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De lo nuestro | Historias Heterodoxas

De cómo el ajedrecista Boris Spassky llegó a jugar en Mieres

La participación del campeón ruso en un torneo de exhibición celebrado en 1983 en el concejo que fue promovido por José Antonio García

De cómo el ajedrecista Boris Spassky llegó a jugar en Mieres

En 1983 la Feria de Mieres, que había nacido como una actividad más dentro del programa de las fiestas patronales de San Juan, llegó a su tercera edición con 50.000 visitantes certificando su éxito, lo que permitió ampliar al año siguiente su convocatoria a la minería. Entonces la ilusión y la esperanza de muchos sectores de la población hacían posibles estos empeños.

En aquel 1983 la exposición estuvo abierta 11 días –del 17 al 27 de junio– reuniendo 38 stands en el recinto del instituto de Formación Profesional y se completó con presentaciones de libros, un certamen de alta peluquería, conferencias, actuaciones de diferentes coros y exposiciones de pintores locales. Las autoridades de la flamante Autonomía regional estuvieron presentes y con ellos el ministro de Justicia Fernando Ledesma y el presidente del Consejo del Poder Judicial Federico Sainz de Robles.

Pero, sin duda, el plato fuerte que hizo pasar a aquellas fiestas a nuestra pequeña historia fue la exhibición del ajedrecista ruso Boris Spassky, que en aquel momento era un personaje popular en todo el mundo.

El ajedrez siempre ha tenido arraigo en la Montaña Central y especialmente en la cuenca del Caudal. En las décadas de 1970 y 1980 existían grupos de aficionados en las diferentes asociaciones que funcionaban en la villa y en muchos bares y cafeterías se organizaban habitualmente partidas, casi siempre tras la hora del dominó que acompañaba las sobremesas. Quienes hayan vivido su juventud en esos años seguramente recordarán cómo en el emblemático Café Carolina los jóvenes acompañaban a menudo sus consumiciones con la tradicional baraja o un tablero en el que los más torpes colocaban las damas y los más avezados las piezas de ajedrez.

El Casino de Mieres acabó convirtiéndose en el motor de aquel movimiento por la iniciativa de uno de sus socios: José Antonio García García, quien también había sido miembro del grupo de ajedrez de la Casa de la Juventud y propuso a la directiva de la histórica entidad recreativa la creación de una sección dedicada a este juego. José Antonio era un hombre discreto, pero muy conocido tanto por su participación en diferentes actividades asociativas como por su trabajo cara al público, primero en el Banco Asturiano y luego en el Banco de Bilbao cuando la entidad financiera regional fue absorbida. Aunque su verdadera pasión siempre estuvo en el ajedrez y encontró en aquel Casino, que entonces era una de las entidades más vivas de la villa, el escenario adecuado para impulsar su desarrollo.

La propuesta contó desde el principio con el apoyo de la Federación Asturiana y en 1981 ya se pudieron organizar el primer Torneo Social Individual y el primer Torneo Comarcal por Equipos “Villa de Mieres”.

Al año siguiente el club de ajedrez del Casino de Mieres ya estaba constituido y federado a todos los efectos y en 1983 fue capaz de presentar una agenda envidiable que incluyó un campeonato provincial con la participación de 20 equipos y 250.000 pesetas en premios; el campeonato de ajedrez de Asturias de 2º Categoría; el segundo “Villa de Mieres” y un curso gratuito de ajedrez para niños, que se impartió cada viernes y acabó reuniendo a unos 50 asistentes.

A principios de aquel 1983 llegó la noticia de que el prestigioso Torneo Internacional de Ajedrez “Ciudad de Linares” iba a reunir en la ciudad andaluza al americano Yaser Seirawan y a los mejores jugadores de Europa, entre los que se encontraban el alemán Rober Hubner, el yugoslavo Ljubomir Ljubojevic y los rusos Mihail Tal, Artur Yusupov, Anatoly Karpov y Boris Spassky.

La convocatoria se fechó para la semana del 11 al 26 de febrero y un grupo de aficionados mierenses se decidió a acudir hasta allí para ver la posibilidad de traer hasta aquí a alguno de aquellos campeones. Junto a José Antonio García se desplazaron hasta Linares Bienvenido Peláez, Teodoro Pérez, Lorenzo Iglesias, y con ellos Francisco Montero, que era vecino de Olloniego.

Finalmente el torneo se resolvió con la victoria de Boris Spassky mientras que su compatriota Karpov, que entonces era campeón del mundo, tuvo que compartir el segundo puesto con el sueco Ulf Andersson.

Spassky también había sido campeón del mundo entre 1969 y 1972, hasta que perdió su título con el americano Bobby Fischer en un duelo que llegó a interpretarse como un símbolo del enfrentamiento entre las dos potencias y se tomó como una cuestión nacional en la Unión Soviética. Desde entonces su derrota le había hecho perder la confianza de las autoridades de su país y por lo tanto el respeto de sus compatriotas, un alejamiento progresivo que culminó en aquel mismo 1984 cuando el ajedrecista solicitó la nacionalidad francesa.

La delegación mierense no perdió el tiempo en Linares y a su regreso la prensa regional dio la noticia de que Spassky se había comprometido a jugar una partida simultánea de exhibición en Mieres. Cada participante tendría que abonar 1.000 pesetas y los asistentes una cantidad que oscilaba entre las 25 y las 50 pesetas para completar la financiación del evento, asumida en su mayor parte por el mismo Casino y la Feria Industrial de Mieres. Por su parte, la Federación Asturiana que ya había aportado en enero 25.000 pesetas para la celebración del Open de Mieres, no quiso colaborar en este evento que se había convocado sin ella, lo que motivó la crítica del diario “Región” que la calificó de mortecina y abúlica.

Spassky llegó a Mieres el día 22 de junio y a las 19.30 ya dio una charla en el Casino contando su vida. A la mañana siguiente fue recibido en el Ayuntamiento y a continuación ofreció una rueda de prensa en los propios locales de la Alcaldía, y por la tarde llegó la esperada partida, que se desarrolló en los locales de la Feria Industrial de Mieres, en la calle Primero de Mayo, y fue televisada en circuito cerrado por la empresa local Electrodomésticos Souto prolongándose desde las cinco y media de la tarde hasta las diez y media de la noche.

El excampeón del mundo jugó contra 25 aficionados, de ellos 10 eran locales y otros 15 representaban a diferentes clubes asturianos, aunque el Grupo Covadonga, de Gijón, único equipo en Primera División Nacional no acudió porque demandaba más plazas. Y el equipo Ensidesa de Avilés tampoco se sentó alegando que se le había escamoteado un tablero.

Boris Spassky cerró la jornada con 19 victorias y 6 tablas y a primera hora del día 24 partió hacia París, donde ya residía, después de haber cobrado 1.500 dólares por la exhibición y la charla, además de los gastos de desplazamiento, hotel y manutención que sumaron otros 1.000.

Pero la fuerza de los ajedrecistas gijoneses en la Federación Asturiana de Ajedrez era muy grande y su frustración por no haber podido participar en aquellas partidas trajo la desagradable consecuencia de que en el mes de octubre José Antonio García fue sancionado sin explicaciones, quitándole su carnet de delegado de zona para la Comarca del Caudal, al mismo tiempo que se retenían 19 fichas diligenciadas que correspondían a los mejores jugadores de esta villa.

Al margen de esta miseria, la prueba de la pujanza que tenía en aquel momento el ajedrez mierense pudo verse cuando en noviembre se celebró el torneo comarcal “Villa de Mieres” en el que participaron 14 equipos de cinco jugadores: el Casino y “Amigos de Mieres” acudieron cada uno con dos equipos y con uno el Casino de Caborana, el Casino de Lena, Bar “El Cazador” de Pola de Lena, Taxi-Bar Palma, Bar La Solana, Cristalería Caudal, Cruz Roja de Mieres, Calzados El Caballito, Bar Riesgo y el Café Carolina, que resultó ganador.

José Antonio García siguió al frente del club de ajedrez del Casino hasta mediados de 1987 e hizo venir en San Juan de 1984 a Arturo Pomar para jugar otra simultánea, esta vez con 28 tableros, y en los Carnavales de 1986 a Ljubomir Ljubojevic, quien se exhibió contra 35 adversarios.

Después continuó colaborando con la Casa de Cultura e impartiendo clases de ajedrez en los colegios del concejo, lo que hizo que la afición por esta actividad cuajase en muchos niños y niñas de Mieres.

José Antonio recogió la historia de este juego en las dos últimas décadas del siglo XX en nuestra villa y especialmente en el club del Casino, en una memoria personal que entregó en 2012 a la Federación de Ajedrez de Asturias y se puede ver libremente en la página web de esta institución. Hace unas semanas perdió su última partida contra la Muerte pero nuestra villa lo recordará siempre.

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