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Un misionero poco común en Honduras

El ingeniero químico mierense Alfonso Pombo se convertirá en uno de los pocos seglares que la diócesis asturiana envía a evangelizar

Alfonso Pombo, ayer, junto a la parroquia del Carmen, en Mieres. | Vivas

Alfonso Pombo, ayer, junto a la parroquia del Carmen, en Mieres. | Vivas

“La misión no es algo para un determinado grupo de personas, es para quien crea en Jesús, llevas un mensaje, y a eso estamos llamados todos”. Habla el ingeniero químico Alfonso Pombo (Mieres, 1976), que dentro de unos días viajará hasta Honduras y se convertirá en uno de los primeros misioneros seglares de la diócesis de Oviedo. Además, coincide con la celebración del medio siglo de la misión diocesana del Arzobispado de Oviedo.

Pombo no acudirá a una misión diocesana. Acude enviado por su diócesis a la misión que encabeza Ocasha-Cristianos con el Sur, “una organización de laicos”. Se trata de un proyecto para trabajar con jóvenes de comunidades rurales cuyo objetivo es que su formación no quede truncada. “En los pueblos solo tienen escuela hasta Primaria, si quieren ir al instituto o a la Universidad, la mayoría no pueden, por eso existen residencias de estudiantes que facilitan esta labor; ahí voy yo, a acompañar y convivir con estos jóvenes”, explica.

Concretamente irá a Copán, muy cerca de la frontera de Guatemala, una zona eminentemente rural. Allí pasará tres años. “Es un compromiso largo, que era lo que quería, y ya me llevo preparando desde hace un año con Ocasha”, apunta. Un proceso previo en el que, primero de todo, “la organización te tiene que conocer y tú a ellos: somos misioneros laicos, partimos nuestro compromiso desde un fundamento religioso y trabajamos las motivaciones”. Una vez terminado este primer proceso, siguió la formación, que, debido a la pandemia, fue algo distinta: “Antes hacían un curso intensivo de tres meses en Madrid sobre misiología, pero por el coronavirus tuvo que ser online, con sesiones pautadas en las que participaron diferentes expertos y aprendes en qué consisten realmente las misiones, que no es ir de salvadores, es insertarse en una comunidad”.

Pero tres años es un compromiso muy fuerte y por la cabeza de este misionero pasó de todo. “Tienes miedo, incertidumbre, inseguridades, no solo por la situación peligrosa que pueda tener el país, sino porque también dejas atrás a tu familia, a tus amigos, sales de tu zona de confort... Pero lo importante es la convicción que tienes, en una balanza pesan más tus ganas y dar tu vida por los demás que cualquier otra cosa”, apunta. Además, no es la primera vez que este mierense se embarca en una aventura como esta, aunque no tan larga. Ya estuvo en Bolivia y en uno de los campos de refugiados sirios en Grecia. También viajó a Cisjordania, Brasil y en 2019 a Perú, en plena selva, con un proyecto de los Padres Pasionistas, comunidad en la que, explica, “creció mi fe, concretamente en la parroquia del Carmen de Mieres”.

Fue en la selva peruana, “en un contexto brutal, con comunidades en las que tienes que pasar diez días metido en un bote para llegar, donde me di cuenta de que ese era el sitio donde tenía que estar, me acabó de abrir los ojos para decidirme por la misión que comienzo ahora”.

También da cuenta de su viaje a Brasil, que tuvo lugar en 2007, cuando visitó al misionero asturiano Carlos Bascarán, fallecido el año pasado. “Fue una gran experiencia porque estuvimos acompañando al misionero, que vivía en una zona amazónica aunque totalmente devastada por la tala indiscriminada”, explica. También se puso en contacto allí con el obispo catalán Pedro Casaldáliga, que también falleció el año pasado y todo un referente mundial en derechos humanos. “Es una figura muy importante y un referente a nivel personal”, destaca el nuevo misionero mierense.

¿Y por qué se hizo misionero? “Es una necesidad vital que tienes, pero no ya para realizarte como persona, en mi caso son motivaciones religiosas. Das respuesta a algo que te está llamando y tira de ti, estoy dando respuesta a una llamada”, afirma. Sin embargo, puede llamar la atención que siendo laico sea misionero. “Es una realidad no muy conocida. Siempre la tenemos asociada al sacerdote, al religioso o religiosa, pero hay personas que, desde su estado laico, también tienen esa llamada a las misiones, personas solteras, matrimonios y matrimonios con hijos que se van a misiones y hacen una labor estupenda”, cuenta.

Alfonso Pombo estudió Ingeniería Química en la Universidad de Oviedo. Cuando acabó la carrera, se trasladó a Madrid, donde trabajó durante un año y medio en una empresa de consultoría. “Pero no era un trabajo que me llenase, tenía muchas inquietudes en el tema social y acabé dejándolo para irme a Bolivia”. Allí estuvo durante tres meses en un proyecto encabezado por el que fuera obispo de Palencia Nicolás Castellanos. “Era en un barrio marginal de Santa Cruz de la Sierra, un proyecto muy grande de educación, sanidad... La experiencia me gustó mucho y, la verdad, tres meses no dieron para nada, así que me planteé estar un año entero allí, me marcó mucho y fue entonces cuando decidí que me quería dedicar a los demás”.

A su regreso de Bolivia volvió a establecerse en Asturias, donde trabajó como educador con la Fundación Siloé, en la que había estado previamente de voluntario. “La experiencia me abrió mucho trabajar en este ámbito, pasé quince años en la fundación hasta que en 2019 me surgió la posibilidad de dar clase en el colegio Amor de Dios, en Oviedo, donde estuve solo unos meses porque ya había tomado la decisión de tener una experiencia más larga de misión”. Y cuando les comunicó que iba a dejar el centro educativo, “la verdad que se lo tomaron muy bien, y no es igual que te marches porque te vas a otro centro a trabajar que por una razón de este tipo. Me pusieron todas las facilidades”.

Ahora, Pombo ya está ultimando su maleta. El sábado partirá hasta Madrid y será despedido en Mieres por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. En la capital estará unos días “porque tenemos que hacer las PCR y todos los preparativos”. Y el jueves de la semana que viene, ya sí, partirá hasta Honduras en un vuelo directo. “Para mí es importante saber que un misionero no va solo, sino que forma parte de una comunidad en la que creció su fe, es un proceso en el que vas madurando y en el que siento que formo parte de algo más grande, de la Iglesia, y trasladar el mensaje de Jesús”.

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