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Eladio Begega, retrato de una época

El fotógrafo lavianés, fallecido recientemente, plasmó a través de miles de imágenes escenas cotidianas de la Asturias rural de la segunda mitad del siglo XX

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Las fotografías de Eladio Begega

El lavianés Eladio Begega (1928-2017), fallecido hace pocos días, fue el primer fotógrafo al que el Museo del Pueblo de Asturias dedicó en vida una exposición y un libro. Muchas de las miles de imágenes que tomó entre los años 60 y 80, casi siempre en el entorno de la localidad de El Condao, forman parte de la colección del museo gijonés, que guarda la memoria de la Asturias rural, con tradiciones cada vez más olvidadas.

Si hay palabras que pueden definir la vida de Begega son "tenacidad" y "autodidacta". Aprendió por su cuenta la profesión de zapatero, y cuando unos músicos húngaros pasaron por El Condao y escuchó sus violines, acabó fabricando uno de forma artesanal, que acabó tocando con soltura. Ya de mayor tenía "dos violines", tal y como relata el escritor Francisco Trinidad en el estudio de la vida y obra de Begega que realiza en el libro "Mis vecinos de El Condáu. 1962-1985".

La maña de Begega provocó que también acabase arreglando todo tipo de pequeños electrodomésticos: radiadores, planchas, radios... eran tiempos en los que aún no se había escuchado hablar de la obsolescencia programada. Gran lector y seguidor de la actualidad, su afición por las revistas le hizo interesarse por la fotografía. En los primeros años 60 se compró la cámara, y el fotógrafo Mario Pascual, de Langreo, le enseñó el proceso de revelado y positivado. Montó su propio laboratorio e hizo del pequeño local en el que ejercía de zapatero su particular sala de exposiciones: las imágenes cubrían por completo sus paredes, unas sobre otras. La técnica y la maestría la aprendió, como siempre, por su cuenta, prueba y error, con insistencia y constancia.

En 1965 se hizo profesional y compaginó su trabajo de zapatero, por la semana, con el de fotógrafo de bodas y eventos, los sábados y los domingos.

Si por algo destaca la obra de Begega, haciéndole tener un lugar de honor dentro de la fotografía asturiana, es por sus escenas de la vida cotidiana y sobre todo, sus retratos. El lavianés fue testigo de un mundo que fue y ya no es. Las caras de sus vecinos de El Condao son de un tipo que apenas existe ya: el de la persona anciana con un rostro surcado de arrugas profundísimas. Dice Trinidad que Begega acabó siendo el "cronista" de una época y un lugar, El Condao, un espacio representativo de toda la Asturias rural. "Veía cosas desaparecer ante mí y quería que quedase el recuerdo de esas costumbres", indicaba Begega en una entrevista a LA NUEVA ESPAÑA en 2011.

La mayor parte de los retratos de Begega, su "mayor aportación a la fotografía" según Trinidad, se los hizo a ancianos, mendigos y a gitanos, cuyo estilo de vida nómada le llamaba la atención: Begega apenas salía de El Condao y de los pueblos más cercanos, como La Xerra o La Ferrera.

De la fotografía de Begega destaca Juaco Álvarez, director del Museo del Pueblo de Asturias, que son imágenes "que han interesado a muy pocos fotógrafos. Retratar la realidad cotidiana es algo difícil, y eso es lo que hizo durante años". En su obra "no hay acontecimientos sociales relevantes ni extraordinarios, ni falsos folclorismos, ni escenografías, ni retorno al pasado, hay escenas y rostros comunes, y eso es lo que valoramos por encima de todo". Hizo más de medio millón de fotos, de los que reveló una décima parte.

Fueron muchos los aficionados a la fotografía que se iniciaron con Begega como maestro, y que acabaron formando diversas asociaciones fotográficas, como "Asturias a Contraluz".

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