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Una barra con un mar de historias

El hostelero mierense Jesús González se jubila tras medio siglo en el Bar Playa: "Antes los clientes llegaban en grupo y ahora acuden solos"

Ricardo González y su esposa, María Josefa Sánchez, cuando estaban al frente del negocio.

Ricardo González y su esposa, María Josefa Sánchez, cuando estaban al frente del negocio. REPRODUCCIÓN DE SILVEIRA

En la década de los sesenta el río Caudal aún no estaba canalizado y sus aguas se adentraban con cada crecida en lo que ahora es el casco urbano de Mieres. A los vecinos, por tanto, les resultó bastante congruente que los propietarios decidieran llamar Bar Playa a un nuevo establecimiento ubicado al oeste de la ciudad, junto a una húmeda vega que obligaba al chapoteo. La tasca se ha mantenido a flote durante más de un siglo, atestiguando como Mieres ha ido arrinconando al río, creciendo a lo ancho del valle. Aún así, el Bar Playa ha resistido con lealtad a sus orígenes. "Para que iba a cambiarle el nombre. Lo único que hubiera conseguido es que la gente dijera vamos al antiguo Bar Playa", lo explica con pragmatismo Jesús González, que lleva trabajando tras la barra 50 años, los últimos 37 estando al frente del negocio. El próximo 31 de agosto se jubilará tras toda una vida dedicada a la hostelería. Ha sido testigo de la transformación de la ciudad y de los hábitos y costumbres de los mierense. De alguna manera, ha ejercido de notario.

"Todo ha cambiado. Antes, a las dos de la mañana tenías que echar a los clientes, parecía que no tenían casa. Ahora, a las diez de la noche ya no queda nadie", apunta este veterano camarero. El Bar Playa, inaugurado a principios de los sesenta, siempre ha estado en la esquina de la calle Gijón que entronca con la plaza Santa Bárbara, aunque el establecimiento original se derruyó en 2001 para dejar espacio a un bloque de pisos en cuyo bajo siguió funcionando el popular negocio. En su momento albergó la Peña Tati del Caudal y también la Peña Caramés de hockey sobre patines: "Aquí se reunían muchos aficionados de ambos equipos los días de partido. Había grandes tertulias", apunta Jesús González. El deporte siempre ha formado parte del Bar Playa, que durante muchos años patrocinó a un equipo local de fútbol sala. Su propietario, no obstante, ha guardado durante décadas un secreto que sólo conocen sus más allegados, apenas un puñado de personas. Con la jubilación ya muy próxima desvela, no sin cierta reticencia, una confesión inesperada: "No sé si debería decirlo a estas alturas, pero la verdad es que no me gusta nada el fútbol. Todos estos años me he dejado llevar y, a fuerza de escuchar, terminó pareciendo que sabía algo. Me he adaptado a las circunstancias", señala bajando un poco la voz y dibujando en el cara una mueca en busca de complicidad. Un leve recogimiento de hombros acompañado de una sonrisa y desahogo servido.

González ha estado medio siglo dedicado a sus clientes, le gustase o no el tema de conservación que tocaba cada día. Las jornadas de 18 horas de trabajo no le son ajenas. También ha hecho muchos amigos desde detrás de la barra. Incluso echa en falta la camaradería que reinaba lustros atrás: "Antes la gente acudía al bar en grupo y se invitaban unos a otros. Todo eran risas y bromas. Ahora casi todo el mundo acude sólo, paga lo suyo y se marcha. Nos hemos vuelto más susceptibles". También los consumos han cambiado. Todo se ha vuelto más aburrido, aunque también más saludable. "La tendencia es que cada vez se vende menos alcohol. El agua, el café, los refrescos y la cerveza sin alcohol tiene cada vez más demanda".

Fueron los padres de Jesús González, Ricardo y María Josefa, lo que se pusieron al frente del viejo Bar Playa tras dejar la mina el progenitor. "Yo empecé a ayudarles a los 13 años y al año siguiente ya dejé el colegio. Con 26 o 27 me hice cargo finalmente del negocio". Su vida ha estado ligada durante medio siglo a la barra de este concurrido establecimiento, cuya terraza, aún sin vistas al mar, acumula un océano de vivencias, sobre todo desde que se prohibió fumar en el interior de los locales: "Al principio fue un duro golpe. Hubo clientes que dejaron de acudir, pero poco a poco fueron volviendo". Lo que casi ha desaparecido son las largas tertulias barajando cartas y, para suerte de Jesús González, las multitudinarias concentraciones frente al televisor para ver el fútbol: "La gente se ha dado cuenta que le sale más rentable abonarse a un canal deportivo y tener partidos todo el día que venir al bar a ver los encuentros". El Bar Playa ha resistido a todo, ajeno a los vaivenes de las marea.

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