La Universidad de Oviedo destacó ayer que todos los controles dieron los resultados previstos, "lo que demuestra el buen funcionamiento de la técnica y el buen hacer del equipo investigador formado por el voluntariado".

Los encargados de conducir la búsqueda han sido la bióloga Alba Ardura junto con Eva García (genetista, del Departamento de Biología Funcional) y Eduardo Dopico (pedagogo, del Departamento de Ciencias de la Educación). Se han buscado rastros del virus en prácticamente todas las superficies imaginables que tengan contacto habitual con el ser humano. El trabajo, en último término, se trasladó a una aplicación móvil (app) que geolocaliza los lugares que han sido examinados y que hubiera servido para avisar a la población si no hubieran estado libres de covid-19. Dicho de otra manera, el objetivo era "mapear" el concejo para saber el alcance real de los restos de SARS-Cov-2 en el mobiliario urbano y el agua.

Los voluntarios que han participado en el proyecto tenían edades comprendidas entre los 24 y los 68 años. Asistieron a un taller donde se les informó y formó en los conocimientos científicos actuales acerca de este coronavirus específico, pasando después a elaborar ellos mismos, junto al equipo investigador, un protocolo para la detección de su presencia en materiales inertes y aguas: "Sin duda ha resultado una experiencia tremendamente interesante que nos ha permitido traspasar la línea que marca la ciencia para conocer mejor este virus", apuntó ayer César Estébanez.