29 de abril de 2012
29.04.2012
 
Desde la Meseta

Crisis hasta en chucherías

Los pequeños de la casa también sufren las consecuencias de la actual situación económica

28.02.2012 | 01:00
Crisis hasta en chucherías

Las golosinas, chucherías o, más breve y rudimentariamente llamadas por los niños como «chuches», tampoco lo están pasando muy bien. A unos cien metros de mi casa, tengo un par de kioscos de esos que venden de casi todo, pero, principalmente y con la abundancia de críos que justo van a una escuela que está enfrente de dichos puestos, sería como lo fueron en su momento, foco de atención para comprar esa gran variedad de llamativas golosinas de colores y diferentes sabores. Más algo ocurre que las madres apenas cruzan tan siquiera la calle para encontrarse de bruces con repetidos puestos de pequeños dulces cargados de azúcar. Estoy empezando a entender que, cuando los niños tiran de la mano de quien va a recogerles, la forzada dirección no es la de la susodicha tienda, sino más bien «paso ligero y sin entretenerse» para casa. También a nuestros pequeños les hacemos lavado de cerebro con alguna invención que les mate la gula o apetito desordenado de algo tan infantil como lo que se expende casi en especial para nuestra gente menuda.


Y, así lo hice. Un día de estos que entré a mirar un periódico y a la par comprar una barra de pan -claro, son tiendas de artículos múltiples-, con ese usual interés por las cosas y, principalmente, por la crisis, le pregunté a una de las dueñas si a ellas les afectaba realmente el generalizado conflicto. No dudó la respuesta, en seguida me dijo que sí, a la par que ponía cara de circunstancias y me decía: «Sí, se nota y bastante. No solo se prescinde de estas pequeñas cosas que, seguramente, a final de mes en cada casa las cuentas no les salen, sino que casi nadie tampoco preguntan por pequeños objetos de regalo que, antes, vendíamos con facilidad. Lo notamos hasta en el pan que, como sabe, también distribuimos para una panificadora». A tenor de su respuesta, bien es cierto que yo venía observando que sus horarios de apertura cada vez eran más cortos y los cierres se producían más temprano. «Es que a partir de una hora, no viene nadie».


Tengo visto y no de antes, porque parece que siempre tengo que poner ejemplos de cuando reinaba Carolo, a niños dándose codazos por ser los primeros en comprar aquella diversidad que costaba céntimos y, lo más simpático, era con que agilidad iban sumando mentalmente el precio de cada uno de los chuches, hasta alcanzar el total de dinero que llevaban bien cogido en el puño de su mano: «Dos de coca, tres corazones, dos barras?». ¡Qué sé yo, porque sí que me pierdo! Recuerdo un día a una «sabichejo» de niña pensando qué necesitaba y quería llevar. Tanto tardaba, que una de las dueñas del citado kiosco, quizá bromeando, le dijo en voz alta: «Mira, fulanita, no voy a estar aquí toda la tarde escogiendo contigo ahora sí, aquello no, así que decídete».


Así que hoy, mi recuerdo especial es para Tasio, en Sama, con aquel ambulante carrito que tenía de todo -creo que hasta aspirinas y sellos para cartas-, como lo fue en Oviedo la gran tienda variada como «La Boalesa», en la calle Santa Susana; «Casa Piñera», arriba de la Universidad; «La Tita» en Independencia; y bastantes más distribuidas por diversas zonas. Al margen de lo que repercute tanto dulce en la boca de los niños, creo que nuestros pequeños bien merecen una pequeña atención con lo que ahora llaman «chuches». ¿Crisis? Para los mayores. No castiguemos a nuestra gente menuda.

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