Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El valle del Caudal, con minería, tiene un 34% más de accidentes que el del Nalón

Mieres, aún con el pozo Nicolasa activo, encabeza el balance de las Cuencas con un total de 389 siniestros; Aller lidera la tasa de incidencia

Un minero trabajando en el interior del pozo Santiago, en Aller. | Miki López

Un minero trabajando en el interior del pozo Santiago, en Aller. | Miki López

La minería sigue dejando su huella “negra” en las Cuencas. La comarca del Caudal, que mantiene actividad extractiva en el pozo San Nicolás (Nicolasa, en Ablaña), registró en 2019 un 34 por ciento más de accidentes laborales que la del Nalón. En números redondos: 758 frente a 507 siniestros. Los expertos consultados por este diario afirman que la actividad minera es la principal causa de esta diferencia en el balance de los dos valles mineros, sin olvidar la actividad de otros sectores ligados a la minería –como los talleres mecánicos–.

El final de la minería llegó el 31 de diciembre de 2018, con los últimos relevos en los pozos Carrio (Laviana) y Santiago (Aller). Entonces la labor extractiva quedó limitada a Nicolasa, aunque los trabajos de postcierre se mantuvieron también en los pozos anteriormente citados. El municipio que encabeza la lista de siniestralidad laboral es, precisamente, Mieres. Durante 2019 se produjeron 389 siniestros, uno de ellos mortal –en la térmica de La Pereda–. Le sigue Langreo, donde el balance arroja un total de 328 accidentes (dos graves).

Son cifras absolutas. En cuanto al índice de incidencia, los accidentes que se producen en relación al número de trabajadores expuestos al riesgo, Aller está a la cabeza. El municipio registró en 2019 un total de 297 siniestros (tres graves), fue el tercer municipio en el balance. Una cifra muy elevada si se compara con Lena, de similar población: este último municipio tuvo cuarenta accidentes laborales (uno grave).

“La única diferencia entre los dos municipios es la actividad minera que mantenía en 2019, aunque de forma residual, el concejo de Aller”, explicaron desde el Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales (IAPRL). Los dos concejos tienen una extensión casi idéntica, puertos de montaña (lo que podría influir en los accidentes in itínere) y están ligados a la actividad económica relacionada con la nieve.

Esa misma actividad minera se mantenía en Carrio, aunque el balance de siniestralidad laboral es mucho mejor. Laviana cerró 2019 con 69 accidentes, solo uno grave. En Sobrescobio se registraron doce siniestros, frente a los ocho de Caso. En los dos municipios menos poblados del caudal, Riosa y Morcín, hubo 28 y cuatro accidentes respectivamente. Una diferencia que está ligada la mayor actividad industrial en el concejo morciniego, con el polígono de Argame.

Las cifras del sector

La caída de la actividad minera fue drástica durante la última década. No ocurrió lo mismo con la siniestralidad –que no el número de accidentes–. Según el último informe sobre el Mercado Laboral de Asturias, que publica anualmente el Servicio Público de Empleo (SEPE), están afiliados a la seguridad social –en el capítulo de la minería– un total de 2.343 trabajadores de la región. En 2010, eran casi 5.000 mineros. Es decir, la plantilla se ha reducido aproximadamente a la mitad. En cambio, la siniestralidad solo se ha reducido en un once por ciento. Aún más: el sector extractivo de hulla y antracita sigue siendo el oficio más peligroso en Asturias. Los mineros tienen cinco veces más riesgo de sufrir un accidente que los trabajadores de la construcción.

El año 2019 fue difícil para el sector. Tras nueve años de respiro, se produjo un accidente mortal en el sector de la minería. Ocurrió en el mes de agosto y la víctima fue un joven gijonés que trabajaba para una empresa auxiliar de Hunosa. Cayó desde una altura de algo más 30 metros cuando realizaba labores de mantenimiento en una chimenea de la central térmica de La Pereda. Era un mantenimiento rutinario, explicaron sus compañeros. Hasta el lugar se trasladaron los sanitarios, que no pudieron hacer nada por salvar su vida.

En 2011, un trabajador del pozo Candín falleció tras quedar atrapado entre una máquina y una tolva. Los datos son muy distintos echando la vista atrás. En el año 2000, el sector extractivo en Asturias registró 10.017 accidentes. De este total, 9.941 accidentes fueron leves y 60 graves. Hubo un total de 16 muertes en las minas (de hulla y antracita) de la región.

Cifras que ponían a Asturias a la cola nacional en seguridad laboral. En los años noventa, la región era la segunda empezando por abajo. Ahora está a la cabeza. De hecho, Asturias y Cataluña son las únicas comunidades de España que habían logrado mejorar su tasa de seguridad en el trabajo durante los últimos años. Faltan ahora por conocer los datos regionales de 2020, que se harán públicos en unas semanas. Se prevé que el balance empeore sensiblemente, tras registrarse varios accidentes mortales en el último año.

Compartir el artículo

stats