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Diario de una colonia escolar

Los relatos sobre las incidencias ocurridas en Asturias en los campamentos estivales que impulsó la Institución Libre de Enseñanza

Diario de una colonia escolar

Diario de una colonia escolar / Ernesto BURGOS

Ernesto BURGOS

Dicen que la idea de sacar a los alumnos de las aulas para completar su enseñanza con la observación directa de la naturaleza se debe a Rousseau y sus seguidores, aunque en realidad muchos siglos atrás esta práctica ya era habitual entre los filósofos griegos que impartían sus enseñanzas al aire libre o paseando por los mercados con sus alumnos.

En España está claro que quien profundizó en este estilo pedagógico fue la Institución Libre de Enseñanza, muy influida por la idea de Fraternidad Universal que defendía la Masonería. De esta manera, sus maestros se preocuparon por la formación integral de los alumnos estimulando el auto-aprendizaje, la higiene y el ejercicio físico. Justo lo que se buscaba con las Colonias Escolares, desde que Manuel Bartolomé Cossío organizó la primera en 1887 llevando hasta San Vicente de la Barquera a 18 escolares madrileños de entre 9 y 13 años.

Los afortunados niños y niñas que asistían a las Colonias combinaban allí el aprendizaje con las vacaciones, superando esa contradicción que ahora vemos tan normal entre unos meses en los que se exige el máximo esfuerzo con otros en los que debe cesar cualquier actividad educativa. Lo que pretendían los pedagogos de la Institución Libre de Enseñanza era que la formación fuese un todo placentero donde las lecciones en el aula tenían la misma importancia que los juegos, procurando fomentar la comunicación y las relaciones colectivas, pero también el conocimiento y el desarrollo de la personalidad individual basada en las experiencias de cada momento.

Las Colonias fueron estableciéndose por todo el país y en 1923 la Dictadura del General Primo de Rivera les dio un nuevo enfoque apoyando económicamente la construcción de nuevas instalaciones, una tendencia que también mantuvieron las instituciones republicanas interesadas en fomentar el espíritu de colaboración y ciudadanía que se forjaba en las pequeñas aventuras que se vivían durante unos días en estos establecimientos.

Una de las actividades que adquirieron mucha importancia en este ambiente humanista fue la escritura de un diario personal que debían llevar desde los alumnos hasta los directores y profesores de cada Colonia. Para los alumnos era importante apuntar las experiencias vividas y saber resumir lo aprendido en cada jornada; en cambio el diario de los enseñantes era elaborado como un informe en el que se apuntaban todas las incidencias cotidianas detallando las charlas, lecturas, salidas educativas y cualquier cosa que tuviera interés para presentarlo posteriormente a los Ayuntamientos y las autoridades educativas.

Entre el 22 de julio y el 6 de agosto de 1932 el diario socialista “Avance” publicó un diario sobre la primera Colonia que se convocó aquel año para los mierenses en Salinas, firmado por M. Bergueiro López y Luis García Cascos, que aunque no es más que un trabajo periodístico nos sirve para conocer cómo eran los programas que debían cumplir los pequeños colonos durante aquellos días, que para no pocos fueron los mejores de sus vidas.

El relato comenzaba el día 15 con la partida en autobús desde las puertas del colegio “Aniceto Sela”, quien casualmente había sido el impulsor de las Colonias de Salinas en el lejano 1895. Allí se presentaron 30 niños procedentes de diferentes escuelas de Ujo, los valles de Turón y Cuna, los pueblos de montaña y la capital del concejo, para viajar hacia la Colonia, antes de las niñas que los iban a relevar cuando ellos retornasen.

Lo habitual era hacerlo así, aunque el día 19 del mismo mes los niños y niñas de Langreo y San Martín del Rey Aurelio sí viajaron juntos hasta la Colonia Escolar de Altura establecida en Vegacervera junto al director de la Escuela Graduada de Sama don Gervasio Ramos Álvarez, acompañado por dos maestros y dos maestras.

Aquí sin embargo la integración de sexos aún no se contemplaba. A lo largo de aquel verano hubo en Mieres dos Colonias para niños y entre ellas una para niñas, aunque las normas eran muy similares para todos: las niñas debían llevar hasta Salinas un vestido, una bata blanca, dos mudas de ropa interior, un par de alpargatas, dos de calcetines, seis pañuelos, un peine y un cepillo de dientes, todo ello en una bolsa de jareta, cambien ustedes el vestido por un atuendo masculino y tendrán el mismo equipaje.

Volviendo a aquella mañana, lluviosa como los tres días que siguieron y que iban a acabar provocando una inundación en Mieres, los padres antes de despedirse entregaron a los maestros pequeñas cantidades para que las administrasen cuando sus hijos quisiesen comprar alguna chuchería o un pequeño regalo. Y a las nueve, acompañados por el médico de la expedición don Juan González, partieron todos en un autocar de la empresa “El Federal” para llegar a Salinas solo dos horas más tarde.

Allí, apenas hubo tiempo para dejar las bolsas en el establecimiento y sin esperar más, los llevaron a la playa, donde algunos de los viajeros tuvieron su primer contacto con el mar. Luego hubo comida y después de la siesta fueron conducidos hasta la Colonia Universitaria donde se les realizó la ficha antropométrica. Al finalizar esta operación, bien avituallados con bollos y chocolate, visitaron la Fábrica de Arnao y ya de vuelta, la mayoría se dedicaron a escribir cartas a sus familiares. Finalizada la cena y antes de acostarse a las diez y media, aún hubo tiempo para escuchar al escolar José Argüelles cantar con éxito un par de asturianadas.

No les voy a contar lo sucedido día por día, pero deben saber que todos tuvieron la misma intensidad de la primera jornada, con baños, ejercicios gimnásticos, visitas, y charlas. Sin embargo sí quiero contar algunas anécdotas que nos sirven para conocer cómo se realizaba el aprendizaje gracias a la habilidad de aquellos maestros ejemplares que sabían aprovechar cada situación concreta y basar en ella una explicación científica.

Por ejemplo, al ver flotar en uno de los baños playeros una botella rodeada de percebes, uno de los pequeños quiso recogerla para enseñarla en Mieres: la curiosidad de los niños sirvió para motivar una lección improvisada acerca de los mariscos, sus formas, reproducción, vida y conservación, haciendo que los propios escolares dedujesen la imposibilidad de guardar aquel objeto que en pocas horas iba a resultar pestilente. Lo mismo que la caída de una piña cuando paseaban por un pinar próximo fue la excusa perfecta para hablarles de la ley de la gravedad y su descubrimiento.

También se sabía sacar provecho de la actualidad más inmediata. El 19 de julio se produjo en Avilés uno de los atracos más famosos de la historia de Asturias, cuyos entresijos aún presentan muchas dudas en nuestros días. Fue el robo de unas 100.000 pesetas perpetrado por siete atracadores en la Banca Maribona, quienes habían pasado el día anterior por Salinas visitando casualmente la misma fonda que servía la comida a los colonos. Entonces se hizo leer a los niños las noticias publicadas sobre el suceso y la persecución de los delincuentes, antes de impartirles una charla sobre la honradez y el respeto a las normas familiares y sociales.

Aquel mismo verano de 1932 se inauguró la Colonia Escolar de Altura establecida para los escolares del concejo de Aller en Puebla de Lillo, quienes según la prensa partieron hacia allí el día 3 de agosto en número de cincuenta en medio de una gran alegría: “Todo el trayecto fue un griterío constante de los niños con cánticos y vivas. El autocar izaba la bandera tricolor y en cada pueblo encontrado a su paso el vecindario salía a recibir a los niños, despidiéndoles cariñosamente”.

Tras el final de la Guerra Civil, las colonias escolares fueron sustituidas por campamentos de las Organizaciones Juveniles de FET y de las JONS en los que los conceptos de fraternidad y filantropía fueron sustituidos por “el fortalecimiento espiritual y físico de nuestros jóvenes con vistas a un mañana imperial”. La Iglesia también supo aprovechar desde el principio los privilegios que le otorgaba el nacionalcatolicismo completando la formación ideológica del franquismo con sus ceremonias religiosas.

Aunque a partir de 1960 todo empezó a cambiar. Ese año se creó la Organización Juvenil Española, que, aunque mantuvo el estilo falangista con uniformes, formaciones militares y cantos patrióticos alrededor del fuego, relajó mucho la disciplina de sus miembros fomentando las actividades lúdicas. También el Secretariado de Colonias de Cáritas, que había nacido en 1957, impartió su primer curso para Monitores de Tiempo Libre y las parroquias empezaron a organizar sus propias Colonias. Pero eso y lo que llegó en democracia con los Campamentos/Colonias donde las actividades se centraron en el aprovechamiento del tiempo libre y el deporte ya es actualidad y queda fuera de esta historia.

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