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La crisis del fútbol base: el equipo asturiano que busca "padrinos" porque no tiene dinero para balones

La entidad pide ayuda a sus simpatizantes para poder comprar los esféricos con los que entrenar y jugar los partidos

A la izquierda, Tino Suárez, del chigre tienda Terrona, primer donante de balones, con Guillermo Agustiño.

A la izquierda, Tino Suárez, del chigre tienda Terrona, primer donante de balones, con Guillermo Agustiño.

¿Se han imaginado alguna vez oír su nombre por la megafonía de un campo de fútbol? ¿Quizá aparecer en los carteles o en las hojas de alineaciones? Pues ahora lo tiene al alcance de la mano.

Y es que con la actual situación económica, derivada de la pandemia, las entidades deportivas no profesionales han de reinventarse para lograr salir a flote. Y el Santiago de Aller ya ha comenzado con su campaña de donantes de balones. La entidad presidida por Guillermo Agustiño ha lanzado una iniciativa para que empresas, socios, aficionados, simpatizantes o simplemente particulares puedan colaborar comprando los balones para los partidos que el club disputa en el Federico Mulas. En menos de una semana, ya han logrado adquirir 14 esféricos.

“Estamos todos los clubes en precario”, señala el presidente de la entidad, que atiende a LA NUEVA ESPAÑA mientras repasa la pintura de las líneas del campo para prepararlo para el partido ante el Santa Marina. Agustiño cuenta como se le ocurrió esta campaña: “Este año, con una liga tan rara, tan corta, con apenas 10 partidos, la verdad es que aunque lo necesitamos casi como el comer, no me salía ir a pedir patrocinadores puerta por puerta”, confiesa. Pero a la vez no le duele en prendas reconocer que la entidad necesita ingresos. “Hacía tiempo que nadie donaba balones, y los últimos que hemos ido comprado los he pagado yo de mi bolsillo”, narra este padre de gemelos y apasionado del balompié.

Por ello, puso la cabeza a funcionar, y como si de una campaña de donación de sangre se tratara, inició la suya propia, pero en este caso sin agujas ni pinchazos de por medio. “Lo que necesitamos es dinero para comprar balones. El material en el club hace falta, tiene la duración que tiene”, apostilla. Y es que según relata, una pelota puede durarles entre una y dos temporadas, en función de si se usa para entrenar o solo para jugar. Y siempre y cuando no se pierda, que también es habitual.

Lo cierto es que en apenas minutos después de que la campaña se colgase en redes sociales, el presidente ya había recibido llamadas de vecinos y empresarios de la zona interesados en participar. Precisamente tres negocios del comercio local fueron los primeros en aportar. También socios a nivel particular. En menos de una semana, ya han superado la docena de esféricos. “Tenemos en fútbol campo una plantilla de 24 chavales, y hay en torno a 35 o 40 balones para entrenar y jugar”, explica Agustiño. “Los más nuevos los dejamos para los partidos, y con los otros es con los que se entrena”.

En esta anómala temporada de fútbol, el Santiago de Aller cuenta con dos equipos: uno masculino en Segunda Regional, y otro femenino de fútbol sala. “Tenemos un convenio de filialidad con el Caborana, y no tenemos categorías de fútbol base, aunque hace años hubo juveniles”, apunta el presidente.

Han comenzado este curso con la campaña de donantes de balones, pero quizá no se detengan ahí. “Llevamos desde que se inicio el covid sin apenas ingresos, y este año salimos a competir por el interés de los chavales y porque ellos mismos dijeron que ayudaban con el pago de sus fichas”, apunta Guillermo Agustiño. Para el próximo curso, es posible que la situación sea similar. Por la cabeza del presidente, que dicho sea de paso, no para de funcionar, ya hay otra idea en el aire: “Apadrina un jugador”. “O nos reinventamos, o no hay por donde tirar”, dice sonriente. Mientras tanto, Agustiño seguirá pegado a la máquina para pintar las líneas del campo: “A ver si no llueve, que se me quita lo pintao”.

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