La educación acabó por erigirse como una de las más relevantes realidades institucionales de la socialización. A medida que el Estado se fue reforzando se hizo más evidente la necesidad de crear ciudadanos. En la década de 1840 se comenzaría a perfilar el sistema educativo nacional, aunque a causa de los escasos medios aún medio siglo después no se había llegado a obtener unos resultados mínimamente aceptables. En las zonas de montaña, además, era frecuente que las escuelas fuesen de temporada, y aún en las primeras décadas del siglo XX se constataba la presencia de «maestros babianos». Sobrescobio supuso una verdadera excepción a esta realidad.

La primera escuela que se creó en el concejo se remonta a 1814, costeada por el coyán emigrante a México Marcos Cachero quien a su muerte en 1795 donó 2.000 pesos fuertes para la construcción y mantenimiento de una escuela. Con esa cantidad el consistorio adquirió varios bienes, y con la renta de éstos se remuneraba al maestro. Se mantendría después una constante actividad en esta materia, lo que dotaría al concejo de una alta calidad educativa. A mediados del siglo XIX en la Polina existía una escuela mixta de primeras letras. En 1865 el ayuntamiento adjudicaba la construcción de una escuela y en 1879 se entregaba una nueva.

Parece que desde esta época comenzaría un baile de maestros en el municipio que no dejaría de ser ajeno, en todo caso, al común de la región. En 1904 el consistorio daba cuenta de la orden de creación de una escuela incompleta en Campiellos, de la creación de una escuela de niñas en Agues, de la supresión de la incompleta de Ladines y de que los niños y niñas de aquel pueblo pudiesen asistir al centro de niños hasta los siete años. En 1909 Campiellos solicitaba la creación de una escuela mixta, que no conseguiría hasta 1915. Las solicitudes para la habilitación de centros serán constantes, al igual que las peticiones de mejora.

Pasando a otro tipo de consideraciones, en agosto de 1923 El Noroeste reseñaba una gran fiesta en Soto de Agues en homenaje a Nieves Compañó, esposa del benefactor coyán instalado en La Habana Fernando Blanco. En esta fecha el municipio contaba con siete centros educativos, estructura que se vería reforzada en 1926 con una magnífica escuela unitaria en Rioseco. En 1908 la población escolar coyana se cifraba en 230 niños de entre seis y trece años y sólo unos años después la topografía médica del concejo habla de 290 estudiantes, lo que puede indicar la presencia de párvulos y de alumnos de catorce años. Se conoce también la existencia de una escuela de adultos en el concejo.

Toda esta infraestructura escolar repercutiría, como no podía ser de otro modo, en el alto grado de alfabetización del municipio, que antes de la Segunda República ya alcanzaba al 95 por ciento de la población. Sobrescobio fue uno de los pocos municipios en los que la República no tuvo que construir escuelas al tener todas sus necesidades cubiertas. Estos altos índices educativos parecen responder al interés de los vecinos por todo aquello relacionado con la educación y la cultura, y a la participación de la comunidad en la creación y edificación de los centros. Sobresale, por ejemplo, la labor de la familia Canella y las donaciones de varios indianos, destacando entre ellos Fernando Blanco Prado, labor que le sería reconocida por el gobierno de la nación con un voto de gracias en 1925.

Los vecinos, por su parte, realizaban también suscripciones a fin de mejorar la instrucción, como la que se hizo para erigir el grupo escolar de Rioseco y que alcanzó la elevadísima cifra de 63.476 pesetas, destacando las aportaciones de los coyanes instalados en Cuba, sobre todo las de Pedro Suárez.

Tras la Guerra Civil, en todo caso, el analfabetismo parece reflotar ligeramente. Durante el franquismo, a la altura de 1955, la parroquia de Oviñana contaba con dos centros educativos, y Soto de Agues y Ladines con uno cada una. En 1956 se aprobaba construir un nuevo grupo escolar, debiendo pagar los vecinos y el ayuntamiento la diferencia del presupuesto, que recibía una subvención de 30.000 pesetas. En 1960 se inauguraba una escuela y una vivienda para el maestro en San Andrés de Agues, y será también en esta década cuando se instale un centro cultural con biblioteca en Rioseco.

En 1986 funcionaba un centro escolar en Rioseco y otro en Soto, y en la actualidad existe un solo centro en la capital del concejo, lo que da cuenta de la mengua de la población escolar que se ha producido en las zonas rurales de la provincia.