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De lo nuestro | Historias heterodoxas

El doctor Vital Aza y la maternidad

El mierense fue un facultativo que mantuvo posiciones de vanguardia sobre derechos y tratamientos de las mujeres

El doctor Vital Aza y la maternidad

El doctor Vital Aza y la maternidad

Como historiador he aprendido que para juzgar una acción, y por supuesto un pensamiento, es necesario conocer primero la época y las condiciones en que se desarrolló. Por eso, al calificar al doctor Vital Aza Díaz como feminista, debemos tener en cuenta que él fue una persona de ideas avanzadas tanto en la práctica de la ginecología como en su visión de la sociedad y la política española, aunque su defensa absoluta de la maternidad y sus críticas al aborto -en ningún caso acompañadas por la petición de un castigo penal-, se vean actualmente superadas por el cambio de mentalidad de este último siglo.

Al margen de estas consideraciones, el pensamiento de Vital Aza destacó en la primera mitad del siglo XX por sustentarse en una piedra angular inamovible: no existe más diferencia entre hombres y mujeres que la puramente fisiológica y por ello cualquier discriminación entre géneros está infundada y debe combatirse. Una postura sumamente polémica cuando aún se vendían con éxito libros cuyos títulos no necesitan de más explicación, como "La inferioridad mental de la mujer", del psiquiatra alemán Julius Moebius, o "La indigencia espiritual del sexo femenino", del médico gallego Roberto Nóvoa Santos, quien ahora -olvidando que fue un activo defensor de la discriminación- es reivindicado por una izquierda desnortada.

Vital Aza nació en Mieres porque así lo quiso su padre, el recordado autor de versos y comedias populares, y como él estudió Medicina, aunque en su caso con más vocación y mucho más provecho; se licenció en 1914, convirtiéndose en uno de los mejores ginecólogos europeos de su época tras haberse formado con el doctor Sebastián Recasens, a quien recordaría toda su vida; pero a la vez fue un personaje libre e incómodo para muchos que se negó a optar a una cátedra por su desacuerdo con el sistema de oposiciones; rotario, católico practicante y al mismo tiempo muy amigo de algunos líderes socialistas.

En 1919 abrió en Madrid el sanatorio "Santa Alicia", que pronto se convirtió en un referente de la obstetricia moderna, logró los mayores galardones de su profesión y desempeñó puestos de relevancia en el escalafón médico, pero no pudo librarse de que el franquismo lo sometiese a un proceso de depuración, inhabilitándolo en 1946 para el desempeño de cargos políticos y sindicales. Y además escribió mucho y bien.

Entre sus numerosos artículos y libros, tenemos que detenernos en dos para comprender su idea de la paridad de géneros: "Feminismo y sexo", editado en Madrid en 1928, donde cita algunos de los casos que estaba tratando en sus veraneos mierenses, aunque lógicamente respetando el anonimato, y "Derechos y deberes biológicos de la mujer", que fue su discurso de recepción en la Academia Nacional de Medicina, el 15 de febrero de 1934.

Vital Aza estuvo en vanguardia a la hora de defender la paridad entre sexos, aunque ahora algunas expertas en estos temas interpretan su postura como un intento de controlar desde un punto de vista masculino el movimiento feminista por miedo a que las propias mujeres pudiesen llevarlo hasta un punto que pusiese en peligro toda la estructura social.

Así lo expuso por ejemplo la doctora Nerea Aresti, de la Universidad del País Vasco, en su ensayo sobre los ideales de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo XX "Médicos, donjuanes y mujeres modernas" donde recogió este fragmento de "Feminismo y sexo" en el que nuestro ginecólogo expresó honestamente sus razones: "No es sólo poner de manifiesto la injusticia que encierra el querer seguir considerando a la mujer como un ser inferior lo que nos lleva a sumarnos, como humildes soldados de filas, al ejército, ya casi vencedor, del feminismo (...) sino que también nos induce a proceder así el ver que la mujer, que va conquistando todos los derechos del hombre y escapando a los deberes que este no tiene, lo hace olvidando su feminidad, tratando de ahogar lo que de hembra tiene, y pretendiendo extirpar de su espíritu y disimular de su cuerpo cuanto de mujer, de femenino, puso Natura en ella".

Pero fue en su discurso en la Academia Nacional de Medicina cuando definió con claridad como al hablar de derechos no solamente se refería a los que la mujer debe tener como ciudadana sino a los de su propia condición biológica, empezando por todo lo que atañe a la vida sexual, contando que en su experiencia clínica había observado en muchas ocasiones como la frigidez o el coito doloroso se debían únicamente al comportamiento inadecuado de los hombres y no a otra causa patológica, y como muchas sufrían por contagio las enfermedades venéreas que ellos contraían en la calle.

Vital Aza estuvo en primera línea en la reivindicación de la sexualidad femenina, pero en su obsesión por proteger la maternidad, mantuvo argumentos que el tiempo fue contradiciendo, por ejemplo la crítica a la uniformidad en juegos y deportes "de la que está surgiendo la masculinización de la Eva moderna", defendiendo la diferencia entre el deporte "viril" y el femenino para salvaguardar las necesidades del embarazo y la lactancia.Y en este sentido llegó a afirmar: "A la mujer, cada vez más apoyo, cada día un derecho más, una conquista más, una concesión más; pero a la mujer-mujer, a la madre que no abdique de serlo".

Sin embargo, algunas de sus propuestas sobre las condiciones de trabajo de las mujeres fueron tan vanguardistas que van más allá de la legislación vigente, aunque siempre con el objetivo de proteger a las madres. De esta manera planteó un programa de economía social para posibilitar el descanso de las embarazadas en los últimos tres meses de gestación y en las cuatro o seis semanas que siguen al parto, con un plus de salario para las obreras lactantes y el establecimiento de guarderías o salas de crianza donde "haciendo compatibles trabajo y lactancia pudiera la mujer cumplir sus afanes laboriosos y sus deberes maternales".

Después de ir exponiendo distintas consideraciones médicas para mejorar los tratamientos y la vida cotidiana de las enfermas, aquella tarde de 1934, quiso cerrar su intervención criticando el aborto por razones sociales, económicas o por un supuesto derecho de posesión de la madre sobre su hijo "con un concepto de propiedad inverosímilmente anacrónico y absolutista en esta época de libertades socializadas", y para ello puso el ejemplo de la URSS donde en aquel momento funcionaban clínicas para interrumpir la gestación en los dos primeros meses de embarazo después de que cada caso hubiese sido autorizado por un tribunal consultivo formado por mujeres entre las que había siempre alguna médica, lo que justificaba unos 140.000 abortos anuales.

Como manda la tradición, el discurso del recién llegado a la Academia Nacional de Medicina fue contestado por otro miembro veterano, en este caso el doctor Enrique Slocker, un cirujano conocido por su destreza, que había sido Delegado del Gobierno en el Congreso Médico de Berlín de 1923 y representante de España en el Congreso Internacional de Hospitales, celebrado en Bélgica, realizando intervenciones para sus colegas europeos.

Slocker apoyó las tesis de su colega y de paso resumió su carrera profesional, desde la modesta consulta abierta en la calle de Magdalena hasta la apertura de la clínica "Santa Alicia", que en aquel momento no tenía nada que envidiar a los establecimientos suizos o alemanes. A la vez aportó unos datos sobre la familia del recién llegado que pocos conocían, como el hecho de que su abuelo por parte materna, don Manuel Luis Díaz, también había sido médico y director durante quince años del Hospital de Gijón, lo que sin duda influyó en que su padre hubiese intentado la misma carrera antes de dedicarse a las letras, y que él mismo la estuviese ejerciendo en aquel momento.

Hizo luego una referencia a Mieres, donde Vital Aza pasaba consulta aprovechando sus veraneos, para recibir después, a partir de los primeros días de octubre en su sanatorio de Madrid a las enfermas que necesitaban atención quirúrgica; unas visitas gratuitas en las que las más pobres se llevaban además una ayuda económica.

El retrato que nos queda de Vital Aza Díaz después de leer este discurso es el de un médico integral; tan aficionado al teatro que si el trabajo se lo permitía era capaz de asistir a dos estrenos en la misma jornada; leal y apreciado por sus compañeros de profesión; generoso protector del Colegio de Huérfanos junto a su amigo el doctor Marañón; padre ejemplar y amante de Mieres. De esto último damos fe, como la dieron los mierenses de toda idea y condición que en 1933 le rindieron homenaje plasmando sus nombres en un hermoso libro de firmas que ya forma parte de nuestra historia.

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