16 de agosto de 2017
16.08.2017
Un "juego" macabro en los colegios

El protocolo regional sobre el "bullying" no incluye casos como "El abecedario"

La Asociación Contra el Acoso Escolar exige al Principado que actualice su método de intervención, que "no se adapta a las necesidades actuales"

16.08.2017 | 02:31

La imagen de las manos heridas de un niño mierense de ocho años hizo saltar todas las alarmas. Ocurrió en mayo, cuando un colegio del municipio detectó cuatro casos de un macabro "juego" conocido como "El abecedario" (sin llegar a confirmar que las heridas se produjeran dentro de las instalaciones). Se trata de una práctica en la que un niño rasca a otro en la mano con las uñas, mientras que recita el abecedario. La "víctima" tiene que decir una palabra con cada letra. La Asociación Contra el Acoso Escolar de Asturias se posicionó en el acto: "Es un caso de "bullying", no es un juego inocente", aseguró Encarna García, presidenta de la entidad. De confirmarse el acoso, señalaron entonces desde el Principado, se pondría en marcha el protocolo regional. Una documentación que, según García, no recoge estas prácticas porque "está desactualizada". Consultado el método de intervención en los colegios asturianos, no existe ningún apartado para los "juegos" que pueden esconder acoso hacia un alumno.

Con el protocolo de actuación en la mano, los responsables de los centros educativos no podrían discernir entre un "juego" entre iguales y el maltrato. Las "formas de acoso escolar", según el método de intervención, son cuatro: maltrato verbal (insultos, motes, hablar mal de alguien o difamar, sembrar rumores o bulos), intimidaciones psicológicas (amenazas, chantajes, burlas públicas, pintadas alusivas, notas, cartas, mensajes a móviles y correos electrónicos amenazantes), maltrato físico (palizas, lesiones con diferentes objetos, patadas, "collejas o robo y destrozo de material escolar, ropa y otros objetos personales) y aislamiento social (ignorar y no dirigir la palabra, impedir la participación con el resto del grupo, coaccionar a amigos de la víctima para que no interactúen).

¿Juego inocente o práctica macabra? Encarna García asegura que "con la actual información que ofrece el Principado, los agresores no tendrían ninguna represalia". "Pueden decir que se trata de un juego entre iguales, macabro, pero en el que todos los niños participan por igual", añadió. Según su versión, no es así: "En estos casos, siempre hay un 'líder' que somete al resto. Se hacen esas heridas para entrar a formar parte de un 'club' en el que manda uno", aseguró.

La presidenta de la Asociación Contra el Acoso Escolar considera que estas prácticas, por su gravedad, "deberían de tener un apartado específico en el protocolo de actuación". El documento, a su juicio, también descuida el apartado de redes sociales e internet: "Las víctimas, antes, se iban a casa y los problemas quedaban en el colegio. Ahora los niños se llevan todos los problemas a casa, porque el acoso continúa a través de las redes cuando encienden el ordenador", afirmó la responsable de la entidad.

El método de intervención del Principado sí es concreto en la diferenciación de los involucrados en los casos de acoso: agresores, víctimas y espectadores. Los primeros, en la mayoría de los casos, son físicamente fuertes. Necesitan dominar, tener poder y suelen referir una personalidad fácilmente enojable. Son impulsivos, tienen baja tolerancia a la frustración, comportamientos antisociales tempranos y actitud negativa hacia la escuela.

Hay factores de riesgo para convertirse en víctima. Los niños que sufren "bullying" suelen ser vulnerables psicológicamente y tener experiencias negativas previas. Son poco populares en el centro escolar y tienen poca facilidad para hablar de sí mismos. Se cobijan en estrategias de afrontamiento inadecuadas, como el aislamiento y la resignación. Los espectadores son alumnos que toleran el maltrato con inhibición, conocen bien al agresor o a la víctima, pero callan. También son, de cierta forma, víctimas: pueden verse moralmente implicados pero temen confesar, porque participan de ciertas normas y falsas convenciones para callar.

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