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El refugio de Brañagallones busca cubrir todo su consumo con energías verdes

El Principado ha pedido fondos europeos para contar con suministro sin recurrir a generadores de gasóleo, que han causado varios cortes eléctricos

El refugio de Brañagallones.

El refugio de Brañagallones. Fernando Rodríguez

Llegar al autoconsumo mediante el uso de energías renovables. Ese es el proyecto que el Principado ha solicitado al Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico para el refugio de Brañagallones dentro de los convenios de transición justa con financiación europea. Así lo anunció ayer la consejera de Cultura, Política Llingüística y Turismo, Berta Piñán, durante la visita que hizo a Caleao. El proyecto supone un paso más hacia la reconversión del refugio casín de Brañagallones “en un modelo de instalación deportiva de montaña que sirva de epicentro del desarrollo sostenible en la zona y promueva el turismo verde”.

La consejera destacó ayer que, con esta iniciativa, que supondrá la combinación de diferentes fuentes de energía “queremos que sea un emblema de cómo se pueden hacer refugios de montaña, apostar por la sostenibilidad y el cambio a la energía verde”. Sobre el estado de la petición, Piñán aseguró que “los fondos están a la mitad del proceso”, destacando que “es un proyecto muy ambicioso”. Habrá que esperar a conocer cuáles son los detalles de esta iniciativa.

De momento, la Consejería de Cultura, Política Llingüística y Turismo ya había reservado una partida presupuestaria de 260.000 euros para el refugio de Brañagallones, y se estimaba que este dinero fuese para renovar el sistema energético de la instalación. Se hace necesario para mitigar las frecuentes averías de los actuales generadores de gasoil, que ya han provocado varios apagones.

El refugio de Brañagallones funcionó previamente como parador. El Principado desembolsó 1,1 millones de euros (más una cantidad similar para mejorar el acceso) para que abriese sus puertas en agosto de 2006 como hotel, después de estar cerrado durante catorce años. Los fallos en el sistema eléctrico y el deterioro del tejado, que causó la aparición de goteras, provocó que estuviese varios años cerrado.

La empresa que gestionaba el complejo demandó al Principado que solventase los desperfectos. Funcionó durante cuatro años hasta que una avería eléctrica truncó su camino. En 2016 reabrió como refugio gestionado por la Federación de Montaña de Asturias gracias a un acuerdo con el Principado, que es el propietario de las instalaciones.

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