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La reactivación fallida: la nave de Diasa sigue sin vender diez años después de la liquidación

La farmacéutica, que llegó a crear cien empleos, se presentó como un emblema de la reconversión y cerró con quince millones de deuda

Las instalaciones de Diasa Pharma, en el polígono de La Cuadriella (Turón).

Las instalaciones de Diasa Pharma, en el polígono de La Cuadriella (Turón).

En enero de 2011, el tejido industrial de la comarca se tambaleó. No en vano, acababa de caer un “gigante” de la reconversión: fue entonces cuando el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Oviedo dictó la liquidación de la empresa Laboratorios Diasa Pharma, asentada en el polígono de La Cuadriella (Turón, Mieres). Un derrumbe lento, que se alargó durante dos años de impagos, EREs y búsqueda contra el reloj de nuevos inversores. Nada salvó a la compañía, que fue presentada como un emblema de la reconversión minera y que llegó a crear un centenar de empleos. Cerró con 15 millones de deuda. Aún hoy, no ha conseguido vender sus activos y hay trabajadores que reclaman salarios y liquidaciones impagadas.

La presentación de Diasa Pharma fue casi romántica. Una gran empresa farmacéutica, que preveía la creación de más de cien empleos, en el valle más castigado por la caída de la minería: en Turón, ocupando el ochenta por ciento de la superficie del polígono de La Cuadriella. Recibió una importante inyección de fondos mineros y tenía como socio a Sadim Inversiones, entonces filial de diversificación de Hunosa.

Abrió sus puertas el 21 de noviembre de 2007. Tenía una capacidad de producción de once millones de envases por año y turno (la factoría trabajaba a dos turnos). Pronto empezaron los problemas. Fuentes de la antigua plantilla afirmaron que, en aquella planta, “reinaba el descontrol”. Tanto como que se compraban máquinas que no se ajustaban a los productos que fabricaban. Lejos de invertir en el arreglo, se desechaban. También afirmaron que “entre la gestión, había muchos empresarios y pocos farmacéuticos”. La producción estaba coja “de personal formado”.

Y, en 2009, estalló la bomba. La plantilla denunció que llevaban meses sin cobrar. La empresa replicó que se trataba de un problema “puntual” con su socio mayoritario, Sadim Inversiones. Pero no fue así. Empezó entonces el calvario de los recortes en la plantilla y se declaró en concurso de acreedores. Los administradores intentaron salvar la factoría, pero no hubo éxito.

El caso terminó en los juzgados. Una de las sentencias terminó por inhabilitar a Sadim Inversiones, acusando a la filial de Hunosa de “mala gestión” en el caso Diasa. Mientras tanto, algunos trabajadores siguen sin cobrar hasta 10.000 euros en concepto de salarios impagados.

“Somos los que nos quedamos a barrer”, afirman, en referencia a que estaban en la empresa el día que bajó la persiana. Una planta que siguió dando que hablar aun sin actividad: hubo robo de medicamentos y actos vandálicos, hasta que se reforzó la seguridad. La factoría está a la deriva. Y es “prácticamente invendible”, avisan los sindicatos.

¿Por qué? Porque tantos fueron los créditos firmados, que ahora varios bancos son propietarios de las instalaciones. Sí encontraron comprador unas oficinas y los coches.

El entorno de las instalaciones está lleno de maleza y solo se conserva impoluta la señalización: “Laboratorios Diasa Pharma”, en un cartel que se ve de lejos. Una suerte de lápida por todo lo que falló en la diversificación.

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