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Urbiés repasa la dura lección de perdurar

La parroquia mierense se resiste a que Hunosa derribe las viejas escuelas y reclama al Ayuntamiento su recuperación como centro social

Vecinos de Urbiés, ayer, junto a las viejas escuelas. | D. M.

Vecinos de Urbiés, ayer, junto a las viejas escuelas. | D. M.

En Urbiés llegaron a vivir más de 4.000 personas. La parroquia sufre desde hace décadas los efectos de un pertinaz despoblamiento. Las escuelas de la localidad, en la que actualmente residen unos 150 vecinos, llevan cerradas un cuarto de siglo. El edificio parece tener los días contados, ya que Hunosa, propietaria del mismo, ha anunciado su demolición. La comunidad quiere mantener el inmueble en pie y han trasladado al Ayuntamiento un escrito solicitando a la administración local que negocie con la empresa hullera la cesión de la propiedad para su rehabilitación y posterior acondicionamiento como centro social.

El cada vez más enjuto vecindario de Urbiés quiere mantener los vínculos con su identidad. Las viejas escuelas, construidas a mitad del siglo pasado, son una conexión emocional con un pasado aún cercano en el tiempo pero que ha dejado poco más que tranquilidad como herencia: “Entendemos que Hunosa no pondrá grandes problemas a la cesión de un edificio ubicado en una zona minera de cuyas extrañas sacó grandes beneficios”. Los vecinos piden que se frene el derribo de las escuelas y que se cedan al Ayuntamiento junto a la antigua vivienda de las monjas del colegio, edificio anexo y que se encuentra en venta. “De no llegarse a un acuerdo, el Ayuntamiento siempre podría declarar el edificio de interés cultural y, de esta forma, negar la licencia de obras para la demolición”.

Las antiguas escuelas de Urbiés están muy deterioradas. Parte del techo ya ha cedido y, de no abordarse una rehabilitación urgente, la estructura pronto se desplomará. Tras su cierre como centro formativo, este espacio asumió durante un tiempo las funciones de centro social. “El colegio de las monjas forma parte del patrimonio cultural de Urbiés. Con su claustro y escaleras de acceso de piedra, se trata de un edificio con cierto interés cultural. Han sido muchas las generaciones de vecinos del pueblo que pasamos por sus aulas y no estamos dispuestos a verlo reducido a escombros, ya que ha sido siempre, de una u otra manera, un bien al servicio de la comunidad”, explican los vecinos.

El escrito remitido al Ayuntamiento está respaldado por más de 200 firmas: “Las recogimos en poco más de un día”. Los vecinos refuerzan su demandan en la percepción general de “abandono” que perciben por parte de las administraciones públicas: “Luego hablando de la España vacía, pero no se hace nada por fijar población en los pueblos. Aquí no tenemos no acceso a internet, lo que hace que jóvenes que podrían trabajar desde sus casas se tengan que marchar o no puedan retornar”.

Urbiés experimentó su eclosión demográfica a mitad del pasado siglo, con las minas demandando abundante mano de obra. Fue a principios de los cincuenta cuando se desarrolló la construcción del barrio de San Luis, unas colominas que sacaron a muchas familias de los hórreos en los que residían. También se construyeron las escuelas.

Los terrenos para levantar el colegio fueron expropiados, pero el solar anexo destinado a viviendas de las monjas se pagó gracias a una cuestación popular, aportando cada familia 25 pesetas. Los vecinos quieren ahora dar una nueva vida a los inmuebles: “Si algo se rehabilita es para que tenga uso”, señala Rubén Díaz, uno de los portavoces de la comunidad. El pueblo considera que al enclave se le podría dar un uso social. También ven viable que parte de las instalaciones puedan servir para ampliar el museo etnográfico de Secundino Rodríguez, una cuidada y rica colección de objetos que atesora la propia historia de Urbiés. Una semblanza que también está ligada a la amenazada escuela.

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