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Los tensos momentos de un rescate de la Brigada de Salvamento: “Tranquilo, vamos a sacarte”

Controlar las emociones de las víctimas es clave en las intervenciones de la entidad: “Nadie sabe cómo va a reaccionar en un momento así”

Un miembro de la Brigada, en un entrenamiento.

Un miembro de la Brigada, en un entrenamiento. Jonás Sánchez / Hunosa

“Tranquilo, vamos a sacarte de ahí”.

Dice el lenense Antonio Ortega Escalada, jefe de la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa, que “no hay dos rescates iguales”. Lo que siempre se repite es una estrategia bien ensayada y la solidaridad, sin medida, de un cuerpo histórico. Se cumplen 109 años desde el primer entrenamiento de una entidad con hondo reconocimiento en Asturias. Y desde el rescate de Totalán (Málaga) –donde trabajaron en la recuperación del cuerpo sin vida del pequeño Julen, que cayó a un pozo– en toda España.

“¿Nos escuchas? Vamos a empezar”.

La aproximación hasta las víctimas, en casos de derrumbes o espacios confinados, no es fácil. Es por eso que la Brigada de Salvamento entrena muy duro. En el pozo Fondón (Langreo), el equipo cuenta con las instalaciones para prepararse a conciencia y a diario.

Un miembro de la Brigada de Salvamento, con arnés y cuerdas | JONÁS SÁNCHEZ / HUNOSA

La “rampla” simula un tramo de pozo para desplazamientos en horizontal y en vertical. Hay otra zona de posteo y otra denominada “de tierra”. En este lugar practican técnicas de sostenimiento, levantamiento de derrumbes y zonas colapsadas. La instalación se completa con dos galerías: “Modesta” –un túnel “carretero” de unos de 250 metros de longitud y 6 de ancho– y “mina La Nalona”, una galería de mina en fondo de saco, de 100 metros de longitud y menos de 3 de ancho. El objetivo de este espacio es recrear atmósferas irrespirables y de escasa o nula visibilidad donde realizan ejercicios de rastreo, localización y recuperación de víctimas, así como de extinción de incendios.

“¿Cómo estás? Aguanta un poco”.

Los momentos más tensos de un rescate coinciden con las maniobras más difíciles para los miembros de esta heroica “patrulla”. Es por eso que es obligado mantener la calma: “Nosotros no podemos transmitir el nerviosismo que podamos tener. Eso es esencial para garantizar el éxito de la intervención”, explica Ortega. Y añade: “Cada persona reacciona de una forma distinta. Hay personas que tienen un accidente grave y están tranquilos. Y otras que tienen un accidente no tan grave y están más nerviosos. Nadie sabe cómo va a reaccionar”.

“Procura no moverte, vamos a llegar ya”.

La mina acaba, su labor será infinita. Siempre. En los últimos años, además de rescates subterráneos y en túneles, se han especializado en cuevas y otros lugares confinados. También forman a otros cuerpos de seguridad. Estas semanas, de hecho, están impartiendo un curso de “microvoladuras –explosiones controladas para evitar daños– en el pozo Monsacro de Morcín. Acuden un total de noventa agentes de Policía Local y Guardia Civil.

“Ya estamos aquí, ahora te verá un médico ”.

En las intervenciones más complicadas, o cuando la víctima se encuentra en mal estado, el médico acude con ellos hasta el lugar. “Es entonces cuando el doctor decide si se tiene que suministrar un medicamento”, aclara Ortega. Durante el ejercicio de 2020, señaló Ortega Escalada, realizaron varias intervenciones y cinco rescates. El más entrañable: un perro que se cayó a un pozo en el monte. “Pudimos recuperarlo. La satisfacción que da este trabajo es impagable”, asegura el jefe de la Brigada de Salvamento.

Grande es su lema: “Nadie se queda dentro de la mina”. Y más grande, porque ellos ayudan sin preguntar, la familia minera.

“Compañeru, tranquilo en la camilla, que ya estamos fuera”.

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