15 de junio de 2018
15.06.2018

José Manuel Álvarez: "Nos subimos al tren llevándonos hasta el colchón"

El relojero allerano y su hermana Celsita, que se fueron de niños a Bélgica, participan en Moreda en una charla sobre emigración

15.06.2018 | 03:35
Francisco Velasco, José Manuel Álvarez, Esperanza del Fueyo y Celsita Álvarez.

"Soy y siempre seré asturiano, pero también soy belga", reconoció José Manuel Álvarez -al que en Bélgica llaman José y en Asturias, Manolo- en la charla coloquio titulada "La emigración", segundo acto la Semana Cultural "Joaquín Rodríguez Muñiz" que organiza la Sociedad Humanitarios de San Martín con la colaboración del Ayuntamiento de Aller y el Club LA NUEVA ESPAÑA en las Cuencas.

Esperanza del Fueyo, presidenta de los Humanitarios, presentó a los hermanos José Manuel y Celsita Álvarez, que siendo niños y en compañía de otros dos hermanos y su madre, siguieron los pasos del padre poniendo rumbo a Bruselas. "La experiencia de José y Celsita debe servir para conocernos más y entender mejor el fenómeno de la inmigración", dijo. Los hermanos Álvarez rememoraron el largo viaje que les llevó desde Casomera a Bruselas en 1961, lugar al que un año antes llegó el padre de familia, donde encontró trabajo y vivienda. "Mi madre y los cuatro hermanos subimos al tren llevando todo lo que pudimos, desde comida hasta colchones", recordó José, al que aprender francés le costó buenos quebraderos de cabeza, que reconoce no haber tenido problemas de adaptación y que advierte que parte de las dificultades de integración que se producen actualmente tienen su causa en las disparidades religiosas.

"El respeto es la base de la convivencia", insistió José, que cursó estudios de relojería y que fundó su propia empresa en Corroy-Le-Château, a 50 kilómetros de la capital belga. Casado con Bernadette, padre de tres hijos y hoy con 9 nietos, José, que se explica con un curioso acento asturfrancés, expuso cómo se esforzó desde su llegada para integrarse en una sociedad que lo acogió con los brazos abiertos, lo que le llevó a asumir responsabilidades de tipo asociativo, participando en la política local y, finalmente, a presidir el Comité de Hermanamiento entre Aller y Gembloux. "Todos los años volvemos a Aller y casi siempre venimos acompañados por distintos amigos belgas, que disfrutan mucho conociendo nuestra tierra", declaró José Álvarez.

Por su parte, Celsita Álvarez inició el relato de sus recuerdos manifestando el gran cambio que supuso pasar de una modesta casa en Casomera a un cuarto piso con agua corriente en Bruselas. "Nosotros nos adaptamos a ellos, no al revés" dijo Celsita, que reconoció haber sido una niña rebelde. "Como soy zurda, en Casomera me ataban la mano izquierda, pero en Bruselas me dejaron ser como soy", recordó la hermana, que cursó estudios de alta costura y diseño de modas, llegando a trabajar para las más reputadas firmas francesas. Finalmente, Celsita Álvarez volvió a Asturias para contraer matrimonio y fundar su familia. "Siempre tuve un don para coser y dibujar, lo que me permitió tener siempre trabajo en las mejores casas de modas de Asturias", declaró. Celsita Álvarez, que cada vez que puede viaja a Bélgica, y también involucrada en actividades asociativas y solidarias en Oviedo. Los dos hermanos coincidieron en reconocer la gran evolución experimentada por España, lo que ha puesto fin a las grandes diferencias de hace medio siglo. "Hoy los chicos visten los pantalones rotos en todos los sitios", bromeó José.

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