Eugenio Martín, Francisco Javier González, Jesús Trapiella, José Ignacio del Campo, Juan Manuel Álvarez, Eduardo Augusto Alves, Elías Otero, Manuel Ángel Fernández, Anatolio Lorenzo, Luis Antonio Espeso, Miroslav Divoly, Michal Klenot, Vlastimil Havlik y Milan Rocek. Catorce hombres que no querían ocupar estas líneas. Catorce hombres que fallecieron en uno de los accidentes más terribles de la minería del carbón en Asturias: el de la madrugada del 31 de agosto de 1995, en el pozo Nicolasa (Ablaña, Mieres). Una súbita explosión de grisú, cuya causa nunca llegó a esclarecerse, les hizo perder el aliento. Mieres no les olvida y ayer, en su honor, encendió una llama: ardió durante todo el día en el "Monumento al minero", en el entorno del pozo Barredo.

El silencio que se escuchó tras el "turullu" del accidente, se repite cada 31 de agosto en Mieres. Nadie olvidará nunca el suceso, tampoco a las víctimas. Eran jóvenes, los más veteranos tenían 43 años. Entre los fallecidos había cuatro trabajadores checos, que habían llegado a Asturias buscando un futuro mejor para la familia. Su rescate se alargó durante horas. La plaza del pozo se llenó de angustia, de dolor.

Hace cinco años, cuando se cumplieron dos décadas del accidente, algunos familiares volvieron a ese escenario para homenajearlos. Todos recordaban aquel día con el pesar contenido que solo da el paso del tiempo. Hijos que entonces eran bebés, ya adultos jóvenes. Mujeres que añoraban el primer baile tras la boda. Legaron recuerdos imborrables y una mejora en la seguridad del sector. La llama prendida ayer fue por ellos. Por los catorce de Nicolasa.