08 de febrero de 2012
08.02.2012
 

@marianorbrey.es

El triunfo de Mariano Rajoy y las primeras medidas de su Gobierno

08.02.2012 | 01:00
@marianorbrey.es

Qué victoria con186 diputados, tras dos derrotas anteriores. Tal como el Cid cabalgaba por la amplia meseta castellana, ahora lo hace usted por esta, más amplia, «piel de toro». Qué bueno, Presidente, que con el mantra de que el PP nos iba a sacar de la crisis y una gran dosis de demagogia se hizo el milagro de su triunfo el 20N.


Ha llegado a la Moncloa con el bagaje de innumerables insultos, algunos impresentables, al anterior presidente, y también con mentiras, sí señor R, con mentiras. Pero con la idea (suya) de que el anterior gobierno ( no puedo decir socialista) destrozó la economía y que ustedes el Partido de los Trabajadores, según la señora Cospedal, van a salvarla. Póngase, pues, a ello. No obstante, señor R, permítame que no me fie de usted ni de su partido. Ya verá porque.


Cuando estaba en la oposición apuntaba unas maneras que para ser un posible presidente de gobierno dejaban bastante que desear; así, un buen día, nos dijo que el cambio climático no es un hecho, sino algo opinable puesto que nadie puede pronosticar de manera certera qué tiempo va hacer al día siguiente. No parecía que tal aserto fuese muy científico, pero qué más da. De ahí, le debe de venir la última genialidad: «nada es para siempre», frase lapidaria y cínica donde las haya, digna de un epitafio y que explica nítidamente su concepto de la política.


En otra ocasión, triste por cierto, envió a sus palmeros a predicar «urbi et orbi» que el 11-M era ETA. Mentira flagrante e insulto a la inteligencia de los españoles. Más recientemente, cuando era aspirante, dijo que no subiría los impuestos, que subirlos es de izquierdas (lo contrario del inefable señor Z) y de recesión, que hay que bajar impuestos. Una segunda mentira que a la luz de lo sucedido no parece difícil rebatir. ¿Cuántas quedan?


Al final, señor R, es usted Presidente, nada que objetar. Tiene en sus manos un arma de casi «destrucción masiva» como es el poder de gobernar a su antojo. Sabemos de su proverbial facundia, hasta ahora desconocida en democracia; de una facilidad expresiva que le da suficiente lucidez para exponer sus ideas, claras como un día soleado. Tome, pues, las decisiones pertinentes que saquen a este país del marasmo económico y social en el que parece que está sumido. Nació para ello.


Señor Presidente, utilice sus dotes de artista; sí, usted es tal y le felicito. Porque de artista es vestirse de cocinero en un comedor de caridad y salir en la foto, qué bueno señor R. Y cuándo se puso a la cola del paro, ¡Jo!, el paroxismo de la prensa y de sus seguidores fue de portada; detalles todos y otros, que se me escapan, dignos de una mente lúcida y adelantada en el tiempo. La envidia española le tildó de ridículo, pues no, ya que si así fuese no hubiese llegado a Presidente. Y llegó, ahí está.


Continúe con la estrategia de callar, porque ya se sabe que al pueblo cuanto menos información mejor, a ver si por tenerla se desmadra. Siga viendo aquellos «hilillos de plastilina» que usted vio donde el «populacho» veía inmensas manchas de chapapote. Es decir, vea egoísmo, avaricia, antipatriotas? a quienes piden trabajar, a los y las que ahora malviven con ¿cuánto? O a las personas que no quieren ser desalojadas de sus viviendas por la avaricia de los bancos. Siga en silencio, como debe de ser. Por este hecho tan sencillo España ya está arreglada. La confianza está garantizada.


Para finalizar un consejo: haga un gobierno de máscaras, es decir con apariencia democrática, pero no se pase porque al pueblo si se le da la mano?. Y gracias, Don Mariano, por lo de «las medidas portuguesas». Cantaremos un fado.

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