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El precio del Huerna, señalado como fuente de la alta peligrosidad de Pajares

Los usuarios de la carretera del puerto afirman que la incómoda presencia de camiones desaparecería rebajando el peaje de la autopista

Dos camiones se cruzan en una de las zonas con mayores rampas del puerto de Pajares. | Miki López

Dos camiones se cruzan en una de las zonas con mayores rampas del puerto de Pajares. | Miki López

–Lo que pasa es que al que circula a cincuenta por hora se le tacha de garrulo al volante y hay conductores que te adelantan derrapando. Normal que haya accidentes.

Los vecinos del pueblo de Pajares conocen mejor que nadie los entresijos de una carretera que para los asturianos es mucho más que estratégica. La parroquia lenense se asoma a los mil metros altura y marca el inicio del tramo final de la subida, el más vertical y para muchos también el más peligroso. La aldea suma apenas un centenar de habitantes, que tienen que compartir el puerto con camioneros, esquiadores y usuarios de paso. “También hay bastante motorista y ciclistas”, indican. Actualmente, la calzada contabiliza casi 4.000 desplazamientos de vehículos al día, uno de cada 8, camiones, con mucho tráiler. Una proporción mucho más alta de lo normal en cualquier otra vía.

No hay estudio que no advierta de la peligrosidad que entraña circular por el Pajares. Tal vez la mayoría lo desconozcan, pero los conductores que remontan el puerto asumen un riesgo de accidente mucho más elevado del existen en cualquier otro tramo de la amplia red vial de la región. Por poner sólo un ejemplo, el informe Euro Rap elaborado por Real Automóvil Club de España (RACE) analiza los accidentes de tráfico contabilizados entre 2014 y 2016. La carretera de Pajares (N-630) es el tramo más peligroso de Asturias y el noveno de España. Durante ese periodo se contabilizaron nueve accidentes importantes, con un fallecido y ocho heridos graves.

Obras de mantenimiento, una constante que obliga a cortar uno de los carriles de la vía. | Miki López

En Pajares confluyen varias circunstancias que dan al puerto una singularidad que implica sobrellevar al volante un alto riesgo de accidentes. Se trata, junto a la autopista del Huerna, de la salida natural de Asturias hacia La Meseta por carretera. Teniendo en cuenta que el paso del Huerna es de pago, el sinuoso Pajares aparece como una alternativa atrayente por la que optan miles de conductores cada día. Y aquí radica uno de los problemas, muchos transportistas a los mandos de vehículos pesados, casi 3.500 a la semana, hacen uso del puerto. La presencia de grandes transportes ha disminuido con los años, pero sigue siendo muy significativa. Los profesionales buscan ahorros, si bien parece haber consenso en que lo ideal sería liberar al Pajares de esta pesada carga.

“Si quieren rebajar la siniestralidad del puerto, lo único que deben hacer es rebajar el precio del peaje del Huerna”, apunta Jorge Díaz Fernández, de la mierense Transportes Tuñón, una de las compañías del sector más refutadas y veteranas de la región. “Si hubiera en la autopista descuentos atractivos para los profesionales, los vehículos pesados desaparecerían del puerto, lo que dejaría diáfano el paso”, señala.

Y es que los adelantamientos son uno de los grandes problemas que genera circular por un Pajares con camiones. Aunque por el puerto transitan actualmente unos 300 vehículos pesados menos al día que en 2005, los aproximadamente 500 que optan cada jornada por este itinerario rompen el ritmo a muchos turismos. Los camiones son más potentes y fiables que hace 20 años, pero eso no es necesariamente algo positivo para la seguridad: “Antes te encontrabas con un camión a diez por hora y lo pasabas sin dificultad. Ahora van a cincuenta por hora y surgen las dudas. Y lo mismo pasa bajando, ya que los frenos son mucho más efectivos, lo que aligera la marcha del vehículo”, remarca Díaz Fernández.

Los transportistas de Castilla y León utilizan más asiduamente la calzada que los asturianos

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Los transportistas perciben con claridad que el puerto es más utilizando por profesionales de Castilla y León para entrar en Asturias que viceversa. La cementera de La Robla, por ejemplo, genera un gran trasiego de desplazamientos por Pajares para llevar clínker al puerto de Gijón (El Musel). “Normalmente los camioneros asturianos optamos por subir por el Huerna y regresar luego por Pajares”, explica Luis Gutiérrez, que pasa casi a diario por la Cordillera. El motivo esconde la lógica del pragmatismo: “Al salir hacia La Meseta sueles llevar el remolque cargado y sale más rentable pagar el peaje, ya que además sueles ir con plazos ajustados de tiempo y no puedes exponerte a retrasos. Sin embargo, de vuelta, con el camión sin peso, apenas sufre por el puerto”. Gutiérrez lo tiene claro: “Esta carretera es una maravilla si vas sin prisa”. Comparte el sentir generalizado del sector: “En el Huerna nos machacan y pagar 37 euros por entrar y salir de la región, sin descuentos como disfrutan los compañeros de otras regiones en sus autopistas, es inasumible. Con tarifas más baratas nadie iría hoy por el puerto Pajares”.

Las características de la carretera de Pajares hacen que los estudios que plasman su peligrosidad no hagan otra cosa que avalar lo que intuyen subjetivamente los usuarios. "Estamos ante una vía de alta montaña, con desniveles en muchas zonas incluso mayores de lo que dicen las señales y con algunas curvas bastante pronunciadas. Luego está la lluvia, el hielo, la nieve y la niebla. Es evidente el peligro", subrayan desde la Asociación de Empresarios del Transporte y Aparcamiento de Asturias (Asetra). El colectivo también apunta abiertamente al caro peaje del Huerna, cuya eliminación llevan años reclamando sin éxito.

Asumido que el puerto astur-leonés debe convivir con sus circunstancias, el sentir general es que la calzada es ancha y segura si se hace un análisis somero. Si se va al detalle, aparecen quejas: “Las marcas viales que delimitan las zonas de adelantamiento no están bien diseñadas del todo y no se desbroza habitualmente, lo que limita la visibilidad”, señala Jorge Díaz.

El director de la estación invernal de Valgrande-Pajares, Javier Martínez, ha llegado a subir el puerto hasta tres veces en un día. Pocos lo conocen como él. Podría trazar sus curvas de memoria, registrando cada pequeño defecto. “Hay zonas en las que el firme presenta parches de diferente rugosidad y, con humedad, estos puntos son muy traicioneros ya que, sobre todo subiendo, te pueden mandar al carril contrario, ya que pierdes la adherencia con cierta facilidad”. El gestor del equipamiento deportivo que corona la subida también echa en falta una cortesía al volante que, poco a poco, se ha ido perdiendo: “No recuerdo cuando fue la última vez que vi a un camión parar en uno de los amplios aparcaderos que hay junto a la carretera para dejar paso”.

Los conductores perciben una pérdida de cortesía al volante para facilitar adelantar

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Ramón García es un lenense que también remonta el puerto casi a diario: “Antes, los camioneros nunca iban uno pegado al otro, mientras que ahora muchas veces no te dejan espacio para adelantarles de uno en uno y nos les importa ir pegados, lo que hace que muchos conductores calculen mal y ocasionen situaciones de gran riesgo”.

El tráfico que generan los vecinos no es especialmente significativo. Al menos eso perciben ellos. “Quedamos cuatro pelagatos en los pueblos. Cada vez menos”, apunta Marisa González, vecina del propio Pajares. Ella, como casi todos, lo tiene claro: “El puerto no es peligroso, lo hacemos peligroso nosotros”. Asegura que ha visto de todo: “Hay conductores que van de lado a lado de la calzada, a gran velocidad y adelantando como locos”. Afirma que, salvo alguna excepción puntual, no son vecinos de la zona: “Aquí se genera poco tráfico, ya que hay transporte escolar y poca gente se tiene que desplazar para trabajar. Lo habitual es bajar a comprar a Pola de Lena”.

Conducir por Pajares cambia notablemente de hacerlo en verano a intentarlo en invierno. En este caso, el verbo intentarlo se puede aplicar correctamente, ya que es frecuente que las nevadas obliguen a cerrar la calzada o, cuando menos, al uso de cadenas. En invierno el paso no está garantizado. Y luego está la estación de esquí, que canaliza su propio flujo circulatorio.

El complejo lenense, pendiente de una importante inyección económica para su revitalización, ha llegado a contabilizar picos de hasta 4.000 vehículos. No obstante, un festivo medio se suelen registrar unos 1.500 desplazamientos. Por semana, una estimación podría rondar los 400. Joaquín Vázquez es un mierense usuario de la estación: “El puerto, sin prisa, no es peligroso, todo lo contrario. Es ancho y cómodo de conducir. La cuestión es que es una calzada que parece invitar constante a la imprudencia, con excesos de velocidad y adelantamientos ajustados”.

Y finalmente, entre los usuarios del Pajares hay que contabilizar a los ciclistas. El puerto tiene tirón entre los aficionados al pedal. Lorenzo Ablanedo fue ciclista amateur y ahora tiene una tienda de bicicletas en Mieres. Sube cada año dos o tres veces hasta Brañillín: “Ahora no está muy de moda, ya que lleva unos años sin estar en la Vuelta España, pero sigue siendo un referente”. Ablanedo sostienen que el riesgo para el ciclista no es mayor que en otras cimas: “Es cierto que hay tráfico y muchos camiones, pero se respeta y se guardan las distancias. Diría que es más incómodo que peligroso”.

La calzada, entre Campomanes y el alto del puerto, registró el año pasado cinco accidentes graves con el resultado de dos fallecidos. Estas cifras, unidas a una Intensidad media diaria de tráfico (IMD) de 3.908 vehículos, catalogan este tramo como de peligrosidad media-alta. Los usuarios perciben el riesgo. Lo curioso es que lo solución parece encontrarse en el cercano Huerna, el cercano valle que remonta la cordillera al oeste y por la que culebrea una polémica autopista de pago. El Pajares despunta por encima.

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