De lo nuestro | Historias heterodoxas
Detrás de un caballo viejo
El matrimonio entre la valenciana Amparo Bruna Richoux y Enrique Guilhou, político y sobrino del fundador de Fábrica de Mieres

Detrás de un caballo viejo
Ernesto BURGOS
La escritora Cristina Rosario Franco es una biógrafa rigurosa y consecuente. Su libro sobre la condesa Natasha Brasova, esposa morganática del gran duque Miguel, el hermano pequeño del zar Nicolás II, llevó cinco años de trabajo e investigaciones, y eso se aprecia en el resultado final. Ahora anda tras la huella de otro personaje interesante: José Campo Pérez Arpa Vela, primer Marqués de Campo, un potentado valenciano, que estuvo entre los españoles más ricos de su época y cuya vida tiene muchos aspectos comunes la de Antonio López López, el primer marqués de Comillas.
José Campo nació en 1814 y Antonio López en 1817; el primero falleció en 1889 y el segundo en 1883, con lo que coincidieron en el tiempo y también en sus actividades empresariales. Ambos dirigieron una naviera, se implicaron en el negocio de los ferrocarriles, en la banca y en el comercio de tabaco, realizaron obras benéficas y gozaron de la amistad y el favor real. Los dos fueron senadores y a los dos les otorgó el título de marqués el rey Alfonso XII, por su apoyo a la restauración borbónica. Incluso, a pesar de ser rivales en lo económico, se vieron obligados a efectuar enlaces en determinados puertos de las Antillas entre 1881 y 1884 donde coincidían las líneas de vapores que mantuvo en Cuba y Puerto Rico la Naviera Campo con los de la Compañía Trasatlántica.
Tal vez Campo fue un personaje más extremo, tampoco desdeñó el poder político, fue alcalde de Valencia durante cinco años, siete veces diputado y dos senador hasta que desempeñó este cargo con carácter vitalicio, y de él se contaba que en una ocasión había ofrecido dinero a los ingleses para comprar Gibraltar, pero con todo, hasta en lo personal vemos otras similitudes con el de Comillas. Don Antonio formó su familia junto a la criolla de origen catalán Luisa Brú Lassús, con la que tuvo dos hijas y dos hijos, uno que murió pronto y otro, Claudio, quien heredaría el marquesado y es suficientemente conocido en esta tierra; mientras que don José también tuvo un hijo con una cubana, aunque no se casó con ella.
Y esta mujer, llamada Amparo Bruna Richoux y nacida el 11 de noviembre de 1860 o 61, emparentó más tarde con otra familia decisiva en nuestra industrialización: los Guilhou. Ya ven otra vez que este mundo es un pañuelo.
No sabemos gran cosa sobre los orígenes de Amparo. Este nombre es frecuente en Valencia, pero no sus apellidos; hay pocos Bruna en España, que tienen su origen en Italia, y por su parte Richoux es claramente francés. Lo que está claro es que fue una mujer muy atractiva e incapaz de resistirse al marqués de Campo, tal vez por motivos económicos o de otro tipo de subordinación. Y seguramente compartirán esta opinión cuando sepan que en el momento de su relación ella tenía 16 años y él 62, con lo que más que romanticismo, la cosa actualmente tiene otro nombre e incluso una calificación penal.
De cualquier forma, el potentado no dejó a la joven en la estacada y según Luis Antonio de Villena la llevó en 1877 a dar a luz hasta Burdeos con alguien de su confianza y allí nació su hijo al que llamó José María. Todo parece indicar que por un lado quería mantener su relación, o al menos no abandonar al pequeño, pero por otro, evitó reconocerlo a él y llevarla a ella hasta Valencia para evitar el escándalo. Posteriormente, el marqués, que se casó dos veces -con Rosalía Rey y luego con Luisa Sola-, tras el fallecimiento de la única hija que había tenido con su primera mujer, lo designó heredero universal y en marzo de 1891 fue nombrado segundo marqués de Campo.
José Campo fue inmortalizado en un monumento, obra de Mariano Benlliure, que ahora puede verse en la Plaza de Cánovas del Castillo, en Valencia. Al igual que hizo el segundo marqués de Comillas Claudio López Bru, colocando en el altar de la iglesia de Bustiello sus poderes económicos, la mina, la marina y el ferrocarril, él también aparece representado sobre alegorías de sus actividades más destacadas: el gas, la marina, el ferrocarril y la Caridad. La escultura se costeó con una suscripción popular que tuvo su trampa, puesto que el homenajeado contribuyó con una generosa donación para que la cosa mereciese la pena.
Lo curioso es que su efigie, rotunda, con un corpachón envuelto en un abrigo de pieles y unas patillas desmesuradas, corona el conjunto acompañada de la su hijo José María, que llama su atención por su apariencia afeminada, vestido con una falda adornada por encajes y pompones, y sujetando un libro en una mano, como si su destino estuviese marcado desde la niñez, ya que más tarde sería un buen poeta que no ocultó su homosexualidad.
Luis Antonio de Villena, quien también comparte estos dos rasgos en su biografía, se ha interesado por la vida y la obra de José María Bruna de Campo, quien supo aprovechar su doble condición de multimillonario y guapo para convertirse en un personaje característico de la vida nocturna en el Madrid de principios del siglo XX. Falleció el 17 de septiembre de 1916, soltero, a los 39 años, tras haber mantenido un pleito por unos supuestos testimonios falsos vertidos contra él "por dos hermanos franceses que se decían hijos naturales de otro de la primera marquesa de Campo, y que, efectivamente, con posterioridad resultaron ser nietos naturales, que no artificiales, de doña Rosalía Rey".
En cuanto a Amparo, tampoco fue una mujer que se ocultase ni tratara de guardar ninguna discreción. No tardó en trasladarse a Madrid y en 1890 la encontramos censada en el Paseo de la Castellana nº 20. También gozó de los placeres de su época y así, por ejemplo, figura en la lista de abonados del Teatro Real que publicó el sábado 20 de octubre del mismo año el diario El Día, sentada en palco platea, que era la categoría más alta, donde se lucían la alta nobleza y los financieros más destacados.
Bien pudo ser en una de estas veladas cuando su destino se cruzó con otro de los personajes de esta historia, Enrique Guilhou Povedano, pero esta vez la cosa cuajó y sí hubo matrimonio.
Enrique Guilhou era hijo de Louis Guilhou Rives y de Dolores Povedano, y por lo tanto sobrino de Numa, el fundador de Fábrica de Mieres. Había nacido el 24 de junio de 1850 y -según Cristina Rosario Franco- tuvo tres hermanas llamadas María, Luisa (casada con Serapio Díez) y Asunción (casada con Ricardo Guillén).
Los hermanos Guilhou, Numa y Louis, quien después españolizó su nombre llamándose Luis, habían llegado juntos a España desde Mazamet, una ciudad cercana a Toulouse, donde su familia se dedicaba al comercio de lana, y compartieron varios negocios y consejos de administración, como el de la Compañía General de Crédito en España, pero mientras Numa decidió invertir en la siderurgia asturiana, en 1848 Louis prefirió adquirir grandes extensiones de terreno y abrió en Madrid diferentes establecimientos comerciales, entre ellos una tahona y una fábrica de curtidos en la calle Platerías, en pleno centro de la capital.
Louis construyó su magnífica vivienda en Chamartín de La Rosa, la llamada "Quinta San Enrique", que hoy es propiedad de la ONCE, y allí vivió también su hijo Enrique, quien tuvo cargos políticos y fue diputado y senador: Falleció el 30 de octubre de 1904, poco después de haberse casado con Amparo Bruna, quien aunque en aquel momento ya era la madre del segundo marqués de Campo, no gozaba del aprecio de la familia Guilhou, que nunca aprobó esta relación, hasta el punto de que algunos descendientes de la familia siempre ignoraron que se hubiese producido el matrimonio.
Además, Enrique Guilhou mantuvo un pleito con sus hermanos a costa de la herencia de su padre, prolongado incluso después de su muerte, ya que en el Boletín Oficial de 22 de enero de 1921 todavía aparece una referencia sobre los trámites de la sentencia, que seguía disputándose, suponemos que en beneficio de su viuda.
Por su parte, Amparo Bruna, una vez viuda, continuó su vida en Francia. Sabemos que en los desenfrenados años 20 residía en un palacete llamado Villa Acacias, que aún se conserva en el bulevar des Moulins de Monte Carlo, una ciudad cuyo solo nombre ya nos evoca un mundo de lujo y derroche, aunque tampoco se quedó allí para siempre: su partida de defunción sitúa su muerte el miércoles 30 de noviembre de 1932 en la calle Bailly Nº 17 de Nancy. Hoy la página se me ha ido un poco por el lado rosa, pero creo que merecía la pena divulgar esta historia.
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