12 de agosto de 2018
12.08.2018

Cubanos de corazón mierense

José Mallada, emigrante en la isla a principios del siglo XX, pidió al morir que se encontrase a su familia en la villa; ahora su nieto la busca

12.08.2018 | 02:02

Algo llama la atención de un joven que camina, a primera hora de la mañana, por la calle Numa Guilhou de Mieres. Es un papel con un collage de fotos antiguas, pegado en una pared. Tiene un mensaje claro: "Busco a mi familia", acompañado de un correo electrónico y un número de teléfono.

-Oigo.

Al otro lado de la línea está Diego Ramón Castañeda, cubano residente en Holanda. "Sí, yo pegué ahí las fotos. Estas vacaciones estuve en Mieres porque quiero encontrar a los familiares de mi abuelo, José Mallada Vázquez". Un mierense que nació en 1908 y fue adoptado por Generosa Vázquez y su marido (de apellido Mallada). Una parte de la familia emigró, pero José siempre guardó la villa en su recuerdo. Murió a los 73 años y sólo pidió un favor a su nieto: que encontrara a todos sus familiares y les diera las gracias por haberlo acogido, por la educación y por tanto cariño que le dieron.

José Mallada nació con poca estrella, pero con una sonrisa que lo cambiaba todo. Sus padres biológicos lo dejaron a la puerta de una iglesia de Mieres, y fue trasladado a una casa de beneficencia. "Mis bisabuelos fueron a esa casa para adoptar a otro bebé, pero les enamoró la sonrisa de mi abuelo. Tenía una risa contagiosa, yo la recuerdo", relata Diego Castañeda. Cuando José tenía tres años, emigraron a Cuba. Se instalaron en el centro de Delicias, en el municipio de Puerto Padre (en la provincia de Las Tunas, en el centro oriental de la isla).

Mantuvieron el contacto con la familia de Mieres durante años. De hecho, José sopló las ocho velas en la villa, durante una visita. Dice Diego Castañeda que su abuelo no olvidó las tardes de paseos ni los juegos con sus primos. A la que más recordaba era a Isabelita Vázquez, una niña vivaracha y de ojos grandes, de la que guardó siempre una foto.

Llevaba aquel retrato en la maleta cuando, con 17 años, decidió viajar al oriente de Cuba. Buscaba un trabajo y una vida mejor. "Se mudó a Songo La Malla y, a los 28 años, se cambió el nombre", señala Diego. No saben el motivo pero, desde entonces, José Mallada Vázquez se "rebautizó" como Ramón Rodríguez Barrera. En la provincia de Guantánamo conoció al amor de su vida, Victoria Vázquez Proenza. Era hija de españoles, estaba divorciada y era madre de un niño. Se mudaron a Sagua de Tánamo y ampliaron la familia con cuatro niñas: Generosa, Matilde, Magdalena y Felisa (la madre de Diego Castañeda).

Creció la familia y crecieron los bienes. Ramón Rodríguez Barrera (antes José Mallada Vázquez) logró abrir un restaurante. Mucho esfuerzo después, puso en marcha un próspero negocio de alquiler con once casas. En 1959, con el triunfo de la Revolución cubana, todos sus bienes se nacionalizaron. La familia se trasladó a un modesto apartamento.

Aquella mala estrella que tuvo José Mallada al nacer, volvió con una muerte relativamente prematura: a los 73 años, falleció de un cáncer de estómago. Lo único que pidió a su nieto fue que intentara encontrar a Isabelita y a sus tíos de Mieres. Por eso Diego Castañeda viajó este verano desde Holanda y colgó esas fotos en la pared. "Nuestro único propósito con esta búsqueda es encontrar a algún familiar y hacerle saber que, gracias a ellos, mi abuelo tuvo un hogar y se hizo un hombre de familia. Siempre los tuvo en su recuerdo", afirma.

Ese joven que pasaba por la calle Numa Guilhou hizo una foto del cartel y compartió la imagen en Twitter: "Ojalá encuentre a su familia", escribió. Horas después, alguien tiró el collage a una papelera. Los hay que no reconocen una ilusión aunque la vea en fotos.

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