleza sigue su curso. Los osos pardos de la cordillera Cantábrica concluyen, estas semanas, su período de hibernación. La buena cosecha de alimentos del otoño y las temperaturas suaves del invierno auguran, según los expertos de la Fundación Oso, que el período de reproducción que ahora comienza va a ser muy positivo para los plantígrados, que se encuentran con un aspecto «muy saludable, lustrosos y gordos». Guillermo Palomero, director de la entidad, apunta además que las hembras lactantes y los oseznos han permanecido activos y alimentados durante estos meses invernales.

Mieres del Camino,

José A. ORDÓÑEZ


Suena el despertador biológico. Los osos de la Cordillera concluyen durante estas semanas el período de hibernación y ya dan sus primeros paseos primaverales por la Cordillera. Y lo hacen luciendo un magnífico aspecto. Considerablemente mejor que en años anteriores, según los expertos. Guillermo Palomero, director de la Fundación Oso Pardo, asegura que los primeros ejemplares avistados tanto en Asturias como en Palencia o en León están «lustrosos y bien gordos», algo que, a su juicio, permite aventurar una buena reproducción. La abundancia de alimentos durante el pasado otoño -bellotas, castañas y hayucos, principalmente- permitió que los plantígrados acumulasen un excelente nivel de reserva energética antes de iniciar el reposo invernal. Las consecuencias de esa buena alimentación se perciben ahora.


Palomero indica que «las expectativas de reproducción de este año son realmente positivas, ya que es algo que va muy ligado a que los animales logren una buena reserva energética en otoño». Por lo general, los plantígrados de la Cordillera dedican esta estación a alimentarse a base de bien para coger fuerzas de cara a la temporada invernal en las oseras. Es más, de octubre a diciembre llegan a incrementar su peso hasta en un 30 por ciento con respecto a la primavera.


A pesar de que este invierno ha sido suave y de la excelente cosecha otoñal de bellotas de roble, la mayor parte de los plantígrados cantábricos se han retirado a hibernar a las oseras. Sin embargo, los expertos de la fundación que dirige Palomero han constatado que las osas con crías de un año de edad han permanecido activas. Se trata de un fenómeno que se está generalizado y que responde a una estrategia de optimización energética de las plantígradas lactantes ante el desgaste que supone amamantar a sus crías. Eso sí, siempre que, como ha sucedido durante los últimos meses, tengan acceso a suficiente alimento y las temperaturas no sean extremas.


Por lo general, los osos cantábricos inician el período de hibernación en los meses de diciembre o enero y salen al exterior en marzo, con la única excepción de las hembras recién paridas, que permanecen en el interior de las oseras hasta abril. Palomero explica que aquellos ejemplares capaces de llegar al invierno con una buena acumulación de grasas -hembras no lactantes en otoño, machos y juveniles ya desarrollados- aprovechan mejor la hibernación. Por contra, los que llegan con menor carga, que son las hembras en lactación y los jóvenes en período de crecimiento, les puede resultar más útil mantenerse en activo, comiendo frutos energéticos como bellotas, castañas o hayucos. Este fenómeno de no hibernación en la cordillera Cantábrica, cada vez más común, es posible gracias a que sus inviernos son considerablemente más suaves que los de otras zonas oseras estudiadas y, también, porque el alimento está disponible durante la mayor parte de la estación.


La población osera cantábrica se divide en dos zonas, la oriental y la occidental. La primera ocupa una superficie aproximada de 2.500 kilómetros cuadrados y se extiende por los montes del nordeste leonés, Norte de Palencia y las montañas cántabras colindantes, así como por un pequeño sector asturiano de los concejos de Caso y Ponga. La Fundación Oso Pardo calcula que en este núcleo viven entre 25 y 30 ejemplares. La occidental, de 2.600 kilómetros, es la más importante, ya que incluye un censo de un centenar de ejemplares aproximadamente. Esta población se extiende parcialmente por los montes del Alto Sil leonés y ocasionalmente también por los montes contiguos de Lugo, aunque es en Asturias donde ocupa mayor superficie. En León, los osos se localizan principalmente en los municipios de Villablino, Palacios y Páramo del Sil, mientras que en Lugo suelen ser vistos en los municipios de Cervantes y Navia de Suarna.

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