04 de mayo de 2010
04.05.2010
Dando la lata

Complejo de culpabilidad

El genuino «chorizo» es el que jamás se pone nervioso

04.05.2010 | 02:00
Complejo de culpabilidad

Tras pagar, cogí la bolsa y me encaminé hacia la salida del establecimiento cuando al cruzar la puerta saltó la alarma, encendiéndose unos chirimbolos colorados al tiempo que aullaba una aguda sirena.

A pesar de que en el interior de la tienda sólo había un par de dependientes y que por fuera no pasaba nadie en ese momento, tuve la sensación de tener clavadas en mí centenares de miradas inquisidoras. Y la sangre abandonó otras localizaciones para acumularse en las mejillas. Noté cómo me ponía como un tomate y sentí el escalofrío del peligro y de la vergüenza.

No había hecho nada malo. Simplemente, elegí una prenda, la pagué, la envolvieron, me la entregaron y salí. Y porque a alguien se le olvidó desactivar el antirrobo no pude evitar el ataque de culpa, como una urgente necesidad de explicar que soy un santo y que jamás chorizaría en una tienda. La joven empleada se apresuró a pedir excusas por su despiste y todo quedó en lo que era: una tontería.

Lo mismo ocurre cuando la Guardia Civil de Tráfico te echa el alto. Conduces prudentemente, sin correr más de la cuenta, llevas los papeles en regla, no le diste al pimple, pero pese a todo te entra un tembleque incontrolable al verte en el control. El estúpido complejo de culpabilidad se apodera de ti. Y es cuando se desencadena el torrente de acciones desafortunadas. «Sólo los culpables se ponen nerviosos. Luego, si tú no lo eres, cálmate». Y, entonces, pasas de nervioso a histérico. Y al aparcar casi atropellas a un agente, se te cae la documentación bajo el asiento (todo lo que se cae dentro de un coche tiene una asombrosa tendencia a la desaparición definitiva), se te disparan las pulsaciones, no aciertas a bajar la ventanilla, se reseca la garganta, calas el motor cuando te dan paso libre. En resumen, se comporta uno como pensamos que haría un delincuente. Pues no, hasta en eso nos equivocamos, porque el genuino chorizo es el que jamás se pone nervioso en estos lances.

Lo vemos a diario en los Juzgados. Las personas de bien, acojonaditas, y los quinquis, tan tranquilos.

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