De lo nuestro | Historias heterodoxas
Timadores y timados
Las diferentes estafas que se han repetido durante décadas han sido también desarrolladas en Mieres por pícaros que fueron descubiertos

Timadores y timados
Ernesto BURGOS
El timo de la estampita es una de las aportaciones españolas al mundo de la picaresca que los delincuentes de los cinco continentes han recogido y mejorado con los años adaptándolo a los cambios sociales. Dice la crónica negra que su creador se llamaba Julián Delgado y le dio aire en la década de 1910. Supongo que todos ustedes saben en qué consiste: un falso tonto muestra a su víctima un billete que saca de un sobre diciéndole que está lleno de las mismas estampitas que quiere vender porque no le gustan, pronto entra en escena otro gancho que convence al iluso del buen negocio que puede hacer, y este pica entregando su dinero a cambio de un taco de recortes que no valen nada. El truco es limpio y además castiga a quien cae en la trampa por su mala intención de engañar a un pobre inocente.
El del "tocomocho" es parecido, pero en este caso requiere falsificar una lista de lotería o de cupones para hacer ver que se tiene un boleto premiado, entonces se busca a una víctima capaz de creer que su poseedor necesita cobrarlo, pero tiene que esperar unas horas a que abran los bancos, y por eso lo ofrece por la mitad de lo que vale. Tampoco aquí media ninguna amenaza y el timador se aprovecha de la avaricia del timado, lo que rodea al delito de un halo de disculpa.
Lo cierto es que, aunque parezca imposible, después de un siglo estos engaños siguen funcionando y he leído que hace muy poco alguien había picado con la estampita en la Montaña Central, y esta misma mañana veo también en el periódico que una mujer fingiendo ser extranjera acaba de robar en Pola de Lena utilizando la técnica del descuido, asegurando que no sabe hacerse entender en nuestro idioma y tiene que escribir su petición: "Llega con un folio, fingiendo que necesita apuntar algo. Pide un boli y, cuando vas a buscarlo para dárselo, aprovecha la situación y coge todo lo que puede dentro de la tienda -explicaron los robados".
Estas noticias vuelven a mostrarnos que no hemos cambiado tanto y hoy los pícaros nos la siguen dando con queso de la misma forma que hace un siglo, como van a poder ver con unos cuantos ejemplos rescatados de la prensa de entonces.
El 27 de marzo de 1900 el periódico conservador madrileño La Época se hizo caso de un suceso chusco protagonizado por un viajante de comercio del que habían sido víctimas los comerciantes de Mieres. Al parecer, el hombre tenía cierto parecido físico con don Basilio Paraíso, entonces presidente de las Cámaras de Comercio y se hizo pasar por él recibiendo el homenaje de todos y siendo agasajado espléndidamente con festejos, banquetes, músicas y ovaciones que él agradeció vivamente con grandes manifestaciones de simpatía.
El farsante interpretó su personaje con tal credibilidad que llegó a pronunciar un discurso en el Casino "de tonos enérgicos y regeneradores" muy aplaudido por la concurrencia, pero al día siguiente otro viajante de Gijón descubrió la farsa y los comerciantes se quedaron burlados y confusos. La Época cerró su crónica con este párrafo: "El suceso, que tiene gracia, ha sido y es en Asturias motivo de todas las conversaciones y tema de no pocas bromas y cuchufletas".
El 15 de junio de 1907, el diario El Día contaba el caso de otro sujeto que dijo llamarse Fernando Plaza Huerta y ser natural de Baeza, en Jaén. Con esta identidad se presentó en el Ayuntamiento de Mieres exhibiendo una credencial expedida por el Ministerio de la Guerra con el nombramiento de cabo de la Guardia municipal, pero al enterarse de cuál iba a ser su sueldo y de las condiciones de su trabajo manifestó que no le interesaba y que si le daban 85 pesetas para el viaje, se iría por donde había venido.
Poco después, el cabo de la Guardia Civil don José López Serrano tuvo que ir hasta la estación del Norte a comprobar un asunto, cuando le llamó la atención otro guardia que se encontraba allí vestido con un uniforme que no parecía de su talla, entonces se dirigió a él y como no le convencieron sus respuestas ni tampoco le pudo mostrar ningún documento que acreditase su condición, lo llevó hasta el cuartelillo. Una vez registrado su saco, se le encontraron dos cédulas personales con nombres distintos, las 85 pesetas del Ayuntamiento junto a otras monedas falsas, muñecas, abanicos, polvos cosméticos, una gorra de interventor de ferrocarriles y varios objetos de quincalla, por lo que fue puesto a disposición de la autoridad militar junto a su uniforme, que utilizaba para viajar gratis en los trenes. No cabe duda de que se trataba de un pícaro pluriempleado.
Otra estafa, casi siempre menor, que sigue de plena actualidad son los llamados "simpas", que consisten en pasar por un restaurante o un hotel y dejar la factura pendiente para la eternidad. También abundaron hace un siglo, y junto a ellos los "sintra", que son lo mismo, pero al revés, es decir cobrar por un trabajo que nunca llega a realizarse.
Vean uno de estos casos en el aviso insertado en la portada del Eco Artístico el 15 de marzo de 1914: "La empresa Salón Novedades, de Mieres-Asturias, quedaría reconocidísima a toda empresa española que rechace, dando así una verdadera prueba de compañerismo, los servicios de la pareja Coppelia-Amorós mientras no devuelvan a dicha empresa Novedades cien pesetas de un anticipo que le han estafado inocuamente".
Aunque también hay ocasiones en las que se ha calificado como un intento de estafa lo que no es más que una medida reivindicativa. Así el 27 de agosto de 1925 encontramos en La Voz la noticia de que todos los carniceros de Mieres habían ingresado en la cárcel por negarse a vender sus productos alegando una falta en el abastecimiento cuando en realidad lo que pretendían era provocar de esta manera el encarecimiento de la carne. Al parecer lo que sucedió realmente fue que la Junta de Abastos fijó un precio de tasa y los industriales no quisieron aceptarlo y decidieron no abrir sus establecimientos como medida de presión, por lo que el delegado gubernativo decretó su prisión.
Menos dudas presenta el timo más productivo de estos últimos años, que vemos cada pocos meses repetido en las televisiones: se basa en tocar la fibra de los ciudadanos solicitando su ayuda económica para paliar alguna desgracia familiar imaginaria, un tratamiento carísimo para una enfermedad inexistente, una operación quirúrgica imposible que solo se realiza en un hospital estadounidense, o también pidiendo dinero para los huérfanos de un país lejano afectado por un terremoto o una catástrofe natural; hasta que finalmente alguien se da cuenta de que el dinero no llega nunca a su destino y se queda en el bolsillo de los peticionarios.
En esta línea, fue otra vez en La Voz donde se contó el 9 de agosto de 1933 uno de estos fraudes que había afectado a uno de los mierenses más queridos de todas las épocas, siempre dispuesto a ayudar a quien llamaba a la puerta de su casa en Oñón: "El doctor Vital Aza, que veranea en Mieres, recibió a un individuo que dijo que iba en nombre de varias mujeres e hijos de huelguistas de La Felguera para pedirle auxilio económico. El doctor compadecido le entregó 200 pesetas ofreciéndose para todo lo necesario. Después se ha descubierto que el individuo es un estafador".
Y para que nada nos separe de lo de entonces, veamos otro curioso recorte en el que la minoría carlista -equivalente a la extrema derecha actual- ponía en entredicho a las autoridades municipales con una curiosa acusación. Fue el 11 de febrero de 1934 en el periódico El Siglo Futuro, que para dejar clara su identidad llevaba en su cabecera el lema Dios, Patria, Rey: "El Ayuntamiento de Mieres en el que predominan los concejales socialistas ha acordado incluir en el presupuesto la cantidad de 2.500 pesetas para gratificación de los bomberos. Se da la circunstancia de que en Mieres no está organizado el cuerpo de bomberos".
Hemos visto una relación de estafas de antaño, que podría crecer hasta llenar varias páginas y prolongarse en las décadas que median desde entonces hasta ahora sin llegar a desaparecer en ningún momento, pero lo que único que quería probar con la lectura de estos recortes es que no hay nada nuevo en esta tierra y que la sociedad siempre se ha dividido en timadores y timados. Aunque seguramente no hacía falta que yo se lo recordase.
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