23 de septiembre de 2020
23.09.2020
La Nueva España

Obligan a usar mascarilla a un langreano con EPOC en una superficie comercial

La dolencia de Adolfo Álvarez Busto le exime de usar la protección por ser contraproducente

23.09.2020 | 00:55
El abogado jubilado Adolfo Álvarez Busto.

La nueva normalidad en tiempos de coronavirus deja escenas como la que le ocurrió el pasado lunes al langreano Adolfo Álvarez Busto, de 74 años, y diagnosticado con EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), cuando fue a comprar a una gran superficie deportiva de Siero.

Álvarez Busto, abogado jubilado de la administración del Estado, tiene prohibido el uso de mascarilla por la orden del 20 de mayo de 2020. Y hasta ahora no había tenido ningún problema con ello. Cuando le reclamaban que se pusiera la mascarilla, mostraba la documentación que acreditaba para no usarla y ahí se acababa el problema. Sin embargo, eso no ocurrió cuando intentó entrar en la superficie comercial acompañado por su primo Jesús Vallina. "Me paró el guarda de seguridad y me dijo, 'ponte la mascarilla o no entras aquí". El langreano trató de explicarle que no podía porque tenía EPOC, incluso le enseñó el certificado, "pero no hubo manera, me dijo que tenía órdenes de la empresa de no dejar pasar a nadie sin mascarilla".

Para no seguir con la discusión, Álvarez Busto acabó poniéndose una mascarilla para acceder a la tienda. "A los cinco minutos de tenerla puesta me empezó a dar sudoración en frío y ansiedad, tuve que sentarme", explica. Más tarde, cogió una prenda y fue al probador, aprovechando ese momento para volver a quitarse la mascarilla. "Pero vino una dependienta exigiéndome que me pusiera la mascarilla o me expulsaban del establecimiento, al final accedí, acabé mi compra y me fui". Ya fuera, sin la mascarilla, "tardé como un cuarto de hora en reponerme, porque la mascarilla hace que no me entre aire en los alveolos".

Ya por la tarde, el abogado jubilado trató de buscar explicaciones por lo ocurrido, fundamentándose en su derecho, así que trató de hablar con el departamento de recursos humanos de la empresa. "Me dijeron que la actuación del guarda de seguridad era normal, que hubiesen hecho lo mismo porque son las órdenes de la empresa, y que si me hubiese dado un infarto dentro, pues mala suerte".

También le señalaron que tenía otras vías para hacer las compras sin entrar en la tienda, como comprar por internet o solicitar a alguien que le hiciese la compra, "pero, ¿qué tenemos que estar obligados a estar confinados?", aseguraba, anunciando que presentaría una reclamación a la compañía por daño moral y físico. "Y sabes qué me dijeron, que reclamase al Ayuntamiento, después me colgaron", aseveró.

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