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El Valle ya ha perdido un tercio de los 1.400 inmigrantes que llegó a tener hace una década

La mayoría de los extranjeros son polacos que trabajaban en la mina y trajeron a sus familias, pero ahora llegan más saharauis y venezolanos

Un acto organizado por Intervalo, en una imagen de archivo. | Fernando Rodríguez

Un acto organizado por Intervalo, en una imagen de archivo. | Fernando Rodríguez

Langreo era, a principios de siglo, uno de los municipios de Asturias con una tasa más alta de inmigración. Era el destino más elegido por los trabajadores que entonces llegaban, por decenas, desde Europa del Este para trabajar en la mina. Ahora Langreo está a la cola de Asturias en

“La comunidad polaca está muy asentada en el concejo de Langreo”, explicó Benjamín Braga, presidente de la asociación proinmigrantes Intervalo. En el año 2010, cuando el censo de Langreo apuntó a 1.338 inmigrantes, había 319 personas que procedían de Polonia. Su caso, el de tantos hombres que se trasladaron a Asturias para trabajar en la mina, fue “especial”. Según Braga, “muchos reagruparon a su familia aquí, en Asturias, especialmente cuando el país entró en la Unión Europea”.

Hicieron un hogar, consiguieron una red de apoyo. Algo “muy complicado” para los inmigrantes, señala Benjamín Braga, y más desde que comenzó la crisis económica. “Muchos de los inmigrantes que había en el concejo se han ido por la falta de oportunidades. Algunos han vuelto a su país de origen y otros han migrado a otros países u otras comunidades con mejores perspectivas laborales”, señaló el responsable de Intervalo, que lleva décadas ayudando a los extranjeros que llegan al concejo.

Siguen con su labor. Porque, si bien el número de inmigrantes ha disminuido, la problemática es más dura que nunca. “Faltan recursos y tenemos que ayudarlos, volcarnos, para que salgan adelante”, señaló Braga. Ni los polacos ni el resto de los inmigrantes de la Unión Europea (un total de 384 en Langreo) son los que más acuden a la asociación. “En estos casos hablamos de personas inmigrantes que suelen tener un empleo y una familia aquí”, explicó Benjamín Braga.

Sus esfuerzos, aunque su puerta está abierta a todos, se destinan en mayor medida a los que más lo necesitan. Las nacionalidades que más acuden a la sede de Intervalo son saharauis y venezolanos. Los primeros, por todas las dificultades que surgen por su condición de “apátridas” en España. Los segundos, porque viven situaciones muy complicadas mientras esperan por el asilo político en el país. No son inmigrantes ilegales, pero tampoco consiguen documentación para acceder al mercado laboral.

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