05 de junio de 2018
05.06.2018

Los restos de Parasimón se cotejarán con el ADN que se recogió para Cabacheros

Memoria Allerana accederá a las muestras de personas que buscaron a sus familiares desaparecidos en la otra fosa Culmina la investigación en Pajares

05.06.2018 | 03:01
Los arqueólogos de Aranzadi, recreando la posición en la que estaban los cuerpos encontrados.

La fosa común de Parasimón, en Pajares (Lena), ha hablado. La exhumación de los restos terminó ayer, tras un análisis topográfico de la zona, con las primeras conclusiones de la investigación: son doce personas, que fueron fusiladas, y que viajaban por el puerto de Pajares como prisioneros (probablemente en dirección a la cárcel de San Marcos de León). Así lo indican los objetos hallados hasta ahora en el enterramiento, enseres como cucharas y un cepillo de dientes. El hallazgo más sorprendente es un anillo de oro grabado, con las iniciales "C. B.". La asociación Memoria Allerana se ha unido a este proyecto que abandera la Sociedad de Ciencia Aranzadi, impulsado por la familia de Luis Cienfuegos -la única víctima identificada por los testigos-, y están tramitando ya la recuperación de las muestras de ADN de personas que buscan a desaparecidos y que fueron recogidas durante la investigación de la fosa de Cabacheros (Felechosa, Aller). Quieren volver a contrastar los datos genéticos con las personas enterradas en Parasimón.

La exhumación de la fosa de Pajares ha dado un vuelco a la investigación de los enterramientos en la comarca. Y es que si los testimonios orales son fieles, y hasta ahora hay una total coincidencia entre lo que ellos vieron y lo encontrado en la fosa, las personas enterradas en Parasimón eran prisioneros del concejo de Aller. "Es posible que los presos alleranos fueran asesinados en Lena para que nadie los reconociera", explicó Toño Naves Cienfuegos, nieto de la víctima.

No contaban con que Luis Cienfuegos era natural de Parana. Y que el ya fallecido Celestino García, entonces un niño, explicaría 70 años después lo que había visto: que Luis Cienfuegos y otros hombres habían sido fusilados en el monte de Parasimón. También que su hermano, junto a otros niños de la escuela de Pajares, habían tenido que ir a enterrarlos.

Los expertos de la Sociedad Aranzadi han trabajado durante el fin de semana en la fosa, encabezados por el prestigioso antropólogo Francisco Etxeberría (conocido por otras muchas investigaciones de la Guerra Civil y el "caso Bretón"). Al frente de la excavación arqueológica estuvo Antxoka Martínez, que ayer dio por finalizadas las labores con el trabajo topográfico y una reproducción del enterramiento para su posterior análisis en el laboratorio.

De esta primera fase de investigación, financiada a través de "crowdfunding" y con el trabajo desinteresado de los expertos, se desprenden varias certezas. Que los hombres, tal y como había previsto ya Martínez en un informe fueron colocados en fila para su fusilamiento. Que fueron enterrados en línea, con pocos cuerpos superpuestos, de lo que resulta una fosa alargada (más de ocho metros). Una representación del gobierno local (IU), encabezada por la alcaldesa Genma Alvarez, visitó ayer el enterramiento.

Vieron cómo los expertos terminaban de recoger, de forma individualizada, los restos en la fosa. Ahora serán analizados antropológicamente en el laboratorio y, más tarde, llegarán las pruebas genéticas. Los objetos que han encontrado, afirmó Antxoka Martínez, confirman ya que eran prisioneros: "Las cucharas y el cepillo de dientes son muy significativos", afirmó el experto.

Y ese anillo de oro, que hallaron en uno de los cuerpos y que está investigando la Asociación Memoria Allerana. "Creemos que podría tratarse de alguno de los prisioneros que desapareció en la misma fecha que Luis Cienfuegos, tenemos varios candidatos pero no queremos decir nada para no ilusionar a las familias", explicó Ángel García.

Es una joya que habla: dos letras "C" y "B", con un filigrana de la época. "Hemos considerado varias opciones, pero tampoco estamos seguros de qué representan estas letras", aseguró Díaz. Podría tratarse de las iniciales de un nombre y el primer apellido, de los dos apellidos o de un hombre y una mujer. También valoran que ese anillo pudiera ser una herencia o no pertenecer a la víctima: "Todas las posibilidades están abiertas". Desde Memoria Allerana intentarán ahora abordar un análisis genético con las muestras que recogieron en 2012, durante la investigación de Cabacheros. Aquella primera investigación genética, que financiaron la entidad de memoria histórica y el Principado, culminó sin ninguna coincidencia.

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