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Un vuelco en la historia de la comarca

La Guerra Civil duró un mes más en Aller que en el resto de Asturias

Un escrito de un religioso demuestra que 190 hombres del batallón 241 se atrincheraron en el valle del Río Negro hasta el 26 de noviembre de 1937

El batallón de Silvino Morán, en una foto de la época. J. R. SILVEIRA

Fueron los últimos de Asturias. Igual que los sitiados en Baler (en la isla filipina de Luzón), cuya historia acaba de ser llevada al cine por Salvador Calvo en "Los últimos de Filipinas", un batallón allerano alargó la Guerra Civil en el concejo durante más de un mes. Lo encabezaba Silvino Morán, un hombre que pasó a la historia como "un fugado" que se había negado a entregar las armas el 20 de octubre de 1937 (fecha oficial de la rendición del Frente Norte). Un nuevo documento recuperado por Ángel García Baizán, miembro de la Asociación Memoria Allerana, cambia la versión de los hechos: Morán mantuvo activo el batallón 241 hasta el 26 de noviembre de 1937. Cuando los apresaron, aún formaban parte del grupo 190 personas.

Ángel García Baizán se llevó una sorpresa cuando cayó en sus manos un libro escrito por Manuel González Hoyos, en el que recoge el testimonio del padre Santos Fernández. "Es un fraile que explica fielmente cómo fue la resistencia en Aller, y no es sospechoso de tener una ideología de izquierdas ni de querer vanagloriar la figura de Silvino Morán", comenta Ángel García Baizán.

El religioso afirma que el día 21 de octubre, al día siguiente de la entrega de armas en el resto de Asturias, "el batallón se hace fuerte en Moreda. El día 22, S. Morán con sus hombres rodea Moreda y prohíbe la salida de cualquier persona de la localidad, induciendo a unirse a los milicianos a toda persona capaz de portar un arma y así resistir en los montes de Aller". "Lo que deja claro este libro es que no eran 'cuatro fugaos', que es como los ha tratado la historia", apostilla Baizán.

Silvino Morán era natural de Felgueras (Lena) y vecino de Moreda. Estaba casado y trabajaba como minero. Figura destacada durante la revolución de octubre de 1934, no dudó en unirse al movimiento de militarización cuando estalló la Guerra Civil. Se integró en el Comité de Guerra de Aller y acudió a la Escuela de Infantería, que funcionó en Gijón entre el 18 de marzo y el 7 de septiembre de 1937.

Así formó el batallón 241, con medio millar de hombres. Todos eran voluntarios. En contadas ocasiones dejaron su campo de acción: la vigilancia y defensa de los montes alleranos, especialmente los que conectan con la Meseta. Historiadores como Ernesto Burgos, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, destacan algunas actuaciones del batallón como la de mayo de 1937. Los hombres de Silvino Morán "lanzaron un fuerte ataque sobre Lillo para proteger a la avanzada republicana que tuvo que retirarse por falta de munición cuando los franquistas iniciaron el contraataque para recuperar las posiciones que les habían ocupado", explica Burgos en un artículo publicado en este diario.

Lo que había trascendido hasta el momento es que Silvino Morán, una vez se desplomó el Frente Norte, había huido a los montes con su mujer Asunción y su cuñada Elvira y tres compañeros que se unieron a la hazaña. El texto del padre Santos Fernández da un vuelco a la historia. Según explica en el libro, tras atrincherarse en Moreda hasta el día 23 de octubre de 1937, los hombres del escuadrón se sintieron "acosados por las fuerzas del tercio que habían tomado posiciones en Mieres y ahora se lanzaban contra el batallón" del concejo de Aller. Es por eso que la tropa decidió, siempre según el testimonio del padre Santos Fernández que recogió González Hoyos, "replegarse hacia el valle de Nembra".

Ofrece más datos sobre la resistencia del batallón. Como la toma del pueblo de Villar de Murias (valle del Río Negro) el 26 de octubre y una serie de enfrentamientos en el monte El Rasón. Los milicianos, según el libro, se alimentaban de sus propios caballos. El 29 de octubre empezó su caída: "Dos banderas de la columna Sagardia, con el fin de aislar al batallón de Silvino Morán que se encontraba en las proximidades, comienzan la represión y son detenidos y desaparecidos una treintena de hombres".

El batallón de Silvino Morán permaneció atrincherado en los montes casi durante un mes, hasta el 26 de noviembre. En la madrugada de ese día, las fuerzas franquistas localizan al centinela que estaba vigilando la cabaña de El Rasón. Comenzó el fuego por ambas partes, que duró aproximadamente una hora. Dicen que Silvino Morán fue de los últimos en morir, de un tiro en la nuca. Había dado la vuelta hacia la cabaña, unos dicen que a por más armas y otros que por proteger a su mujer y su cuñada. En el bolso del pantalón, llevaba un papel con las órdenes del día apuntadas sobre un mapa que dibujó a mano alzada: "Ataque a los pueblos de Murias, Santibañez y Nembra. 100 hombres por la derecha y 90 por la izquierda".

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