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juan carlos aguilera | Director de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN), con sede en Mieres

“La energía del futuro estará basada en multitud de soluciones tecnológicas”

“Al cierre de la generación con carbón le seguirá el de las centrales nucleares y de gas; las renovables las sustituirán, pero necesitan suelo”

Juan Carlos Aguilera. | Ángel González

Juan Carlos Aguilera. | Ángel González

El director de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN), Juan Carlos Aguilera, explica el punto en el que se encuentra el panorama energético del Principado. Ubicada junto al pozo Barredo en Mieres, el responsable de la Fundación enumera las muchas oportunidades que existen para impulsar nuevas tecnologías, ya sea con el hidrógeno, la biomasa o la geotermia. Además, como apunta, pueden tener un fuerte impacto en la creación de empleo.

–Iberdrola acaba de anunciar que va a hacer una planta de hidrógeno verde para sustituir a la térmica de Lada, y Hunosa también parece inclinarse por este camino...

–Son buenas noticias al dar una alternativa de reactivación de un territorio en el que la transición energética tiene un alto impacto; además ayudan a transformar el modelo energético de la región facilitando su descarbonización, apoyando la competitividad de la economía regional y sirven como elemento tractor de la industria y el conocimiento.

–¿Por qué despunta esta tecnología?

–El hidrógeno representa una alternativa para almacenar energía, facilitando la gestión de la red eléctrica al permitir casar la energía generada por las renovables con la demanda de energía. Representa una solución que previsiblemente absorberá a medio plazo los excedentes de producción procedentes de la generación eléctrica con renovables. La ventaja del hidrógeno es que además puede ser un vector energético a usar en el transporte o convertirse en materia prima para procesos industriales en refinerías de petróleo o en la producción de fertilizantes. Se puede transportar y con ello impulsar el uso de otras infraestructuras existentes.

–¿Estas iniciativas pueden tener un impacto en el empleo?

–Indudablemente. Se trata de instalaciones que parcialmente recuperarán la actividad que se pierda con el cierre de térmicas de carbón. Se podrá aprovechar total o parcialmente el nodo eléctrico que representa la térmica para favorecer el impulso de esta actividad. La planificación temporal será clave.

–¿A qué se refiere?

–Se necesita acompasar desmantelamiento, crecimiento de la generación renovable y desarrollo de la producción y consumo de hidrógeno. En este último aspecto, el hecho de contar con consumidores de hidrógeno en la región debe facilitar el desarrollo de los proyectos, en los que además deben desarrollarse modelos de negocio nuevos. Estos serán muy importantes, ya que los desarrollos que podamos alcanzar en los próximos años deberán ser muy competitivos. No se ha de perder de vista que van a ser muchos los territorios, tanto dentro de España como a nivel internacional que van a tener capacidad de producir hidrógeno basado en renovables, lo que a medio y largo plazo debe ser analizado de cara a definir proyectos sostenibles, no sólo desde la perspectiva ambiental, sino también desde la perspectiva económica.

–La biomasa es otro de los sectores que destaca, con la reconversión de la térmica de La Pereda en una planta de biomasa, iniciativa que ya se probó como experiencia piloto junto a FAEN en el proyecto “Pelet-in”. ¿Qué le parece esta iniciativa?

–El desarrollo de los proyectos tecnológicos como “Pelet-In” tiene como objetivo abrir opciones de futuro. Es una parte de la labor que FAEN viene desarrollando desde su constitución. Para nosotros sería otra excelente noticia que se materializase esa conversión y saber que hemos aportado un pequeño granito de arena a ese cambio.

–Al respecto, hay informes que desaconsejan la biomasa para producir energía señalando que no hay materia prima suficiente, ¿cómo lo ve?

–Creo que hay que matizar esta afirmación en relación con “desaconsejar” los proyectos de biomasa. Se trata de que los proyectos de biomasa, como cualquier otro proyecto industrial o económico, se planteen y desarrollen de forma sostenible. Esas son las premisas con las que se trabaja dentro de la Unión Europea. Con ellas como punto de partida, es cierto que se dificulta el desarrollo los proyectos con altos consumos de biomasa, pero no se imposibilitan. Cada iniciativa debe ser analizada de forma individual desde el punto de vista de trazabilidad de los recursos, los costes, el impacto ambiental… Lo que no encaja plenamente en los modelos de trabajo europeos es desaprovechar la oportunidad económica que puede ofrecer la explotación del recurso forestal con un uso exclusivamente energético. El objetivo es obtener el mayor valor añadido del recurso y utilizar fracciones residuales para usos energéticos (electricidad y calor). Como la cantidad total de materia que se puede obtener de esta forma es mucho menor, se interpreta que grandes instalaciones tendrán menor oportunidad de demostrar su sostenibilidad.

–En este sentido, hay proyectos como el de los cultivos energéticos que desarrolla la Escuela Politécnica de Mieres en antiguas escombreras de Hunosa. ¿Es una posibilidad para obtener esta materia prima de forma rápida?

–Creo que el desarrollo de estos modelos de explotación sostenibles y avalados por la Universidad de Oviedo representan una oportunidad. Nos consta que son líneas de investigación y trabajo de muchos años de recorrido, en cuyo origen también ayudamos desde FAEN, en el marco de un gran proyecto de investigación nacional. Los trabajos que se desarrollan aúnan investigación y ciencia con diversificación empresarial. Además se aprovechan recursos de la economía del carbón (minería y central térmica) en plena transición energética, para ofrecer soluciones diferentes. Son un claro ejemplo de economía del conocimiento e implicación con el territorio para mostrar a Europa y al mundo.

–Otra de las apuestas de las renovables es la geotermia, obtenida a través del agua de los pozos mineros. La sede de FAEN cuenta con este sistema, ¿por qué apostaron por ello?

–Uno de los elementos clave en la transición energética es el aprovechamiento de recursos autóctonos. La geotermia no sólo representa dar valor añadido al agua de mina, es convertir en oportunidad económica la necesidad de realizar un continuo bombeo para mantener controlado el nivel de agua en los pozos. Para FAEN además representó el reto de desarrollar un modelo de contratación pública enfocada al servicio energético y la obtención de prestaciones más allá de la simple compra e instalación de equipos. Si todo ello lo unimos al hecho de participar en la red de geotermia más relevante e importante en España y un ejemplo en Europa, nos sentimos muy felices de esta colaboración, en la que Hunosa ha sido clave.

“Con la eólica marina Asturias puede tener un papel muy activo”

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–FAEN también está centrada en la movilidad a través de los puntos de recarga de coches eléctricos. ¿Ya es momento de pasarse a estos modelos?

–Hay que diferenciar movilidad urbana de transporte a larga distancia, así como movilidad de personas y mercancías. La evolución mundial es muy rápida y las tendencias hacia electrificación con baterías e hidrógeno ganan terreno con fuerza. En ese proceso de electrificación de la movilidad y con modelos de negocio que no siempre estarán basados en la propiedad del coche individual, hay cabida para muchas alternativas. La combinación de transporte público y privado será importante. La descarbonización del transporte de distribución de última milla en ciudades y la logística inversa, la devolución de paquetes, jugarán un papel relevante a corto plazo, como ya se ve en grandes núcleos urbanos. El modelo energético futuro estará basado en multitud de soluciones tecnológicas, y lo que es claro es que tendremos a nuestra disposición un abanico de opciones entre las que elegir. Ahí hemos querido estar presentes también impulsando desarrollos tecnológicos de puntos de recarga con generación eléctrica renovable y aisladas de la red.

–La apuesta por la eólica también parece estar dando sus frutos, incluso con proyectos en las Cuencas, ¿cómo cree que pueden evolucionar?

–Las máquinas son cada vez más grandes, más eficientes y todo ello supone menor impacto. Esto no quiere decir que no lo tengan y es importante establecer un equilibrio con el entorno ambiental, pero hemos de ser conscientes de que el consumo de electricidad que hacemos a diario debe generarse en algún sitio, y esto tiene un impacto ambiental. Al cierre de la generación con carbón le seguirá el de nucleares y también el gas. Estamos en un camino de descarbonización del sistema eléctrico, que se compensará con renovables. Pero estas tecnologías necesitan usar un recurso que a veces olvidamos: el suelo en el que se asientan. Y a mayor necesidad de instalaciones de generación, más necesidad de suelo. Por ello, además del tamaño de las máquinas, las soluciones marinas jugarán un papel relevante en los próximos años, y es de esperar que Asturias pueda tener un papel activo en el sector.

–España está dando carpetazo al carbón, pero otros países no lo están haciendo.

–Descarbonizar el sistema eléctrico español es un acuerdo y una decisión que hemos tomado los españoles en el seno de la Unión Europea. Otros países, con el mismo objetivo común de descarbonización de la economía europea, toman otras decisiones tecnológicas y temporales. En modelo energético, Polonia y España son diferentes, de la misma forma que lo son Asturias y Madrid. Cada país analiza el impacto de la descarbonización sobre su territorio y toma decisiones en consecuencia. Hay mucho empleo en juego, mercados como la siderurgia que consumen carbón, inversiones en un sector estratégico, afección a la competitividad de la economía, diseño de la red eléctrica, transporte de mercancías, impacto ambiental… Ante esta complejidad, en el conjunto de la Unión se producen situaciones que pueden ser aparentemente controvertidas o inexplicables, pero al margen de ellas, España ha suscrito acuerdos dentro de la Unión Europea y a ellos nos debemos atener.

–En el pasado hubo mucho movimiento y numerosas investigaciones con las técnicas de captura de dióxido de carbono, pero actualmente parecen estar algo paradas. ¿Cree que ya pasó su tiempo?

–Hay procesos industriales como la siderurgia o la producción de cemento que inevitablemente emiten dióxido de carbono. Descarbonizar estas actividades puede pasar por captura y uso del CO2 producido. Creo que no ha pasado el momento de estas tecnologías, pero el hecho de centrar el foco de atención sobre la electrificación de la economía y centrar la electrificación en las energías renovables ha hecho que le estemos prestando menos atención. La tecnología desarrollada en Asturias en relación con la captura tiene recorrido en el ámbito industrial, y tenemos industria que en los próximos años podrá necesitar de ella. Es una nueva oportunidad de colaboración entre ciencia y empresa en la proximidad geográfica de la región.

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