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Trabajar en una mina de carbón es cinco veces más peligroso que salir a faenar

Los informes del Instituto Asturiano de Prevención sitúan a la minería como el sector con más riesgo de accidente, muy por delante del resto

Un minero, picando carbón en el ya cerrado pozo Santiago, en el concejo de Aller. | Miki López

Un minero, picando carbón en el ya cerrado pozo Santiago, en el concejo de Aller. | Miki López

Bajar a la mina es casi cinco veces más peligroso que salir a faenar. El sector extractivo de hulla y antracita, a pesar de la caída drástica en la actividad y de las mejoras en la seguridad, sigue siendo el que presenta una mayor incidencia de siniestralidad –este índice indica el número de accidentes con baja acaecidos durante la jornada de trabajo por cada cien mil trabajadores expuestos al riesgo– en Asturias. En cifras: un índice de incidencia de 36.455 en la mina, frente a 7.329 en la pesca en alta mar. Son datos del último informe estadístico del Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales (IAPRL).

La actividad extractiva de hulla y antracita –la que se desarrolla en las Cuencas mineras– lleva ya unos años bajo mínimos. En diciembre de 2018, con la puntualidad que exigía la Unión Europea, se cerraron los pozos Carrio (Laviana) y Santiago (Aller). Quedó como único representante del sector el pozo San Nicolás (Mieres) que, por el momento, produce carbón para la térmica de La Pereda. Así que las únicas labores extractivas de hulla y carbón en las Cuencas son: las ya citadas en San Nicolás (nombrado Nicolasa, en Mieres) y las actividades de postcierre en Santiago (Grupo Aller) y Carrio.

La mina, aún con muchas mejoras, sigue siendo negra. También las medidas para frenar la expansión del covid-19 también han dejado huella en el sector. En lo que a siniestralidad se refiere, para bien: durante el año 2020, el número de accidentes se redujo en un 28 por ciento. De 560 a 406 accidentes, entre 2019 y 2020. A nivel general, contabilizando todos los sectores, los accidentes laborales se redujeron en más del cincuenta por ciento durante los meses de marzo y abril (entre 2019 y 2020).

Ninguno de los accidentes que se produjeron durante 2020 en el sector extractivo aparece calificado por el Observatorio de Riesgos Laborales como “grave”. Afectaron a 393 hombres y 11 mujeres. Hubo dos siniestros mortales en el sector, en la extracción de metales y en la actividad catalogada en “otros”. Aunque estos accidentes, matizaron fuentes sindicales, pudieron producirse “in itínere” (en el recorrido de casa al puesto de empleo) o por causas naturales dentro de la explotación, y no a resultas del desempeño de labores en el puesto de trabajo.

El último fallecido en la minería de las Cuencas se registró en el año 2019. En lo que respecta a índice de incidencia (peligrosidad en las minas), se ha reducido en más del 12 por ciento en la última década, si bien la caída de actividad ha sido mucho más drástica.

Retrocediendo dos décadas en el tiempo, cuando el “turullu” sonaba fuerte, las cifras eran más negras. El informe del año 2000 se cerró con un total de 6.838 accidentes. Ocho mortales. Suponían casi el 30% del total de los siniestros laborales que se producían en Asturias. Entonces, la región estaba a la cola de España en prevención de riesgos laborales. Y a la cabeza en siniestralidad.

Es la única luz en el cierre de las explotaciones de las cuencas: la reducción drástica de las vidas cobradas por la mina. Asturias es, ahora, la octava comunidad autónoma con el índice de incidencia más bajo. Obtienen mejores resultados Aragón, la Comunidad Canaria, Cantabria y Castilla y León. También Cataluña, Comunidad Valenciana y Comunidad de Madrid. Este último dato corresponde al informe de 2019 (publicado el año pasado) por el Observatorio de Riesgos Laborales.

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