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Las Vegas, un oasis en el desierto demográfico

Las colominas de Figaredo son el único gran barrio de Mieres que ha ganado población desde 2019, gracias a los alquileres económicos a partir de 150 euros

el vecindario. A la izquierda, Enrique Benito conversa junto a un portal del barrio con Avelina Madera, Nuria Pérez y Sandra Fernández. En el centro, Javier Suárez, durante el recreo en el colegio. A la derecha, María Luisa Iglesias, en su tienda de Figaredo. | D. M.

Andrea Valdés es una joven gijonesa madre de dos niños pequeños. Desde hace aproximadamente un año reside en Figaredo. “Vinimos buscando tranquilidad y de aquí no nos mueven. Estamos encantados”. La decisión puede parecer insólita, pero resulta que no lo es tanto. En el contexto de la pronunciada caída demográfica que afecta en general a los valles mineros, el barrio de Las Vegas es el único enclave relevante ajeno al casco urbano de Mieres que actualmente está ganando población. Pese a la alta mortalidad y a la invisible natalidad, estas colominas han logrado en los dos últimos años, contra todo pronóstico, revertir el rápido despoblamiento que arrastraba los años anteriores. “Los alquileres son muy baratos y el pueblo está muy bien conectado con la autovía”, resuelven los vecinos para explicar la esperanzadora tendencia.

El concejo de Mieres ha perdido en los dos últimos años casi 900 vecinos para quedar en 37.537 habitantes. Porcentualmente, la caída demográfica en el citado periodo ha sido del 2,3 por ciento. Hasta hace nada, el barrio de Las Vegas era una de las locomotoras de esta preocupante querencia, con 108 vecinos perdidos entre 2015 y 2019, nada menos que el 19 por ciento del total del padrón local. En los dos últimos ejercicios la tendencia se ha revertido y estas colominas han engordado su censo en 25 personas, remontando hasta los 491 vecinos. “Y eso que el ritmo de defunciones es muy alto y también se marcha mucha gente a residencias, por lo que han tenido que ser muchas las altas para compensar el desfase del crecimiento vegetativo”, explica Enrique Benito, presidente de la asociación de vecinos.

Los vecinos perciben que están llegando nuevas familias, pero de momento, el repunte solo se divisa con nitidez a nivel estadístico: “Sigue habiendo mucha casa vacía y el barrio está muy muerto”, apunta un grupo de vecinas en corrillo. Avelina Madera, Nuria Pérez y Sandra Fernández llevan toda la vida en Figaredo. “Cuando éramos crías llegaron a estar abiertos más de veinte bares y ahora quedan cuatro. No tenemos servicios y por las noches el barrio parece muerto, no hay ni un ruido”. El inesperado repunte del vecindario se percibe, pero de momento genera cierto escepticismo: “Se han comprado algunos pisos, pero lo que está funcionando bien es el alquiler, con precios bastante bajos”.

Andrea Valdés, con su hija.

En Las Vegas se puede alquiler un piso en relativo buen estado a partir de 150 euros. Andrea Valdés paga 200. “Estábamos cansados del bullicio de la ciudad y aquí estamos muy cómodos, todo el mundo se conoce y la comunidad nos ha recibido muy bien”. Esta gijonesa asegura que no está arrepentida de su decisión. Asegura que no conocía Figaredo antes de instalarse con sus dos hijos pequeños en la localidad: “Tenemos el colegio al lado de casa y los pequeños se han adaptado perfectamente”.

En el colegio público Las Vegas estudian actualmente unos 60 niños: “Tiempo atrás bajó mucho la matricula, pero ahora llevamos unos tres años estabilizados”, destaca Javier Suárez, director del centro. Los docentes advierten cierto dinamismo residencial, aunque subrayan que se trata de un repunte, de momento, tenue. “Nos costa que los alquileres son bastante asequibles. Si trabajas en la zona centro y entre vivir en la periferia de Oviedo o en Figaredo compruebas que puedes ahorrarte 200 euros de alquiler, pues es normal que haya familias que opten por venirse aquí, ya que las comunicaciones son inmejorables”.

En Figaredo también se ha asentado una creciente población de origen marroquí. En el colegio, el 10 por ciento de los alumnos son de esa nacionalidad: “Están perfectamente adaptados en la comunidad”, destacan desde el centro formativo, que también presta servicio a las familias de la localidad de Santa Cruz.

En el barrio de Las Vegas residen actualmente 491 personas, por las 466 contabilizadas en 2019. Este repunte no ha sido suficiente para que la localidad, en su conjunto, haya logrado ganar población, aunque al menos se ha alcanzado un equilibrio. En la periferia de las colominas se han perdido curiosamente 25 habitantes, los mismo que se han ganado en el corazón del pueblo. Así, se ha pasado de 446 a 421 vecinos. De esta forma, la población del conjunto residencial se ha mantenido estable los dos últimos años en 912 vecinos.

Faltan servicios

Los vecinos dan una importancia relativa al alivio demográfico: “Si lo que buscas es una sitio para dormir no hay problema, pero en los últimos años nos hemos quedado sin nada”. El todavía reciente cierre de las sucursales bancarias es algo que sigue generando malestar en Figaredo. “Somos una población con mucha gente mayor que tiene dificultades para hacer ciertas gestiones”, señala Enrique Benito. “Para casi cualquier cosa se hace necesario desplazarse a Ujo o directamente a Mieres”.

María Luisa Iglesias regenta Casa Antonio, una pequeña tienda con más de 60 años de historia: “Aquí los clientes son los de siempre, pero es normal no ver caras nuevas, ya que la gente joven prefiere comprar en grandes superficies”. El vecindario no está acostumbrado a sumar tras lustros haciendo restas, pero recalcan que, pese a todo, las cuentas aún están lejos de cuadrar: “No hace tanto éramos 2.400 vecinos. En los tres últimos años hemos sufrido unas 60 bajas en la asociación”, subraya Enrique Benito.

El barrio de Las Vegas tiene ya más de medio siglo de vida. Las colominas de Figaredo buscan actualmente dar una segunda oportunidad a la decena de pisos que se han quedado vacíos.

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