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De lo nuestro | Historias Heterodoxas

Amor y revolución

La historia de la pareja formada por Felipa del Río y Narciso Gil, que se inició un Primero de Mayo y acabó con el fusilamiento del hombre

Amor y revolución

Ya les he contado alguna vez la profunda división que supuso en el movimiento obrero la convocatoria de la III Internacional: muchos socialistas, sobre todo jóvenes se identificaron con la nueva tendencia comunista y abandonaron el PSOE. También se dividió el SOMA dando origen al Sindicato Único de Mineros y hasta los anarquistas de la CNT vivieron en su seno la influencia de los terceristas por el atractivo que suponía el supuesto paraíso de la Rusia soviética.

El enfrentamiento llegó a lo personal e incluso a la violencia, con frecuentes choques entre los partidarios de las distintas ideas que fragmentaron la necesaria unidad de la izquierda. Esta tensión tuvo su reflejo en las convocatorias del Primero de mayo, donde las manifestaciones se celebraban por separado y socialistas y comunistas competían en las cuencas mineras por reunir el mayor número de banderas y agrupaciones.

En 1933 se llegó al punto más crítico en Mieres. Según la crónica del diario “El Noroeste” nunca se había estado tan cerca del luto en los más de treinta años que estas manifestaciones llevaban celebrándose, incluso en épocas de dura represión policial: “Este Primero de Mayo nos hizo recordar la histórica Sanjuanada en la que perecieron más de diez mierenses quedando otros inútiles. Por una verdadera casualidad no ha ocurrido una verdadera catástrofe”.

Repasando lo ocurrido en aquella jornada, vemos que los socialistas habían salido a las 10,30 de la mañana precedidos por la Banda de Música municipal, recorriendo toda la villa hasta juntarse a la altura de La Coca con las columnas que llegaban desde Turón, Figaredo, Ujo y el valle de Cuna para volver hasta el Centro Obrero de Requejo donde hablaron José Barreiro, Francisco Sánchez y Teodomiro Menéndez.

Lo mismo hicieron una hora después los comunistas, partiendo desde la confluencia de las carreteras de Oviedo y la Güeria de San Juan para recoger a sus camaradas de los otros pueblos en Bazuelo en una marcha más numerosa que la de los socialistas, que estuvo acompañada por la Banda de Música de Turón, gaitas y tambores e incluso una sección de 80 ciclistas.

Pero cuando venían de vuelta fueron frenados frente al hotel Iberia por diez guardias de asalto al mando de un teniente que les instó a dejar la carretera para entrar en la población –se sabía que obedecían la orden de las autoridades municipales socialistas que ya habían intentado otros años boicotear la demostración comunista–, los manifestantes se negaron y comenzó una negociación que fue subiendo de tono hasta que los guardias llegaron a montar sus fusiles sin percatarse de que más de un centenar de jóvenes habían ido subiendo por una escombrera para reaparecer tras ellos dejándolos rodeados. Afortunadamente, tras unos momentos de incertidumbre, el teniente decidió retirarse dejando libre el paso, lo que evitó una matanza.

Lo que nadie imaginaba en aquel momento era que un año después todo iba a ser distinto y con la excepción del partido comunista, el resto de las organizaciones ya se iban a manifestar juntos apostando en Asturias por la Alianza Obrera, aceptando la propuesta de Joaquín Maurín, líder del minoritario Bloque Obrero y Campesino que contaba con una pequeña pero activa estructura en Mieres.

Amor y revolución

Amor y revolución

La lluviosa mañana del 1 de mayo de 1934 en La Felguera y Sama de Langreo el PC y la UGT siguieron manifestándose por separado mientras que los anarcosindicalistas decidieron permanecer al margen. Sin embargo en Laviana se desarrolló otra marcha y un mitin unitario con la presencia de un pequeño grupo de comunistas llegados desde Ciaño, a los que se permitió intervenir, aunque uno de ellos fue silbado cuando criticó a la Alianza Obrera.

En Mieres, a pesar del mal tiempo la convocatoria conjunta fue un éxito y pudieron verse más de 100 banderas de sociedades obreras revolucionarias llegadas de toda la cuenca del Caudal. Siguiendo la costumbre, la columna de Ujo bajaba por la margen izquierda del Caudal para unirse a la altura del puente de Santullano con los grupos que venían desde el valle de Cuna. Al frente iba un grupo de muchachas entre las que se encontraba Felipa del Río, una simpática joven de 17 años, de rostro alegre, que al pasar ante las casas de Reicastro llamó la atención de un hombre mayor cuya salud le impedía incorporarse a la marcha, pero que quiso mostrar su solidaridad entregándole una peonía que ella colocó en su ropa.

Poco después de las doce, la manifestación llegó frente a la Casa del Pueblo donde se habían instalado altavoces en la calle para que todos pudiesen escuchar a los representantes del Partido Comunista Manuel Vidal y Adriano Romero, y a Joaquín Maurín, quien había llegado para apoyar a la Alianza Obrera en Asturias; los presentó el socialista y miembro de la ejecutiva nacional de UGT Manuel Albar.

Aunque los dos primeros oradores expresaron su postura contraria a la Alianza fueron respetados y el acto resultó brillante; ya por la tarde Manuel Albar y Joaquín Maurín repitieron su intervención en Langreo en otro mitin unitario presidido por Belarmino Tomás y en el que también habló Avelino Fernández por la CNT.

Maurín se quedó después en la casa familiar de Manolé Grossi desde donde se desplazó a otras localidades hasta que el día 4 participó de nuevo en Mieres en otro acto pro Alianza Obrera junto a Albar y Juan Pablo García de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas.

Volviendo a la mañana del día 1, entre la multitud hubo quien supo ver más allá del momento revolucionario y se fijó en aquella chica que llevaba la flor en su pecho. Era un minero llamado Narciso que se acercó a ella iniciando una conversación intrascendente, sin saber que estaba abriendo la puerta a una intensa relación a la que un pelotón de fusilamiento iba a poner punto y final tan solo tres años y medio más tarde.

Felipa del Río era la última de seis hermanos nacidos en Villagómez La Nueva, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid en el que su padre había trabajado como herrero hasta que en 1919 vino como tantos otros castellanos hasta la cuenca del Caudal buscando un salario más seguro. Aquí entró en la mina con sus tres hijos varones, dos de los cuales salvaron sus vidas en julio de 1923 cuando la tragedia visitó el pozo Baltasara dejando 13 muertos.

Narciso Gil, que también era hijo de leoneses, en cuanto pudo cambió la mina por el trabajo en la traída de aguas que se estaba abriendo entre Aller y Mieres; entonces le ofrecieron la oportunidad de entrar en la plantilla de Fábrica de Mieres y aceptó sin dudar, aunque la casualidad quiso que el mismo día fijado para su incorporación comenzase la guerra civil, en la que combatió como teniente del Ejército republicano.

La pareja contrajo matrimonio en 1936 y tuvo dos hijos, Narciso y Olga, que su padre no pudo ver crecer, ya que tras la caída del Frente Norte fue detenido y trasladado a la cárcel de Oviedo donde lo fusilaron tras un juicio-farsa el 31 de mayo de 1938.

El resto de la familia sufrió igualmente las consecuencias de la derrota: Mariano, el padre de Felipa, que nunca había tenido significación política, fue empujado por unos falangistas al paso de un tren en la estación de Ujo; uno de sus hermanos cayó en el frente de Bilbao, casi al mismo tiempo en que nacía su hijo en Mieres; el segundo desapareció dejando viuda y seis hijos y seguramente sus restos se encuentran en alguna de las fosas comunes del Alto Aller y el tercero pasó en prisión más de una década, primero por su pertenencia al ejército republicano y más tarde por su militancia política.

Mientras tanto Felipa y su madre Emilia pudieron sobrevivir en la posguerra gracias a una pequeña tienda abierta en Ujo y ayudándose con el estraperlo de productos de primera necesidad que traían escondidos en el tren desde León a Asturias. Ambas fueron condenadas por esta actividad a reclusión domiciliaria y a prisión en la cárcel de Oviedo.

Ya en la década de 1970 Felipa del Río participó desde su creación tanto en las actividades de la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa Común de Oviedo como en la Asociación de Viudas de la República “Rosario Acuña”, convirtiéndose en su referente para la comarca de Mieres, una labor que el pueblo reconoció otorgándole el galardón “Mierense del año” en 2006.

Felipa falleció el 23 de marzo de 2013 y pidió que sus cenizas se depositasen sobre la fosa común de Oviedo donde están enterrados los restos de Narciso. Así se hizo.

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