09 de febrero de 2012
09.02.2012
A contracorriente

Una jornada con sabor esencial

La buena tradición de salir un día al año a recoger setas

09.02.2012 | 01:00

Todos los años por estas fechas húmedas y sentidas se juntan en amigable grupo y amistad para recordar viejos tiempos en la empresa Hunosa y disfrutar de un recorrido micológico, cultural y gastronómico. Toda una realidad sincera que define el verdadero valor de lo que es el turismo directo y doméstico. Y esa manera de agarrarse a una intensa jornada donde las setas, los paseos boscosos y el encuentro pleno de camaradería entre cecinas y potaje chacinero representa ese momento único y esencial que define con nitidez el «carpe diem».


Y Antonio Barettino, otrora buen alcalde allerano y técnico que fue en la casa matriz de Hunosa en Oviedo, junto con los excelentes galenos que también fueron de los botiquines del Nalón y del Caudal Vicente González de Cangas, Ramón Fueyo y Constan Álvarez, llevan más de 25 años sujetos a un día especial donde no se habla de medicina ni de cuestiones de interés laboral ni político, sólo embarcados en temas de altura referidos al ocio cultural y micológico. Porque los cuatro son verdaderos expertos en la causa de las setas y los champiñones, esa carne vegetal con textura suave, sabor limpio y energético que por estos lares todavía no es devoción culinaria.


Pues en ese recorrido sosegado y tranquilo por el pinar de El Rabizo y aledaños, en La Robla, lugar de mucha producción de estilosos hongos, ese cuarteto pertrechado con buen equipo donde no faltaban la cesta adecuada ni la navaja eficaz para cortar con perfección el micelio terroso, se dispuso a hurgar entre el ramaje matinal y la humedad del solar con el objeto de alcanzar diferentes ejemplares, como el rebozuelo anaranjado, lepiotas, senderuela, tricoloma portentosum, cantarelus cibarius, amanita muscaria -tóxica, pero bella como pocas-, seta de cardo y pequeños champiñones?


Y la recogida se realizó como mandan los cánones de los buenos micólogos: cortes suaves y precisos, dejando la base terrena con la raíz y la savia de las setas. Tras la campaña, el viaje tomó rumbo hacia Geras de Gordón, esa localidad agarrada al puerto de Araya y con la compañía del río Casares, que nace en los altos astur-leoneses de Pajares. Antes, una parada en el campamento juvenil Rey Pelayo, de tantos recuerdos para los chavales asturianos de los años sesenta. Constan Álvarez se emocionó y estuvo a punto de lanzar al viento frío de la zona la canción «Desperta, Ferro», una melodía marcial referida a los almogávares que siempre que pasa por estos entornos la recuerda con cierta pasión adolescente. Y en Geras, cita en Entrepeñas con la noble cecina de vacuno o de chivo, amén de notables embutidos y un entrecocido que quita el hipo y el frío invernal. Todo, artesano, bien preparado y siempre con ese servicio esmerado que representa Raquel Gutiérrez, generadora de simpatías, acción culinaria y conocedora de la garantía de sus productos. Para Vicente González de Cangas, es la mejor cecina del mundo; para Ramón Fueyo, el entrecocido resulta insuperable, y para Constan Álvarez y Antonio Barettino, que suelen señalar que no es lo que se come, sino con quién se come, lo mejor de todo ha sido la fructífera jornada rodeada de afecto, buenas sensaciones y sentido de la amistad. ¡No hay quien pueda con estos prejubilados de Hunosa! Ellos sí que saben lo que es el ocio bien entendido y además lo transmiten.

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