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El azote de la soledad en la comarca: más de 3.000 mayores de 65 años viven solos

El allerano Cándido Rodríguez lleva seis décadas sin compañía en una casa del siglo XIX: “Aquí estoy bien, ni yo molesto ni nadie me molesta”

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La vida de Cándido: seis décadas solo en una casa del siglo XIX C. M. Basteiro

Tiene un teléfono colgado en la cocina, pero no se sabe el número. Total, casi nunca suena. Una casa grande, que se ha congelado en el siglo XIX. Huele a la leña, al pan de maíz que se hornea en la cocina de carbón, al gallinero que está dentro

Cándido Rodríguez Baizán lleva más de cincuenta años viviendo en esa casa de Conforcos (Aller). Las gallinas, los gatos y unos pájaros que siempre acaban en su huerta son su única compañía. Mero ejemplo –peculiar, eso sí– de una cifra que preocupa en las Cuencas: solo en Mieres y Langreo, hay cerca de 3.000 personas mayores de 65 años que viven solas. La mayoría no lo escogieron. Cándido sí eligió su soledad.

Que lo cuente él. “Yo aquí soy feliz, no me molesta nadie y no le molesto a nadie. Nunca me casé ni tuve hijos”, afirma, y abarca con el brazo un paisaje verde desde su huerta. Se le iluminan los ojos. Según el Instituto Nacional Estadística (INE), cerca del 60 por ciento de los hombres que están solos comparten el estado civil de Cándido. Las mujeres son mayoritariamente viudas.

Cándido está soltero por elección y por destino. Porque él, dice, “iba pa cura”. Estudió durante once años. Primero en Villaviciosa, luego en Oviedo. Cursó dos años en la Universidad de Salamanca. Pero un bofetón le colgó los hábitos antes de vestirlos: “Un día saqué mejor nota que el hermano de un profesor y, de pura rabia, ese profesor me pegó un tortazu que me rompió el tímpano. Dije; ‘Hasta aquí’, y volví a Conforcos”.

La mayoría de las personas mayores que viven solas en las Cuencas están en la zona rural. El número total de viviendas unipersonales en Mieres y Langreo supera las 10.000. Según el INE, el 28 por ciento de los que viven solos en la región tienen más de 65 años. Una tasa que aumenta en las Cuencas y en las alas de Asturias.

Solo. Cuando se va la luz, todo se convierte en nada. Quizá por eso, a Cándido le gusta más la mañana que la noche. Madruga siempre. “Despacha” pronto las labores de la casa: “También tengo que atender a les pites y cuidar a los gatinos”. El corral, respetando la estructura tradicional de la casa, está dentro de la vivienda. Al final del pasillo, con la puerta cerrada. Antes de llegar, hay que pasar por el salón y la cocina, que están reformados, y por un “llar” intacto: como de museo etnográfico. Los dormitorios están en el piso de arriba.

¿No le gustaría tener una vivienda más nueva?

–No, para qué la quiero. Aquí ya invertí yo seis millones de pesetas en una reforma que le hice cuando la compré.

La vida de Cándido, 60 años solo en una casa del siglo XIX C. M. BASTEIRO

Eran los años cincuenta. Entonces Cándido era guardamontes, luego fue a picar a la mina. “Trabajé mucho, sí. Es lo que hice, por eso ahora quiero descansar”. Come temprano, antes de la una. Cuando el pan sale del horno. Da un paseo y se sienta en la antojana de su casa, si hace bueno, para leer. “Me gustan mucho los libros de historia asturiana y de arqueología”.

En los libros encontró siempre compañeros. Quizá por eso Cándido es de los que cuentan una buena historia sin saber que la están contando. “Hace unos años apareció una casa ahí arriba (a 300 metros de su vivienda) y me llamaron para que leyera lo que ponía en la puerta. Soy de los pocos que quedan que sabe leer bien la paleología”, explica. Las placas con las inscripciones se las llevaron, dice, “para un museo en Oviedo, me parece que para el Museo Arqueológico”.

Acompaña a los visitantes a la portilla de la finca. “Una vez al mes bajo a Collanzo a comprar, voy en taxi”. Casi imposible caminar por la rampa del pueblo que lleva hasta su casa, especialmente cuando llueve: “Está muy resbaladiza, ojalá nos eche un poco de hormigón el Ayuntamiento porque este invierno parece que va a ser duro”. Cuando le preguntan por el coronavirus, a él le sale el latín: “A peste, fame et bello, libera nos, Domine”. Ahora en castellano: “De la peste, el hambre y la guerra, líbranos, Señor”.

Los datos

Hogar unipersonal. Langreo y Mieres suman más de 10.000 hogares unifamiliares, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Desde los ayuntamientos matizan que son los datos del padrón, que podrían no ajustarse al cien por cien con la realidad de todos los casos.

Mayores. El INE publicó a principios de año que el 28 por ciento de las personas que residen solas en sus viviendas tienen más de 65 años. La tasa aumenta en las Cuencas y las alas de Asturias. 

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