Condujo durante cuatro kilómetros en sentido contrario por la autopista A-66, entre Ujo y Mieres, bajo los efectos del alcohol y un “cóctel” de medicamentos muy fuertes. Provocó tres colisiones, con resultado de cinco personas heridas de diversa consideración. La justicia ha hablado: la titular del Juzgado de lo penal número 2 de Oviedo condena a este conductor kamikaze a cuatro años y seis meses de cárcel, además de al pago de una multa de 3.300 euros e indemnizaciones para el SEPA y el Ministerio de Fomento por los daños materiales causados en la calzada. Es culpable de un delito contra la seguridad vial de conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas y un delito de conducción temeraria, en concurso ideal con tres delitos de lesiones por imprudencia grave.

Los hechos ocurrieron el 15 de noviembre de 2017 y el desenlace podría haber sido fatal. El kamikaze llegó a cruzarse con otros ocho vehículos, la mayoría le avisaron –con señales luminosas y el claxon– de que circulaba en sentido contrario. Él prosiguió la marcha “de forma plenamente consciente”, según la sentencia.

Eran las 22.30 horas cuando el conductor, al volante de un Citroën Berlingo, salió de la autopista en el cruce de Ujo (conducía en sentido León). Según consta en la sentencia, “en lugar de continuar su trayectoria recta, y a pesar de existir una señal indicativa hacia la localidad de Ujo (...), efectuó la maniobra de giro a la derecha introduciéndose en el carril de deceleración de la A-66”. Es decir, volvió a la autopista hacia Mieres pero en la calzada en dirección León.

Cuatro años y seis meses de cárcel para un kamikaze que causó cinco heridos en Mieres

El primer coche con el que se cruzó circulaba en sentido correcto por el carril izquierdo (el kamikaze iba por el otro carril). Según manifestó en el juicio, le avisó con el claxon para que no prosiguiera la marcha. Dio el aviso al 112, lo mismo que el siguiente conductor con el que se cruzó. También llamó al Centro de Coordinación de Emergencias un hombre que conducía otro Volkswagen Golf. Otra furgoneta, en la que viajaban dos hombres, le alertó con señales luminosas para que abandonara de inmediato la calzada. El conductor kamikaze siguió la marcha, pese a las múltiples advertencias. Entonces se produjo la primera colisión: contra un BMW 118 Coupé que había adelantado a un camión. El conductor vio venir de frente al kamikaze, pero “no tuvo tiempo de volver completamente al carril derecho”. Colisionaron “de forma excéntrica, resultando el vehículo con daños de consideración y el conductor con lesión consistente en fractura abierta de tibia”. Tuvo que ser liberado por los bomberos.

El kamikaze causó otras dos colisiones. Una contra un Renault Mégane, en el que viajaban un hombre y su hija, y otra contra un Xsara Picasso, en el que también viajaban un conductor y su hija. Los cuatro sufrieron lesiones. Una de las jóvenes aseguró en el juicio que estaba escribiendo un wasap cuando escuchó gritar a su padre, que iba al volante: “¡Meca, ese loco qué hace!”. “No tengas miedo”, añadió, dirigiéndose a ella.

El kamikaze logró salir de la vía causando importantes daños en dispositivos de la calzada. A la llegada de los agentes de la Guardia Civil de Tráfico, que elaboraron un profuso atestado y testificaron en el juicio, estaba dentro del coche. Tuvo que ser liberado por los bomberos y trasladado al Hospital Álvarez-Buylla. Cuando se sometió a la prueba de alcoholemia, arrojó un resultado de 60 miligramos por litro de aire espirado (más del doble de lo permitido). Además, manifestó haber consumido varias medicinas totalmente incompatibles con el alcohol: Topamax (antiepiléptico), Palexia y Nolotil (analgésicos muy fuertes), Lormetazepan (ansiolítico) y Heipram (antidepresivo).