23 de enero de 2018
23.01.2018

Los vecinos alertan de la proliferación de la oruga procesionaria en Aller

Las altas temperaturas han disparado la presencia en Caborana de esta especie, que puede causar irritaciones de piel y ojos

23.01.2018 | 03:19
Una procesión de orugas, en una acera de Caborana.

Los nidos de las llamadas orugas procesionarias del pino han proliferado en el entorno del complejo cívico deportivo de Caborana. Los desplazamientos de estos pequeños animales por los viales de este espacio público no pasan desapercibidos entre los vecinos debido a su creciente número. De esta forma, se ha generado cierta alarma debido a que esta orugas pueden generar urticarias y alergias, entre otras dolencias.

Los árboles que se encuentran en las zonas verdes del complejo deportivo de Caborana están llenos en sus zonas altas de nidos de orugas procesionarias. El problema es que estos días los animales han descendido al suelo. La procesionaria se desplaza en grupo de forma alineada, a modo de procesión, de ahí su nombre. Es una especie de lepidóptero que puede ocasionar daños en personas y animales domésticos por contacto. Los expertos aconsejan tener cuidado con los niños porque pueden padecer urticarias o alergias e irritación en piel, ojos y nariz. Pero es especialmente peligrosa para los animales domésticos, sobre todo los perros y gatos, pues se las pueden tragar y pueden ocasionarles inflamación en los labios, boca y cabeza. En el peor de los casos, el tóxico que contiene la procesionaria puede ocasionarle al animal una necrosis en la garganta y en la lengua; y la posterior muerte. Los vecinos de Caborana reclaman una actuación del Ayuntamiento de Aller para reducir en la medida de lo posible la población de estas orugas.

El incremento de las temperaturas medias de los últimos días y la ausencia de lluvias favorece la llegada de una nueva plaga al Principado: la oruga procesionaria, una especie típicamente mediterránea sobre la que veterinarios y técnicos de empresas de control de plagas coinciden en el "riesgo serio" que puede suponer tanto para personas como animales. El peligro lo entraña su curioso mecanismo defensivo: cada procesionaria posee cerca de 500.000 tricomas, una especie de dardos o flechas envenenadas que recubren su cuerpo y sueltan cuando se sienten amenazadas. El contacto con ellas produce dermatitis, lesiones oculares y fuertes reacciones alérgicas, detallan los expertos, llegando incluso a generar problemas respiratorios. La inhalación de los finos pelos de la oruga, donde oculta su veneno, puede producir problemas graves en los niños.

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