23 de junio de 2012
23.06.2012
 
El filandón

Cazador blanco, corazón de piedra

La ejemplaridad de la Casa Real y de los ciudadanos

24.04.2012 | 02:00
Cazador blanco, corazón de piedra

Las paquidermas, las niñas que ven mermada la calidad de su educación, las pensionistas obligadas al copago de medicamentos, las portadoras de vientres que quieren decidir sobre su libertad para abortar, las mujeres que tenemos el hábito de contar con luz en casa, y con calefacción, y que cada día acostumbramos a alimentarnos, las obreras precarias, las hiperformadas en el paro, las mujeres que se encuentran en estado de dependencia y no cuentan con ayudas para aliviar su durísima carga, las putas, las inmigrantes, las marginadas, las invisibles, las profesoras que se enfrentan a clases masificadas y un horario que las obliga a hacer trabajo extra no remunerado ni reconocido, las interinas que tienen callo en los ojos de tanto mirar las listas, las victimas de violencia sexista que ven mermados los recursos de asistencia, las periodistas que ven cerrar sus periódicos, las pequeñas empresarias que no llegan a fin de mes, las hosteleras que no atinan a cuadrar las cuentas, las universitarias que han de hipotecar a sus familias para seguir estudiando, las rebeldes, las insumisas, las lesbianas, las heterosexuales que rompen con los estereotipos, las antitaurinas, las defensoras de los derechos de los animales no humanos, las esclavas de la economía sumergida, las que hablan dos idiomas, tienen una licenciatura y un máster que solamente les llevan a un trabajo como aprendizas, las eternas cursillistas del Servicio Nacional de Empleo, las artistas sin mecenas, las hijas que aun teniendo padre no pueden permitirse el lujo de ser hijas de papá, las integrantes de asociaciones que siguen poniendo en marcha actividades a base de imaginación, las cooperantes de organizaciones gubernamentales que hacen filigranas para mejorar la calidad de vidas ajenas, las ofendidas, las luchadoras, las libres, y, en definitiva, todas las mujeres que nos empeñamos cada día en que el mundo siga girando, ¡no aceptamos disclupas! Solo nos satisface la justicia, la de los tribunales cuando se aplica rigurosamente, y la social. Solo nos conformamos con el cumplimiento de la ética de valores que garantice una sostenibilidad planetaria y en equidad para todos los seres. No necesitamos reyes ni reinas ejemplares, pues contamos a nuestro alrededor con miles de personas que han vivido su vida anónima y ejemplarmente sin que ello repercutiera en nuestros impuestos. Y, sobre todo, exigimos un respeto por parte de las personas que tienen el poder económico y social, pues sus circunstancias vitales a las que han llegado por azar nos les convierten en seres superiores al resto, por mucho que lo crean.

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