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Arrecian la quejas de los viajeros del tren entre Gijón y Laviana por el “abandono” del servicio

Los usuarios denuncian el mal estado de las estaciones y de los convoyes: “Estamos hartos, nos dejan tirados un día sí y otro también”

La estación de Feve en La Felguera.

La estación de Feve en La Felguera.

La línea de la antigua Feve entre Gijón y Laviana está sufriendo una sangría de usuarios, con una tercera parte de los viajeros que tenía a principios de siglo. Una pérdida que viene motivada, en buena parte, por el hartazgo de los propios usuarios que utilizan este servicio: “Estamos hartos , cansados y furiosos. Los trenes nos dejan tirados un día sí y otro también”.

Muchos de ellos siguen usando los trenes debido a que no cuentan con otro medio para acudir a su lugar de trabajo o centros de estudio. Sin embargo, los problemas son continuos. “En un momento puntual y por una circunstancia determinada, un día puede fallar pero en estos últimos tiempos lo normal es que funcione bien un día y el resto siempre haya algún problema”, explica una usuaria que utiliza la línea entre Noreña y Laviana. Entre los problemas que da el servicio, está el de la catenaria, que se hiela por falta de mantenimiento, o los propios convoyes, que están anticuados. O la vía, que “tampoco se encuentra en las mejores condiciones”, o con las máquinas de billetes. Sobre este último punto, los usuarios se quejan de la sustitución de personal por estas máquinas “que lo único que consiguieron fue perder viajeros, porque las estaciones están con un gran abandono y cuando tienes un problema tienes que recurrir a las máquinas para que te lo solucionen; te puedes pasar con suerte media hora para que te contesten”, explican.

Sin duda uno de los problemas que más quejas despierta entre los usuarios es el estado de los propios trenes. “Cuando no fallan por una cosa fallan por otra, la calefacción funciona según el tren, puedes viajar en verano con calefacción y en invierno con aire frío”, apuntan. Otro problema es el mal estado de las estaciones. “Donde no hay taquillas abiertas, no hay nadie que controle a las personas que entran y suelen ser espacios donde se reúnen los jóvenes para hacer botellones: además suelen tener rotas las puertas y los baños”, explican. Además, dan cuenta de muchas personas que se cuelan en el tren al no haber personal.

Otro aspecto destacado es la falta de seguridad dentro del tren. “No hay revisores, ni interventor; la gente viaja con la mascarilla debajo de la nariz o se la bajan cuando entran en el tren”, apuntan los viajeros.

Es más, una usuaria asegura que “hay un grupo que viene todos los días al instituto que van fumando dentro del vagón, cantando a voces y pegando patadas a las paredes y asientos”, una situación ante la que asegura que “he pasado miedo a veces. El maquinista a veces se enfrenta a ellos pero otras veces no se atreve”. Relacionado con este punto, también los viajeros dan cuenta de la falta de iluminación en algunas estaciones, lo que las hace más inseguras. A veces, “hay pasajeros que se pasan de parada, aunque se podrían utilizar otros medios para informar de las diferentes paradas del tren”.

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