Son tiempos difíciles, en los que los sentimientos están a flor de piel, en los que la crispación marca el día a día de una agenda que parece arrancar siempre la misma hoja, la del día de la marmota.

Los titulares de la prensa nos recuerdan que las olas van y vienen sin casi tiempo de prepararse para la siguiente marea. Mucho menos, por tanto, para dedicar tiempo a agradecer... y de eso van estas líneas.

Tenía claro que, con independencia del resultado de su estancia en el Credine, valoraría la atención, dedicación, vocación y cariño de todo su equipo de profesionales con mayúsculas. Desde el primero al último.

Por eso, gracias. A su equipo de enfermeras, a sus auxiliares, a los internistas del Valle del Nalón, a sus trabajadores sociales y gracias a vosotras, Inma y Noemí, mis ojos y mis oídos en esta dura etapa en la que no puedes tocar a la persona que te ha dado la vida en su lucha contra el coronavirus cuando todo parece estar perdido.

Yo soy como el resto, también tengo los sentimientos a flor de piel, me crispo, me canso de leer, de ver siempre lo mismo y me enfado con la realidad, pero hoy, una parte de mi tiempo, la dedico a daros las gracias con independencia de lo que pase mañana.

Ana Cali Rodríguez hija de una ingresada en el Credine