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Ismael María González Arias Escritor

“Las Cuencas es la tierra del ‘no pasa nada’, pese a la corrupción o el declive económico”

“Mi libro tiene mucha relación con LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas, fue el origen del relato: una antropóloga que nos analiza como grupo”

Ismael María González muestra, en primer término, su novela. | A. Velasco

Ismael María González muestra, en primer término, su novela. | A. Velasco

Un periodista de LA NUEVA ESPAÑA, un viaje a Nueva York, unos diarios sobre la visión de una antropóloga norteamericana sobre las Cuencas Mineras y un humor negro y socarrón que van con su carácter. Ese es el cóctel que Ismael María González Arias, escritor y gestor cultural, ha preparado para que el lector se zambulla en su última novela, “La reserva protexida de les Cuenques”, escrita en asturiano y editada por Trabe.

–¿De qué trata esta novela?

–El libro tiene mucha relación con LA NUEVA ESPAÑA de las Cuencas. A comienzos de siglo, se publicaban unos relatos de verano en el periódico a modo de novela corta durante una semana. Comenté con el entonces responsable de la edición, Mario Antuña, que iba a sacar un relato, una especie de traducción del inglés de los diarios de Eleonnor Windstone, una supuesta antropóloga de National Geographic, que había pasado por las Cuencas para analizarnos como grupos humanos, que es su especialidad. Quería estudiar una casta como los prejubilados de Hunosa. Aquellos relatos a modo de diario salieron durante una semana. Lo que hice fue aumentar estos diarios, y construir esta novela, hasta el 2018. Veinte años después de que comenzase a escribir, Windstone se da cuenta de que las Cuencas son el sitio donde nunca pasa nada. Las últimas notas del diario que publico en la novela son solo los titulares del día de LA NUEVA ESPAÑA.

–¿Cuál es el hilo conductor?

–Utilizo a un periodista del diario, que es el que va a entrevistar a Eleonnor Windstone en Nueva York. Ella le dice que tiene unos diarios, y es Mariano Requejo, que así se llama el periodista, el que traduce esos diarios.

–¿Queda algo de esa reserva protegida de las Cuencas?

–En realidad es la historia de una tristeza. Y por eso tenía gana de escribir una novela de humor, porque como es tan triste nuestra historia, era la manera de darle forma. Conocimos un Mieres con una vida enorme, con una gran cantidad de empleo. Las Cuencas en general eran el centro económico, político y social de Asturias. Y ahora, después del fin de la industrialización, de la minería y de las prejubilaciones, encontramos unas comarcas donde la mayoría de nuestros hijos están fuera, el que tuvo suerte de encontrar trabajo, porque el que no lo tenemos aquí. Hay unos territorios en los que sigue sin haber nuevos empleos, en los que la caída de la población es espectacular, y en el que el declive de la vida social y política también es tremenda. Si tuviera que contar esa historia sería muy triste, y por eso pienso que es mejor que nos lo cuente alguien de fuera, que no conoce nada, y que se ríe un poco de lo que nos pasa.

–La antropóloga del libro ve la comarca como el sitio del “nunca pasa nada”.

–La realidad es que en las Cuencas estamos en el imperio del “no pasa nada”. Da lo mismo que ocurriera lo que ocurriera: en temas de corrupción, de desmantelamiento económico y social de una tierra entera... Que haya juicios continuamente.... Ves que, en el caso de la corrupción, hay juicios en Madrid, en Valencia, ves que pasan cosas. Aquí, en Asturias, no pasa nada. Va un elemento como (José Ángel Fernández) Villa a juicio, y no pasa nada. Se ríen de la justicia y todo da igual. Quisimos ser un país y somos un país de chiste.

–Dice entonces que sigue existiendo esa casta en las Cuencas.

–Es una casta en peligro de extinción. Las prejubilaciones se acaban y fueron la forma de mantener callado a todo el mundo. Se dio mucho dinero, no solo con las prejubilaciones, sino con inversiones. Aunque la persona o las personas que las invirtieron lo hicieran en cosas que no valen para nada. Ahí tenemos el mejor ejemplo del campus universitario, que tanto sale en la novela como último ejemplo de arquitectura soviética en las Cuencas, y que 20 o 25 años después de hacerse está casi peor de lo que arrancó.

–¿Se refiere a una casta sindical?

–Los sindicatos quieren dar la imagen de continuar con el mismo poder que tenían hace 20 años y es absolutamente falso. Ya no hay ningún poder sindical, porque la historia de esta gente acabó con la historia real del sindicalismo asturiano. La mejor forma de acabar con ese sindicalismo fue una persona muy lista sentada en un despacho y con la mente muy fría, convirtió a un sindicato en una mafia. Es lo que descubrió Eleannor Windstone, que precisamente cuenta en la novela que eso ya había pasado en Chicago.

–¿Estamos hablando de José Ángel Fernández Villa?

–Se le puede echar la culpa a una persona en concreto, pero en realidad fueron un grupo de personas que entendieron ya desde los Gobiernos de Felipe González que el poder que había en un feudo como Asturias, había que mantenerlo, pero sin esa fuerza que tenían como para poder dar un carácter socialista y obrero a un partido que ya no lo era.

–¿Es esta una novela del confinamiento?

–No, es algo que ya venía recopilando desde hace tiempo. Sí es verdad que el confinamiento ayudó a poder sentarse y darle forma. Pero que sea un libro nacido de la pandemia.

–Ha escrito el libro en asturiano. ¿Por qué esta decisión?

–En este momento hay una generación de autores jóvenes que están escribiendo en asturiano, y están saliendo cosas interesantes. Yo tradicionalmente escribo en asturiano, aunque no tengo ningún problema en hacerlo en castellano. Pero me siento mucho más cómodo con el asturiano. Además, en una novela como esta, para contar cosas nuestras en plan cabrón, necesitas una lengua con mucho más sarcasmo como es el asturiano.

–¿Cómo ha afectado la pandemia a la literatura?

–En general hubo decaimiento. No es que yo me vea decaído a mí mismo por las circunstancias, sino que por cuestiones de trabajo veo el hundimiento tremendo de todo lo relacionado con la cultura: conciertos, teatro.... Igual la literatura es algo más introspectivo y teniendo tiempo puedes escribir sobre ello. Cuando ahora leo poesía noto esa tristeza inmensa de este periodo en esos poetas. Veo que en los escritores más inmediatos que son los poetas, los periodistas y los columnistas, hay una tendencia al abatimiento. Cuando empezó el primer confinamiento tuvimos la ilusión de que todo esto pasaba en 15 días o un mes. Y llevamos más de un año y vemos que no avanzamos.

–Como gestor cultural, Mieres ha demostrado que se puede, incluso en pandemia, apostar por la cultura.

–Mieres demostró algo que en verdad podría haber hecho más gente: que el mundo no se parase por una pandemia. Nosotros, desde el primer momento, con el apoyo político del Ayuntamiento, vimos que lo mismo que estábamos programando lo podíamos seguir realizando sin que parase económicamente la vida cultural y sin detener las actividades para que las disfrutara el público. Muchas de las actividades que no pudieron ser presenciales, las hicimos a través de los medios que hoy permite la tecnología. Hicimos conciertos, presentaciones o lecturas por internet, consiguiendo que no se parara la vida económica del sector. Ya se iba a parar de otra forma: la vida de los bares, de las tiendas... Pero la vida de la cultura podría haber seguido siendo un referente, y en Mieres lo fue.

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