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Así es Juan Antonio del Peño, el discípulo díscolo de Mallada que abandona el PP

El edil, referente del partido en Aller durante más de una década, toma esta decisión tras un largo conflicto con la Junta Local

Juan Antonio del Peño, ayer, tras darse de baja en el PP. | Julián Rus

Juan Antonio del Peño, ayer, tras darse de baja en el PP. | Julián Rus

Exminero. “Pateador” de pueblos. “Dinamiteru”. Si alguien pregunta en Aller por Juan Antonio del Peño, pocos dirán a la primera que es un concejal del PP. Porque, con él, siempre pesó más el personaje que el cargo. El ya exedil del Partido Popular en el concejo durante 16 años, ha entregado su renuncia a la militancia en la sede regional. Seguirá como concejal no adscrito.

Lo hizo con pena. Los que lo conocen, saben que es de emocionarse rápido y de sangre a cien por hora. De boca grande y alma blanda. Esta renuncia pone fin a una relación política muy estrecha con la que ahora es presidenta del PP de Asturias, María Teresa Mallada. Fue su discípulo. La llamaba “Tere” o “Terina”. También termina con meses de conflicto entre él y los miembros de la junta local, que ahora encabeza Juan Sutil Salas. Un rifirrafe que empezó en las últimas elecciones municipales. Quizás un poco antes. La lucha puso en jaque a un partido que, en Aller, siempre estuvo bien atado. ¿Quién es Del Peño, el discípulo díscolo de Mallada que ahora abandona el PP?

Es todo mina, y le cuesta arriar la bandera. Nació en el año 1961, en Villablino. Puro accidente: la familia se había trasladado temporalmente porque el padre trabajaba en una explotación de la localidad leonesa. “Pero a mi ya me bautizaron en Cabañaquinta”, matiza siempre que puede el concejal.

Se siente orgulloso de ser allerano. De su tierra y de sus gentes. Tiene las botas gastadas de tanto picar a las puertas: “No hubo pueblo que no se pateara a lo largo de estos años, desde que llegó al Ayuntamiento. Es un político de los de antes, de los que se ponen las botas de montaña y van donde sea”, señalan antiguos compañeros de Corporación que no comparten su signo político. Dio al PP una visibilidad, dicen esos mismos compañeros de la bancada de enfrente, que “le vino muy bien a Mallada”.

María Teresa Mallada, explicó siempre Del Peño, fue una maestra política para él. “Vino a casa a buscarme, yo entonces no tenía ninguna mira política”, afirmó el concejal hace ya tiempo, antes de que este conflicto estallara. Era su sombra, su aliado. No se amedrentaba para defenderla. “Mallada me ha defraudado, solo le interesa llegar a la cima a cambio de lo que sea”, afirmó Del Peño en una entrevista, publicada este lunes, con LA NUEVA ESPAÑA.

Duras palabras para los que antes fueron amigos. Pero lo cierto es que, dicen personas próximas a este conflicto, Mallada no le dio la espalda a lo largo de estos meses. Tampoco le volvió a tender la mano. Cuando llegaron las elecciones municipales, Juan Antonio del Peño fue sustituido como candidato –tras unos comicios al frente de la lista– por Juan Sutil Salas. La versión de Del Peño es que, poco a poco, lo fueron apartando. Llegaron a quitarle las llaves de la sede del partido en Moreda. Las imágenes de las juntas locales del PP de Aller se comparten a menudo en redes sociales. Del Peño nunca está en la foto. “Dejaron de llamarme. Hoy he hecho lo que tenía que hacer”, afirmó, en la calle Manuel Pedregal.

Pero esto no es una película de buenos y malos. Esto es la vida. Y, mientras que la relación se enfriaba con la Junta Local, Del Peño no se quedó de brazos cruzados. En varias ocasiones, en el Pleno, rompió la disciplina de partido y votó en contra de su grupo. “Me debo a los vecinos más que a unas siglas”, repitió él cada vez. Una sentencia que nunca se cansó de repetir.

Lo hizo en 2012, cuando el Gobierno del PP toreaba al ya estrecho sector de la minería del carbón. Fue a las movilizaciones, hizo declaraciones públicas de apoyo a los trabajadores. Recibió con aplausos a la “Marcha Negra” en Madrid. Defendió el mantenimiento del pozo Santiago, en Sotiello (Aller): “Si nos quedamos sin esto, quedamos casi sin concejo”, llegó a decir.

Por sus venas, valga el tópico, corre sangre minera. Trabajó en “chamizos” hasta que entró en Hunosa. Trabajó en Minas Figaredo hasta su prejubilación. Lleva casado 36 años con su mujer. Buena parte de la familia se ha dado de baja del PP por este conflicto tan airado: “Es una pena. Siento pena porque la tengo que sentir. En ese papel de la renuncia, dejo casi veinte años de mi vida”, dijo ayer, ocultando sin éxito una voz que temblaba.

Seguirá en el Ayuntamiento de Aller como concejal no adscrito. Lo hará, dice, porque lo debe a los vecinos: “Hubo mucha gente que votó al PP porque es del PP, otros por otros miembros de la lista. Pero también hubo gente que votó al PP porque yo iba en la candidatura. A ellos me debo”, sentenció. Y, viniendo de Del Peño, es fácil creérselo. No es de los que apuestan por el caballo ganador. Es de esos pocos políticos que siempre echa una mano. No por ellos, no por el partido, no por los votos. Solo por el concejo. Juan Antonio Del Peño es de los que no miran apellidos ni antigüedades, responde siempre al teléfono de periodistas y vecinos. De los que explica todo lo que sabe, comparte lo que tiene y no se guarda nada. Así es Juan Antonio del Peño: el exminero, el “pateador de pueblos”, el “dinamiteru”.

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