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El comedor solidario de Mieres duplicó sus usuarios por la pandemia y llega al medio centenar

Los responsables de Amicos detectan un nuevo perfil: familias con miembros que trabajaban sin asegurar o que perciben pequeñas prestaciones

Por la derecha, Carlos Muñiz, presidente de Amicos; José Luis Llamazares (vicepresidente); Natalia López; José Manuel Iglesias (tesorero); y  Montserrat Galán y Araceli Rodríguez (voluntarias), en la cocina. | A. Velasco

Por la derecha, Carlos Muñiz, presidente de Amicos; José Luis Llamazares (vicepresidente); Natalia López; José Manuel Iglesias (tesorero); y Montserrat Galán y Araceli Rodríguez (voluntarias), en la cocina. | A. Velasco

El coronavirus se ha llevado miles de vidas por delante. Pero también la economía de muchas familias, que se han visto en situaciones inesperadas, como no tener para comer por culpa de la pandemia. En Mieres, esas familias siempre tienen un lugar donde ir: el comedor social Amicos. En algo más de un año desde que se iniciara la pandemia, la entidad presidida por Carlos Muñiz ha duplicado el número de servicios: de 25 a 50 usuarios diarios. “Esta crisis ha aflorado mucha economía sumergida y se está notando”, explicó Muñiz.

Por la sede de Amicos, que se ubica en la placina de Santa Marina, pasa cada día medio centenar de personas. Antes podían comer en el recinto, pero desde que llegó el covid, el comedor se ha adaptado y entrega a cada usuario una bolsa con una comida preparada en sus cocinas y con alimentos también para la cena y el desayuno. “Venimos a dar unos 150 platos al día”, explicó Muñiz.

El perfil del usuario también ha cambiado. Natalia López, trabajadora social de Amicos, explica que en la época previa a la pandemia, el usuario era más ocasional y ahora acude con más frecuencia. Además, la gran mayoría eran hombres sin recursos, sin hogar y con adicciones. Ahora, el perfil ha ido variando: “Hay más presencia de mujeres y ya no hay tantas personas sin ningún recurso, sino que se han quedado con pequeñas prestaciones por la pandemia, cuando antes tenían una vida normalizada”. También en el origen de los usuarios se notan diferencias: “Antes había muchos inmigrantes y, si ya con la crisis de 2008 se fueron muchos a sus países de origen, ahora representan un número muy marginal entre nuestros usuarios”.

La pandemia ha destapado mucha economía sumergida y eso se nota también en Amicos. “Hemos tenido casos en los que, en una familia, la mujer estaba trabajando sin asegurar, el hombre hacía ‘chollos’ en las mismas condiciones y ninguno pudo acceder a los ERTE ni prestaciones similares. Y se vieron sin ingresos”, explica Carlos Muñiz.

Para Muñiz, lo peor de todo no ha pasado. “Creo que todavía queda mucha pobreza por aflorar y que cuando la situación sanitaria se vaya normalizando, sí van a aparecer más casos de familias en situaciones complicadas”, indica. El futuro pinta incierto. “Pero podremos con ello”, puntualiza el presidente. Tres trabajadores y cuarenta voluntarios tiran del carro para que nadie se quede sin un planto que llevarse a la boca en Mieres. “Éramos más, pero también es cierto que nuestros voluntarios son gente mayor y que son personas de riesgo. Y algunos tienen que quedarse en casa aunque quieren ayudar”, aseguraron desde la entidad.

La asociación invirtió más de 4.000 euros en un año en fiambreras para repartir los alimentos

Con el aumento del volumen de actividad, se han disparado los gastos en el comedor solidario de Mieres. El presupuesto se ha incrementado por encima de los 10.000 euros, pasando de unas cuentas de unos 60.000 euros al año a superar con creces los 70.000. Y un dato llamativo, casi la mitad de esa elevación de los gastos se ha ido en fiambreras. “Hemos gastado más de 4.000 euros en táperes para repartir la comida a los usuarios”, explica José Manuel Iglesias, tesorero de la Amicos, que también señala que tuvieron que comprar máquinas filmadoras y envasadoras.

Pero la parte positiva es que también ha habido un notable incremento de aportaciones privadas, que han permitido incluso poner en marcha nuevos programas. “El pasado verano seleccionamos 30 familias a las que se les dieron lotes de comida y de material escolar, y a las que hacemos un seguimiento”, indica Muñiz.

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