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Una sentencia abre la puerta a que Nitrastur sea restaurado por las administraciones

El fallo del TSJA sobre la torre de Soto, que exime a los dueños de bienes protegidos de abordar mejoras, podría aplicarse a la antigua factoría

Las instalaciones de Nitrastur.

Las instalaciones de Nitrastur.

C. M. BASTEIRO

Una esperada actuación, cada día más en el aire. La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) sobre la torre de Soto, que dictamina que son los poderes públicos los encargados de velar por los bienes patrimoniales, podría afectar a la descontaminación de los terrenos de la antigua Nitrastur. Sobre esas parcelas, que guardan arsénico, plomo y mercurio, se levanta una construcción industrial sin precedentes. Una “joya patrimonial” protegida en el catálogo urbanístico de Langreo. También en la “Lista Roja”: la catalogación de expertos en arqueología industrial que llaman la atención sobre los bienes que requieren actuaciones “urgentes” para no perderse.

La historia de Nitrastur comenzó a escribirse durante la autarquía franquista. Fue entonces cuando se potenció la producción de nitrógeno y los abonos químicos. La población estaba recuperándose y la actividad agrícola era clave. La Sociedad Ibérica de Nitrógeno (SIN) anunció entonces una ampliación de sus instalaciones, con la construcción de la factoría que aún hoy se conserva parcialmente. De una fábrica que llegó a tener un millar de empleados, a su clausura y derribo parcial en 1997.

Pronto surgió el desacuerdo sobre su descontaminación. El Gobierno del Principado, en 2008, solicitó a Iberdrola y Regisa (Recreativos de Gijón S. A.) –como principales propietarios– que los limpiaran. La eléctrica afirmó que la responsabilidad debería recaer en la compañía que causó la presencia de contaminantes en los suelos. Hace solo unos meses, el gobierno de Langreo reiteró a Iberdrola que se hiciera cargo de la actuación. Lo pidió, además, dentro de la batería de compensaciones por el cierre de la térmica de Lada.

La sentencia del TSJA, sin precedentes, podría abrir una nueva línea de discusión sobre quién debe hacerse cargo de la recuperación de los terrenos y las edificaciones de Nitrastur. El fallo es rotundo: “Deben ser los poderes públicos los que se hagan cargo de los edificios de interés cultural”. Este fallo fue dictado después de que uno de los propietarios de la torre medieval de Soto, que data del siglo XII y está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), denunciara al Principado por su pretensión de hacer una obra subsidiaria (que luego tendrían que pagar los dueños).

Si bien Nitrastur no es un Bien de Interés Cultural, sí está protegido por el Ayuntamiento de Langreo. Se encuentra dentro del catálogo de bienes urbanísticos del municipio. Todos los edificios de la antigua factoría fueron diseñados por el ingeniero Carlos Fernández Casado, en 1950. Ocupaban un total de 200.000 metros cuadrados, distribuidos entre almacenes, depósitos, gasolinera, torre de refrigeración, tolvas, botiquín, hotel para ingenieros y salón de actos. Algunos han sido ya derruidos.

Los inmuebles del complejo, tanto los que se conservan como los que no, están construidos en hormigón armado y son, según los arqueólogos patrimoniales, “una excelente muestra del Movimiento Moderno en Asturias”. Una arquitectura –con grandes espacios diáfanos y marquesinas voladizas– que le valió su lugar en el catalogación en el DOCOMOMO Ibérico. Aún más especial: fue el primer edificio de España en el que se utilizó un ordenador para calcular su resistencia.

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