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HONORINO LAVIANA | JEFE DE LA COMISARÍA DE POLICÍA DEL VALLE DESDE 2011, RECIÉN JUBILADO

"Costó resolver el crimen de Iván Castro porque no había un motivo ni sospechosos"

"Lo que peor he llevado estos años han sido los problemas de orden público, cuando hay un sector de población que te ve como un enemigo"

El ya exjefe de la Comisaría de Langreo-San Martín.

El ya exjefe de la Comisaría de Langreo-San Martín. M. Á. G.

Después de 44 años de carrera profesional, Honorino Laviana Montes (El Entrego, 1955) cumplió ayer su último día como jefe de la Comisaría de Policía Nacional de Langreo-San Martín del Rey Aurelio, antes de afrontar la jubilación. Inició su trayectoria en 1976 en Pamplona y pasó unos años en Lérida

-¿Se ha hecho corto o largo?

-Pasa rápido. Tengo una profesión que está muy lejos de ser rutinaria. La investigación es muy estimulante. A veces tienes que dormir menos, pero es por algo que te gusta y merece la pena. Y mi etapa como jefe de la Comisaría fue también muy agradable. La sociedad me recibió muy bien. Tuve la suerte de tener una excelente relación con los alcaldes, con el fiscal, con Guardia Civil y las Policías Locales, por poner algunos ejemplos. Tuvimos una colaboración muy estrecha. Me sentí muy apoyado.

-¿Qué tiene que tener un buen policía?

-Sobre todo tiene que gustarte lo que haces. Hay un componente vocacional fundamental. Tienes que conocer la ley, darte cuenta de que eres un servicio público y estar siempre dispuesto para lo que surja, si hablamos sobre todo de investigación. Y saber escuchar. Es algo que valoro mucho.

-Usted es cinturón negro de judo, ¿en alguna ocasión tuvo que hacer uso de esas habilidades en el desempeño de su labor?

-A lo largo de la vida profesional es raro el policía que no haya pasado por un momento de apuro. Sí que alguna vez me tocó emplear la fuerza ante la resistencia de la persona que ibas a detener, pero nada que haya causado lesiones a ninguna de las partes.

-También es técnico es riesgos nucleares, ambientales y químicos, y fue uno de los negociadores de las Jefatura de Asturias para casos de rehenes.

-Son habilidades que al final te valen para todo. De negociador nunca me tocó actuar, pero sí en temas de riesgos químicos, cuando hace unos años surgió la amenaza de las cartas con ántrax. Al final fueron falsas alarmas, pero me tocó intervenir para que se guardaran los protocolos necesarios y evitar posibles contaminaciones.

-¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de todos estos años?

-Yo siempre mes sentí muy cómodo en los temas de investigación y lo más gratificante es cuando ves que cumples las expectativas y consigues ayudar a alguien que ha confiado en ti. Y lo que más me costó fueron los problemas de orden público. La parte más desagradable es esa, cuando hay determinados sectores de la población que te ven como un enemigo.

-Usted trabajó un verano en el pozo Venturo mientras opositaba y tiene amigos mineros, ¿qué recuerdo guarda de las movilizaciones de 2012?

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